EL APAGÓN INFORMATIVO QUE SUFRE MISIONES

“Si la realidad no coincide con mis palabras, peor para la realidad”, ironizaba hace siglos el filósofo John Locke. Superando la ya clásica manipulación obvia de los hechos, los medios provinciales más tradicionales “informaron” que el autodenominado misionerismo y su precandidato Carlos Fernández, que perdieron en las PASO, “ganaron”. La línea editorial que impone Carlos Rovira, el editor responsable, es clara: prohibido juntar las palabras “derrota” y “renovación” en una misma línea.
Todos los medios de comunicación tienen líneas editoriales. Pero, más o menos, el común denominador del trabajo de los periodistas es contar lo que pasa. Los mass-media locales hicieron un trueque: no incomodar al poder a cambio de una pauta oficial que les permita sobrevivir en tiempos de redes sociales y whatsApp. ¿Correcta medida financiera? Puede ser. Pero ¿y la credibilidad? ¿Son incapaces de encontrar una forma de vida que no sea arrastrarse ante el amo del feudo?
Entre los muchos problemas que le genera a Misiones que haya tanto poder concentrado en una sola persona, tener que esperar que la televisión nacional te diga lo que ocurre en la esquina de tu casa, cuando vivís a mil kilómetros, es tristísimo. Un signo inequívoco de una decadencia lamentable.
Los periodistas independientes de los oficialismos, sea el provincial o los comunales, son cada vez menos. Y abundan los que, cuando se trata de contar lo que pasó y lo que pasó no le gusta a Rovira, no saben qué decir, no saben qué hacer, y ni siquiera saben disimular.
No es que esté mal. Es peor.
Es patético.

Por Walter Anestiades