Por Walter Bravo
𝑬𝒍 𝒑𝒂𝒔𝒐 𝒔𝒐𝒃𝒓𝒆 𝒆𝒍 𝒂𝒓𝒓𝒐𝒚𝒐 𝑪𝒉𝒂𝒇𝒂𝒓𝒊𝒛, 𝒆𝒏 𝑺𝒂𝒏 𝑽𝒊𝒄𝒆𝒏𝒕𝒆, 𝒇𝒖𝒆 𝒑𝒓𝒆𝒔𝒆𝒏𝒕𝒂𝒅𝒐 𝒄𝒐𝒎𝒐 𝒖𝒏𝒂 𝒔𝒐𝒍𝒖𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒍𝒐𝒔 𝒉𝒊𝒔𝒕𝒐́𝒓𝒊𝒄𝒐𝒔 𝒑𝒓𝒐𝒃𝒍𝒆𝒎𝒂𝒔 𝒅𝒆 𝒄𝒐𝒏𝒆𝒄𝒕𝒊𝒗𝒊𝒅𝒂𝒅 𝒅𝒆 𝒍𝒐𝒔 𝒗𝒆𝒄𝒊𝒏𝒐𝒔 𝒓𝒖𝒓𝒂𝒍𝒆𝒔. 𝑨𝒉𝒐𝒓𝒂, 𝒕𝒓𝒂𝒔 𝒍𝒂𝒔 𝒊𝒎𝒂́𝒈𝒆𝒏𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒎𝒖𝒆𝒔𝒕𝒓𝒂𝒏 𝒍𝒐𝒔 𝒅𝒂𝒏̃𝒐𝒔 𝒑𝒓𝒐𝒗𝒐𝒄𝒂𝒅𝒐𝒔 𝒑𝒐𝒓 𝒍𝒂 𝒄𝒓𝒆𝒄𝒊𝒅𝒂, 𝒍𝒂 𝒐𝒃𝒓𝒂 𝒒𝒖𝒆𝒅𝒂 𝒃𝒂𝒋𝒐 𝒍𝒂 𝒍𝒖𝒑𝒂. ¿𝑭𝒂𝒍𝒍𝒐́ 𝒍𝒂 𝒊𝒏𝒇𝒓𝒂𝒆𝒔𝒕𝒓𝒖𝒄𝒕𝒖𝒓𝒂, 𝒇𝒂𝒍𝒍𝒐́ 𝒍𝒂 𝒑𝒍𝒂𝒏𝒊𝒇𝒊𝒄𝒂𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒐 𝒇𝒂𝒍𝒍𝒂𝒓𝒐𝒏 𝒍𝒐𝒔 𝒄𝒐𝒏𝒕𝒓𝒐𝒍𝒆𝒔? 𝑬𝒍 𝑮𝒐𝒃𝒊𝒆𝒓𝒏𝒐 𝒅𝒆 𝑴𝒊𝒔𝒊𝒐𝒏𝒆𝒔 𝒅𝒆𝒃𝒆 𝒆𝒙𝒑𝒍𝒊𝒄𝒂𝒓 𝒒𝒖𝒆́ 𝒑𝒂𝒔𝒐́, 𝒄𝒖𝒂́𝒏𝒕𝒐 𝒅𝒊𝒏𝒆𝒓𝒐 𝒑𝒖́𝒃𝒍𝒊𝒄𝒐 𝒔𝒆 𝒊𝒏𝒗𝒊𝒓𝒕𝒊𝒐́ 𝒚 𝒒𝒖𝒊𝒆́𝒏 𝒔𝒆 𝒉𝒂𝒓𝒂́ 𝒓𝒆𝒔𝒑𝒐𝒏𝒔𝒂𝒃𝒍𝒆.
En Misiones, la política parece tener una vieja costumbre: abundan los anuncios, sobran las fotografías oficiales y se multiplican los discursos sobre el progreso. El problema aparece cuando la realidad se impone y las obras que fueron presentadas como grandes soluciones no responden como la población esperaba.
