Acompañame a recordar esta triste historia de la Pista de Closs

El paraje Paraíso se convirtió en el escenario de una obra tan pomposa como inconclusa. Corría diciembre de 2014 cuando el entonces gobernador de Misiones, Maurice Closs, desembarcó junto al ministro de Turismo de la Nación, Enrique Meyer, para cortar las cintas de una aeropista de 1.200 metros de tierra compactada en El Soberbio. La promesa era ambiciosa: un portal aéreo directo para potenciar el turismo hacia los Saltos del Moconá.
​Sin embargo, detrás del festejo oficial y las cámaras, la realidad era muy distinta. Para levantar la pista, unas 30 familias agricultoras que habitaban históricamente esas tierras fueron expropiadas y relocalizadas en un barrio improvisado que, durante más de un año y medio, ni siquiera contó con acceso a agua potable por red.
​El escándalo estalló cuando investigaciones periodísticas revelaron que la pista inaugurada con «toda la pompa» no existía legalmente.

La Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) no tenía constancia de su construcción.
La obra, que para 2016 sumaba más de 27,8 millones de pesos entre nivelación de terreno e infraestructura eléctrica —el equivalente a más de 3 millones de dólares de la época—, operaba en la absoluta clandestinidad regulatoria.
​Tras las denuncias y la repercusión mediática nacional, en agosto de 2016 la ANAC finalmente registró el predio bajo la figura de Lugar Apto Denunciado Nº 2883 («Altos del Moconá»). Esta categoría mínima establecía que la pista no podía recibir vuelos comerciales ni operar de noche, dejando la seguridad bajo estricta responsabilidad de los pilotos y requiriendo autorización previa de la provincia para cualquier aterrizaje privado.
​Durante años, el espacio quedó en un limbo operacional y expuesto al abandono, transformándose en un símbolo del despilfarro de fondos públicos.

Gaston Arotcharen