Por el diputado Diego Hartfield
Me acuerdo de hace algunos años, me despertaba y lo primero que hacía era ver el precio de la lira turca para intentar anticipar si el dólar iba a explotar acá. Esa era la normalidad argentina. Un país sumamente frágil donde cualquier soplido nos causaba un huracán. Hoy, en pleno shock de tasas con la tasa estadounidense a 10 años tocando el 5% anual y el costo de la energía subiendo por la guerra de Ormuz, Argentina acompaña los precios pero no recibe una golpiza desestabilizadora.
El contrafáctico es lo más difícil de ver porque nunca ocurrió. La luz aumenta, sí, pero porque antes la casi regalaban sin respaldo económico, financiada con emisión que generaba inflación y más pobreza. Si seguíamos importando energía con los precios internacionales de hoy, estaríamos pagando esa factura con devaluación, más pobres y sin imaginar los enormes cortes de luz por falta de inversión. La batalla cultural consiste justamente en tratar de mostrar lo que hubiera pasado. En los países desarrollados funciona así, puede haber subsidios puntuales,que hoy también los hay, pero se paga lo que cuesta, el crédito existe y los contratos se respetan. Hay que juzgar el desajuste y no el hecho de volver a la normalidad.
La estabilidad macroeconómica es la condición previa para todo lo demás, no el destino. Argentina llegó 45 años atrasada en competitividad respecto a países como Australia o Chile. Hay que construir encima y rápido. El caso de Israel lo muestra bien. En 1985 tenían una inflación del 450%, aplicaron un plan de estabilización que al principio tampoco fue fácil, y después de décadas de inversión en educación y tecnología hoy exportan más de 20.000 millones de dólares en tecnología. Ese camino existe y ya fue probado.
Hoy estamos ante este desafío político. Cada vez que existe la amenaza electoral de volver al mismo péndulo de siempre, la inversión se retrae porque hay mucha gente deseosa de volver a aquel populismo que beneficia a unos pocos y genera una pobreza estructural que lleva tiempo revertir. Caputo lo dijo claro en IDEA y tiene razón, la reforma impositiva viene después del 27 con más apoyo político. El objetivo es seguir bajando impuestos, liberar al sector privado y consolidar lo que se construyó. Para eso la sociedad tiene que entender que votar estabilidad es votar inversión, crecimiento y futuro. Y que el péndulo que nos llevó décadas de decadencia no puede volver a girar.