El agua no vota, no milita y no aplaude inauguraciones. Tampoco entiende de discursos oficiales ni de funcionarios posando frente a una obra recién terminada. El agua simplemente avanza. Y cuando una estructura termina dañada o es arrastrada por una crecida, deja al descubierto una pregunta que ningún acto protocolar puede responder: ¿se construyó una solución para los vecinos o se montó otra escenografía para la propaganda política?
El paso sobre el arroyo Chafariz, en San Vicente, fue presentado en junio como una respuesta a los históricos problemas de conectividad de las familias rurales. El gobernador Hugo Passalacqua destacó la importancia de la infraestructura, mientras que la obra estuvo a cargo de la Municipalidad de San Vicente, con intervención de la Dirección Provincial de Vialidad.
El mensaje era contundent más conectividad, más seguridad, mejores condiciones para la producción y una respuesta a una demanda histórica. Pero ahora, frente a las imágenes de los daños atribuidos a la crecida, la postal del anuncio queda enfrentada con una realidad incómoda. Si el paso quedó destruido o inutilizado, la pregunta es inevitable: ¿qué clase de solución definitiva se le ofreció a la gente si el arroyo volvió a imponerse?. Porque una obra pública no se mide por la solemnidad del discurso con el que se anuncia, sino por su capacidad de cumplir la función para la que fue financiada.
𝗣𝗔𝗦𝗦𝗔𝗟𝗔𝗖𝗤𝗨𝗔: 𝗠𝗘𝗡𝗢𝗦 𝗙𝗢𝗧𝗢𝗦 𝗬 𝗠𝗔́𝗦 𝗘𝗫𝗣𝗟𝗜𝗖𝗔𝗖𝗜𝗢𝗡𝗘𝗦
𝐺𝑜𝑏𝑒𝑟𝑛𝑎𝑟 𝑛𝑜 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑖𝑠𝑡𝑒 𝑒𝑛 𝑟𝑒𝑐𝑜𝑟𝑟𝑒𝑟 𝑜𝑏𝑟𝑎𝑠, 𝑝𝑜𝑠𝑎𝑟 𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑐𝑎́𝑚𝑎𝑟𝑎𝑠 𝑦 𝑝𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑡𝑎𝑟 𝑐𝑎𝑑𝑎 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑟𝑣𝑒𝑛𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑢𝑛𝑎 𝑐𝑜𝑛𝑞𝑢𝑖𝑠𝑡𝑎 ℎ𝑖𝑠𝑡𝑜́𝑟𝑖𝑐𝑎. 𝐺𝑜𝑏𝑒𝑟𝑛𝑎𝑟 𝑡𝑎𝑚𝑏𝑖𝑒́𝑛 𝑠𝑖𝑔𝑛𝑖𝑓𝑖𝑐𝑎 ℎ𝑎𝑐𝑒𝑟𝑠𝑒 𝑐𝑎𝑟𝑔𝑜 𝑐𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑙𝑜𝑠 𝑟𝑒𝑠𝑢𝑙𝑡𝑎𝑑𝑜𝑠 𝑛𝑜 𝑐𝑜𝑖𝑛𝑐𝑖𝑑𝑒𝑛 𝑐𝑜𝑛 𝑙𝑎𝑠 𝑝𝑟𝑜𝑚𝑒𝑠𝑎𝑠.
Y acá hay cuestiones que el gobernador Hugo Passalacqua no puede esquivar políticamente: ¿qué se construyó exactamente?, ¿qué estudios respaldaron el proyecto?, ¿qué controles se realizaron y qué previsiones se tomaron frente a las crecidas. Se trata de responsabilizar personalmente al gobernador por una falla que todavía debe esclarecerse técnicamente. Se trata de exigirle explicaciones políticas sobre una obra que su propia gestión presentó públicamente como una mejora para la comunidad.
