Una mujer fue la primera persona en conducir un auto en la historia

Bertha Benz se convirtió en la primera persona en conducir un vehículo a motor en la historia.

Inteligente, obstinada y decidida, Bertha Benz, la esposa del inventor del automóvil, Karl Benz, decidió en 1888 demostrar las virtudes de un medio de transporte que por ese entonces despertaba dudas acerca de su viabilidad comercial. Bertha realizó un viaje de 194 kilómetros, completando un trayecto de ida y vuelta entre las ciudades de Mannheim y Pforzheim, a bordo del Benz Motorwagen Patente 1, el primer vehículo con motor de la historia. Este recorrido marcó el inicio de una nueva era, ya que hasta ese momento sólo se habían realizado viajes cortos en auto.

 

TODA UNA AVENTURA

Bertha era una mujer atípica, muy alejada de los convencionalismos de su época. Estudió todo lo que se permitía estudiar a una mujer en aquellos tiempos y aprendió mecánica junto a su padre en el taller familiar. Con el dinero de su dote, y desoyendo los consejos de su familia, financió el proyecto de su esposo Carl y se convirtió en socia de su empresa con efectos no oficiales, ya que en esa época una mujer no tenía derecho a dirigir un negocio. Tras años de duro y arduo trabajo, en 1885 Carl terminó su primer vehículo: un carruaje a motor. Por fin, en noviembre de 1886 obtuvo la patente para su automóvil de tres ruedas con un motor de tracción trasera.

Con el dinero de su dote, y desoyendo los consejos de su familia, financió el proyecto de su esposo Carl y se convirtió en socia de su empresa.

A pesar del entusiasmo con el que los Benz iniciaron el proyecto y de que parecían tener el éxito asegurado, la cosa pareció entrar en un callejón sin salida. Nadie quería comprar aquel artefacto; curiosamente, en aquel entonces la gente no estaba interesada en un invento que años más tarde revolucionaría la sociedad. Carl empezó a desmoralizarse y sopesó la idea de abandonar la comercialización de su invento. Pero nuevamente surgió la figura de su socia y esposa, Bertha. Dispuesta a demostrar al mundo que el Benz-Patent Motorwagen iba a marcar el futuro del transporte, hizo algo que podía considerarse casi un delito para una mujer en 1888: tomar una decisión sin el permiso de su marido. Bertha, junto a sus dos hijos, emprendió un viaje conduciendo el prototipo. Antes de partir, dejó una nota a su marido en la que escuetamente le decía: «Vamos a Pforzheim a ver a la abuela». Aunque el objetivo de Bertha era demostrar al mundo la utilidad de aquel invento, sin proponérselo se convirtió en la primera mujer en conducir un automóvil.

 

CONTRATIEMPOS Y LLEGADA

Pero el viaje de Bertha no estuvo exento de dificultades. Durante el recorrido tuvo que hacer varias paradas tanto para repostar Ligroína, un derivado del petróleo que sólo se podía encontrar en las boticas, como para solicitar la ayuda de un herrero para reparar una cadena de transmisión rota. Además, ella misma hizo varios arreglos con los medios que tenía a su alcance: desatascó una válvula obstruida con un alfiler de su sombrero, cubrió un cable eléctrico pelado con una liga y arregló el sistema de ignición con una pinza del pelo. Bertha encontró una solución para cada una de las dificultades que le planteó el viaje, llegando incluso a tener que empujar el automóvil durante varios kilómetros cuando se quedó sin combustible.


Bertha encontró una solución para cada una de las dificultades que le planteó el viaje, incluso tuvo que empujar el automóvil varios kilómetros cuando se quedó sin combustible.
 

Tras doce horas de viaje, Bertha y sus dos hijos llegaron por fin a su destino, donde la prensa pronto se hizo eco de la hazaña dado el revuelo que causaba aquella máquina cuando atravesaba las poblaciones. La publicidad que necesitaban los Benz estaba garantizada. Asimismo, gracias a las diversas incidencias que surgieron durante el recorrido se pudieron hacer mejoras en el vehículo y se concibieron nuevos dispositivos que se convertirían, a la postre, en imprescindibles para los automóviles actuales. Uno de esos dispositivos fueron las pastillas de freno que Bertha inventó al añadir a los débiles frenos de madera unas suelas de sus zapatos.

 

DECISIÓN, ATREVIMIENTO Y OSADÍA

La vuelta tampoco estuvo exenta de inconvenientes. Con la experiencia de la ida, Bertha planificó perfectamente el regreso para que éste pasara por farmacias, fuentes y lugares donde poder reparar los componentes del coche en caso de que fallaran, como había sido, en la ida, una herrería. A su llegada a a Mannheim, la publicidad del invento se disparó de manera espectacular. La mayoría de la gente se asustaba al ver pasar aquel coche sin caballos que tirasen de él, pero gracias al boca a boca, la popularidad del invento y del inventor crecieron enormemente. El objetivo de Bertha estaba más que cumplido.

El  Benz-Patent Motorwagen utilizado por Berta Benz en el primer viaje en coche motorizado de la historia.

La mayoría de la gente se asustaba al ver pasar aquel coche sin caballos que tirasen de él.

 

Bertha Benz se convirtió, de esta manera, en la primera persona en realizar un viaje en coche. Hoy en día se puede seguir la ruta que siguió desde Mannheim hasta Pforzheim, y su regreso posterior. Esta ruta es conocida como la «Bertha Benz Memorial Route». Es un trayecto de 194 kilómetros, los mismos que recorrió en 1888 la intrépida Bertha. Durante la ida, es posible hacer una parada en la farmacia de Wiesloch, donde un monumento recuerda la hazaña. El regreso es mucho más corto, siguiendo el curso del Rin. La ruta atraviesa la Selva Negra, pero quizás el punto más importante para cualquier entusiasta del automovilismo es su paso por el circuito de Hockenheimring, donde en la actualidad se celebra Gran Premio de Alemania de Fórmula 1 y el de GP2.

El éxito del viaje de Bertha Benz no sólo impulsó la carrera de su marido, sino que también contribuyó a que otros inventores, como Daimler, siguieran investigando y desarrollando el prototipo. En pocos años, el invento se desarrolló de tal manera y se hizo tan popular que enseguida se disputaron carreras por todo el continente europeo y posteriormente por todo el mundo. Y todo gracias a la decisión y atrevimiento de una mujer: Bertha Benz.