¿Te preguntás por qué de golpe reaparecen figuras que estaban guardadas en el placard de la política tradicional como Maurice Fabián Closs o Joaquín Losada, o por qué salieron todos en bloque a confrontar con tanta fuerza a Ramón Amarilla?
No hay que ser ingenuos. No es casualidad, es ingeniería electoral pura… propia del «Ingeniero» Carlos Rovira.
El gran ajedrecista del oficialismo provincial sabe perfectamente que los números fríos que dejó el 2025 abrieron un escenario inédito y peligroso para la «Rosadita»: la Renovación ganó con lo justo logrando un 28,6%, mientras que Diego Hartfield (La Libertad Avanza) se consolidó como la segunda fuerza real e indiscutida con un 21,9%.
En el laboratorio renovador la cuenta es simple: si el voto opositor se unifica detrás de una sola figura de recambio, la hegemonía se termina. Por eso, la orden del día es activar la especialidad de la casa: dividir para reinar, ahí es donde entra en escena la llamativa centralidad que le están dando a Ramón Amarilla. Al salir a pegarle en sintonía,
Al que «salió tercero con el 19,1% y solo ganó en Posadas», abre inevitablemente una gran duda: ¿le están pegando de verdad o Amarilla se está dejando pegar?
Entre tanta sobreactuación mediática, es imposible no deslizar la sospecha de un acuerdo bajo la mesa. Al oficialismo le es útil inflarlo, levantarle el perfil y mantenerlo como el «rival elegido» para polarizar, logrando un doble efecto: entretienen al electorado urbano de Posadas y evitan a toda costa que esos casi 20 puntos se vuelquen en masa hacia el «voto útil» que representa Hartfield.
El blanco aparente es Amarilla, pero el objetivo real es Hartfield. Necesitan mantener la tercera fuerza lo suficientemente viva para contener el descontento, pero controlada para que no amenace.
A esto se le suma la reaparición de segundas líneas y de pesos pesados como Closs, una clásica cortina de humo para desviar el eje de la discusión pública. Quieren que la gente gaste energía debatiendo sobre internas, estructuras tradicionales y peleas del pasado, en lugar de mirar hacia el futuro o discutir el modelo de provincia.
Al final del día, es pura matemática del poder. Con un electorado misionero donde casi el 70% votó por un cambio en 2025, la única forma que tiene la Renovación de retener el poder es atomizando la oferta. Si la oposición muerde el anzuelo y se fragmenta en tres o cuatro pedazos desiguales (Hartfield por un lado, Amarilla por el otro, y el radicalismo o peronismo residual por allá), al oficialismo le alcanza y le sobra con su piso histórico del 30% para quedarse con todo. Al Ingeniero no le hace falta sumar votos propios; le basta con que la oposición juegue el rol que él les diseñó en su manual.
Gaston Arotcharen