Lo inadmisible sería que, después de la foto de inauguración, los vecinos queden solos frente a las consecuencias y los funcionarios desaparezcan detrás del silencio administrativo.
𝗘𝗡 𝗠𝗜𝗦𝗜𝗢𝗡𝗘𝗦 𝗟𝗟𝗨𝗘𝗩𝗘: ¿𝗧𝗔𝗠𝗣𝗢𝗖𝗢 𝗟𝗢 𝗦𝗔𝗕𝗜́𝗔𝗡 𝗤𝗨𝗜𝗘𝗡𝗘𝗦 𝗣𝗟𝗔𝗡𝗜𝗙𝗜𝗖𝗔𝗥𝗢𝗡 𝗟𝗔 𝗢𝗕𝗥𝗔?
𝐸𝑠𝑡𝑒 𝑒𝑠 𝑢𝑛𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑢𝑛𝑡𝑜𝑠 𝑚𝑎́𝑠 𝑑𝑖𝑓𝑖́𝑐𝑖𝑙𝑒𝑠 𝑑𝑒 𝑗𝑢𝑠𝑡𝑖𝑓𝑖𝑐𝑎𝑟.
Misiones no es una provincia ajena a las lluvias intensas, los arroyos caudalosos ni las crecidas repentinas. Esas condiciones forman parte de su realidad geográfica y climática. Por eso, la evaluación de una infraestructura de este tipo debe contemplar los riesgos hidrológicos correspondientes.
𝗟𝗢𝗦 𝗩𝗘𝗖𝗜𝗡𝗢𝗦 𝗡𝗢 𝗣𝗨𝗘𝗗𝗘𝗡 𝗦𝗘𝗚𝗨𝗜𝗥 𝗣𝗔𝗚𝗔𝗡𝗗𝗢 𝗟𝗔 𝗜𝗡𝗖𝗢𝗠𝗣𝗘𝗧𝗘𝗡𝗖𝗜𝗔 𝗔𝗝𝗘𝗡𝗔
𝑀𝑖𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑙𝑜𝑠 𝑓𝑢𝑛𝑐𝑖𝑜𝑛𝑎𝑟𝑖𝑜𝑠 𝑑𝑖𝑠𝑐𝑢𝑡𝑒𝑛 𝑖𝑛𝑓𝑜𝑟𝑚𝑒𝑠, 𝑙𝑜𝑠 𝑣𝑒𝑐𝑖𝑛𝑜𝑠 𝑡𝑖𝑒𝑛𝑒𝑛 𝑞𝑢𝑒 𝑟𝑒𝑠𝑜𝑙𝑣𝑒𝑟 𝑝𝑟𝑜𝑏𝑙𝑒𝑚𝑎𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑐𝑟𝑒𝑡𝑜𝑠.
Las familias rurales necesitan llegar a sus trabajos, los estudiantes necesitan asistir a la escuela, los productores necesitan sacar su mercadería y quienes requieren atención médica no pueden quedar dependiendo de las condiciones de un arroyo. Si el paso quedó inutilizado, la prioridad debe ser garantizar la seguridad, informar sobre las alternativas de circulación y brindar una respuesta inmediata a quienes hayan quedado afectados. Pero no alcanza con improvisar una reparación y esperar que el próximo temporal no vuelva a poner todo en evidencia.
