Cuesta creer que en un espacio político tan controlado y estructurado como la Renovación pase algo de este nivel sin que haya, al menos, una lectura o una estrategia detrás. Justamente porque si algo caracterizó siempre a Carlos Rovira fue su capacidad para anticiparse a los conflictos, administrar el poder y reacomodar el tablero antes de perder el control. Por eso, más que ver esto como una simple “rebelión” de intendentes, esto parece un movimiento político mucho más profundo.
Durante años la Renovación funcionó con una lógica totalmente vertical. Las grandes decisiones nunca salieron realmente de los municipios ni de las bases, sino de una conducción muy reducida. Y sin embargo ahora aparecen casi 70 intendentes reclamando voz y voto, pidiendo participación en el armado electoral y marcando públicamente a Passalacqua como “máxima autoridad política”. Y ahí también aparece algo difícil de no notar: quieren mostrar fortaleza política en alguien que durante años fue visto como un dirigente totalmente subordinado al esquema de Rovira, sin autonomía real y siempre alineado a cada decisión de la mesa chica. Por eso resulta llamativo que ahora intenten instalarlo como una figura con poder propio dentro de un espacio donde históricamente nadie movió una pieza sin autorización previa.
Pero justamente ahí está lo más interesante: ¿es una ruptura real o una forma de reinventar el mismo esquema de poder? Porque después de más de dos décadas gobernando, el oficialismo también necesita adaptarse al desgaste, al cansancio social y a una sociedad que ya no consume tan fácilmente los liderazgos cerrados y eternos. Mostrar diferencias internas, debates o tensiones también puede servir para darle una imagen de pluralidad y renovación a un espacio que hace años concentra el poder.
Mientras tanto, cada uno ocupa un rol perfecto dentro de esa construcción: Rovira sigue representando el poder silencioso, el armador, el
que nunca deja de manejar los hilos; y Passalacqua aparece como el dirigente moderado, cercano, dialoguista y con buena imagen. Uno contiene la estructura y el otro contiene a la gente. Y políticamente eso es muy inteligente.
Y hay algo que también resulta difícil de creer en más de 20 años prácticamente nadie dentro de la Renovación desobedeció realmente a Rovira. Intendentes, diputados, funcionarios… todos terminaron alineándose tarde o temprano con la conducción. Por eso ahora querer instalar la idea de que de golpe decenas de intendentes se “plantaron” al mismo tiempo suena, como mínimo, llamativo. Hasta parece gracioso pensar que un esquema político tan disciplinado de repente se volvió rebelde de un día para el otro. En política las casualidades no abundan, y menos todavía en un espacio donde históricamente cada movimiento estuvo calculado al detalle.
Cuando un modelo político lleva tantos años en el poder aprende algo fundamental: para seguir sobreviviendo no siempre necesita cambiar el sistema, a veces le alcanza con cambiar la escenografía. Y quizás ahí esté la verdadera jugada. Hacer ruido de interna, mostrar diferencias, instalar debates y dar sensación de renovación… mientras parece que todo cambia, para que en el fondo no cambie absolutamente nada.
Paola Wajtowichz
