Se encadenó frente al tribunal reclamando libertad condicional para su pareja

Daniela González se encadenó y comenzó este viernes una huelga de hambre frente al Tribunal Penal 2 de Posadas, reclamando que le concedan la libertad condicional a su pareja David Noguera, quien fue condenado por homicidio simple en 2019, y está preso en la Unidad Penal 2 de Oberá. El recluso también comenzó una huelga de hambre desde ayer jueves. 

La causa se encuentra en Posadas dado que el hecho ocurrió en mayo de 2016, en el barrio El Porvenir de esa ciudad. Quedó privado de su libertad desde ese momento.  

Según pudo averiguar este medio con un profesional del derecho, el recluso cumplió los beneficios recién el miércoles. El fiscal emitió dictamen favorable, pero resta que su defensora responda y luego el proceso establece 60 días hábiles hasta el juicio oral. Además primero le tienen que conceder las salidas transitorias, después recién la condicional si cumple las transitorias. La huelga de hambre podría complicar su situación dado que califica como rebeldía.  

No obstante, la mujer inició una huelga de hambre a secas, sin tomar agua ni comer “hasta que lo larguen porque el miércoles le tenían que otorgar la condicional, cumplió con todos los requisitos y ni siquiera le informaron”, indicó. 

“Mi marido está en huelga de hambre, él no va a levantar la huelga aunque se tenga que morir. El juez me dijo que yo me puedo morir si quiero de hambre encadenada, pero si él dice que no es no, él hace lo que quiere”, afirmó. Aseguró que son varios los presos que están en la misma situación. 

González indicó que su pareja ya podía recibir transitoria en marzo del año pasado, pero no le concedieron por la pandemia. “Tiene buena conducta, se ganó todos los beneficios, periodo de prueba para salir a trabajar, todo lo que exige la ley, pero el juez de Posadas no le otorga de ninguna manera”, dijo señalando que unos 150 reclusos están en la misma situación. González aseguró que en otros penales se están otorgando las condicionales, “estamos en Misiones, es la misma ley, ¿por qué no largan?”, se preguntó.

“Yo ya no aguanto más esto, gasto 40 mil en él ahí encerrado, tengo que pagar alquiler, tengo que vivir, tengo que trabajar, soy vendedora ambulante, y me estoy volviendo loca, no aguanto más esta situación, necesito que él salga y me ayude, necesito que trabaje, necesito hacer mi vida normalmente otra vez y no se puede así”, contó. 

En julio pasado, familiares de internos alojados en la Unidad Penal II de Oberá se manifestaron con pancartas frente al Tribunal Penal Uno de Oberá reclamando mejores condiciones sanitarias y alimentarias, además de que se agilicen los trámites de las causas en revisión y salidas condicionales frenadas por la pandemia.


El caso

 

A las 5.30 de la madrugada del 22 de mayo de 2016, sonó el teléfono en la comisaría Quinta de Posadas. Un vecino avisaba de que en una calle del barrio El Porvenir II estaba tirado un hombre. En el lugar, la sangre ya se había mezclado con el barro. La víctima era Luis Aníbal Saucedo (42). Por el hecho fue detenido un joven de 18 años como el presunto responsable.

 

Preso desde aquel entonces, el imputado ya tenía fecha para sentarse en el banquillo del Tribunal Penal 2, pero decidió evitar esta instancia al reconocer que fue el autor del asesinato. A través de un acuerdo entre su defensor y la fiscalía, presentó un pedido de juicio abreviado que quedó a consideración de los magistrados.

Según había declarado el imputado en indagatoria, aproximadamente a las 22 de aquel día se dirigía hacia la casa de su hermana ubicada en inmediaciones del barrio El Porvenir II.

En el camino se encontró con una persona a la que conocía por el nombre de Aníbal, pero que no sabía su apellido. Dijo que éste lo saludó y que apenas podía mantenerse en pie. Seguidamente le dijo que se dirigía hacia el barrio Los Paraísos, por lo que el acusado decidió acompañarlo para que no le pasara nada.

Según sus palabras, a medio camino, Aníbal le dijo para tomar un vino, a lo que él accedió. Después de haber estado bebiendo un rato, Aníbal le empezó “a hablar raro”, como enojado, diciéndole “acá tengo una 38”, levantándose la remera y señalándose la cintura. Siempre según el relato del sospechoso, en ese movimiento alcanzó a ver que asomaba el cabo de un cuchillo.

Noguera le dijo “vos estás loco, tranquilizate”, a lo que el otro le respondió “¿qué es lo que vos querés, querés esto? y le apoyó la punta del cuchillo en el estómago mientras amagaba sacar algo de la cintura.

 

Ante esta acción, el luego condenado agarró el cuchillo con la mano, cortándose los dedos en el intento de que no lo apuñalara. Luego, Saucedo le tiró cuatro puntazos abalanzándose sobre él. En un reflejo instintivo, el joven alcanzó a agarrarlo de la mano y, tras forcejear, terminó él con el arma blanca en su poder.

Noguera dijo que se fue para atrás y trastabilló, cayéndose de espaldas en el barro. Luego, Aníbal se le tiró encima. Le dijo a la Justicia que “no tuvo intención de lastimarlo”, pero terminó hincándole el cuchillo en el cuello. Como temía que sacara un arma, dijo en su declaración que se levantó de la escena y corrió hacia la casa de su hermana por temor a que le disparara.

 

ESCENA. El cuerpo de Saucedo quedó tirado en el barro, con una estocada de arma blanca que le perforó el cuello.

Al otro día del hecho, dijo también que seguía muy asustado porque nunca le había pasado algo así. Además se enteró de que la Brigada de Investigaciones lo estaba buscando. Le comentó a su hermana que no pensó que iba ser algo tan grave la herida que podía haber tenido el hombre.

Cuando salió hacia afuera, lo interceptaron los policías, quienes le preguntaron si él era Ezequiel Noguera, por lo que decidió entregarse. En todo momento expresó que lo que hizo fue en defensa propia.

Posteriormente, los testigos del caso lo ubicaron a la misma hora y en el lugar de los hechos, además de contar uno de ellos que se había presentado en su casa con el corte en uno de sus dedos, tal como relató el acusado en su indagatoria.

En la etapa de ponderación y análisis de las pruebas del caso, sumado a que el mismo acusado se declaró responsable del crimen, el juez César Antonio Yaya expresó que, habiendo consensuado las partes un juicio abreviado, era justa y adecuada la imposición de una pena de ocho años por el delito de “homicidio simple”, tal como lo estipula el artículo 79 del Código Penal Argentino.

Seguidamente, los magistrados Augusto Gregorio Busse y Ángel De Jesús Cardozo, al compartir sus fundamentos, adhirieron al voto emitido por Yaya.

De esa manera, por unanimidad, el Tribunal resolvió condenar a David a la pena de ocho años de prisión más costas, por el homicidio. Ya cumplió las dos cuartas partes de la condena.