𝗘𝗟 𝗩𝗘𝗥𝗗𝗔𝗗𝗘𝗥𝗢 𝗣𝗔𝗣𝗘𝗟𝗢́𝗡 𝗡𝗢 𝗘𝗦 𝗤𝗨𝗘 𝗟𝗟𝗨𝗘𝗩𝗔: 𝗘𝗦 𝗡𝗢 𝗣𝗢𝗗𝗘𝗥 𝗘𝗫𝗣𝗟𝗜𝗖𝗔𝗥 𝗤𝗨𝗘́ 𝗣𝗔𝗦𝗢́
𝑁𝑎𝑑𝑖𝑒 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑒𝑥𝑖𝑔𝑖𝑟 𝑞𝑢𝑒 𝑢𝑛𝑎 𝑜𝑏𝑟𝑎 𝑠𝑒𝑎 𝑖𝑛𝑑𝑒𝑠𝑡𝑟𝑢𝑐𝑡𝑖𝑏𝑙𝑒 𝑓𝑟𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑎 𝑐𝑢𝑎𝑙𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟 𝑓𝑒𝑛𝑜́𝑚𝑒𝑛𝑜 𝑛𝑎𝑡𝑢𝑟𝑎𝑙. 𝐿𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑖́ 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑒𝑥𝑖𝑔𝑖𝑟𝑠𝑒 𝑒𝑠 𝑝𝑙𝑎𝑛𝑖𝑓𝑖𝑐𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑠𝑒𝑟𝑖𝑎, 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙𝑒𝑠 𝑎𝑑𝑒𝑐𝑢𝑎𝑑𝑜𝑠, 𝑡𝑟𝑎𝑛𝑠𝑝𝑎𝑟𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑝𝑟𝑒𝑠𝑢𝑝𝑢𝑒𝑠𝑡𝑎𝑟𝑖𝑎 𝑦 𝑐𝑎𝑝𝑎𝑐𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑟𝑒𝑠𝑝𝑢𝑒𝑠𝑡𝑎.
Por eso, el problema no se resuelve con una discusión superficial sobre si llovió mucho o poco. La cuestión central es si la obra fue diseñada y ejecutada de acuerdo con las condiciones técnicas que debía afrontar, y si los organismos responsables verificaron adecuadamente su funcionamiento.
La ciudadanía está cansada de que se vendan anuncios, puentes mamarachos como transformaciones históricas mientras los resultados concretos quedan sujetos a interrogantes que nadie responde. Passalacqua y las autoridades competentes tienen la oportunidad -𝐲 𝐥𝐚 𝐨𝐛𝐥𝐢𝐠𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐢𝐧𝐬𝐭𝐢𝐭𝐮𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥- de demostrar que detrás de la obra hubo algo más que una presentación pública.
El agua puede llevarse tierra, piedras y estructuras. Lo que no puede llevarse es la obligación del Estado de explicar cómo se utilizaron los recursos públicos.Porque inaugurar una obra es fácil cuando hay cámaras. Lo difícil es garantizar que funcione cuando los vecinos más la necesitan.
El agua ya hizo su parte. Ahora le toca al Estado, explicar los resultados y asumir las responsabilidades que correspondan.
Porque una obra pública no debería ser recordada por la foto de su inauguración, sino por los años en que cumple su función.
𝙔 𝙘𝙪𝙖𝙣𝙙𝙤 𝙚𝙨𝙖 𝙥𝙧𝙤𝙢𝙚𝙨𝙖 𝙦𝙪𝙚𝙙𝙖 𝙗𝙖𝙟𝙤 𝙚𝙡 𝙖𝙜𝙪𝙖, 𝙚𝙡 𝙨𝙞𝙡𝙚𝙣𝙘𝙞𝙤 𝙤𝙛𝙞𝙘𝙞𝙖𝙡 𝙨𝙚 𝙘𝙤𝙣𝙫𝙞𝙚𝙧𝙩𝙚 𝙚𝙣 𝙤𝙩𝙧𝙤 𝙥𝙧𝙤𝙗𝙡𝙚𝙢𝙖 𝙦𝙪𝙚 𝙡𝙖 𝙨𝙤𝙘𝙞𝙚𝙙𝙖𝙙 𝙩𝙞𝙚𝙣𝙚 𝙙𝙚𝙧𝙚𝙘𝙝𝙤 𝙖 𝙘𝙪𝙚𝙨𝙩𝙞𝙤𝙣𝙖𝙧..
