Por Paola Wojtowichz
El paso sobre el arroyo Chafariz, en San Vicente, fue presentado como una solución para los históricos problemas de conectividad de los vecinos rurales. Ahora, tras las imágenes que muestran los daños provocados por la crecida, la obra queda bajo la lupa. ¿Falló la infraestructura, falló la planificación o fallaron los controles? El Gobierno de Misiones debe explicar qué pasó, cuánto dinero público se invirtió y quién se hará responsable.
En Misiones, la política parece tener una vieja costumbre: abundan los anuncios, sobran las fotografías oficiales y se multiplican los discursos sobre el progreso. El problema aparece cuando la realidad se impone y las obras que fueron presentadas como grandes soluciones no responden como la población esperaba.
El agua no vota, no milita y no aplaude inauguraciones. Tampoco entiende de discursos oficiales ni de funcionarios posando frente a una obra recién terminada. El agua simplemente avanza. Y cuando una estructura termina dañada o es arrastrada por una crecida, deja al descubierto una pregunta que ningún acto protocolar puede responder: ¿se construyó una solución para los vecinos o se montó otra escenografía para la propaganda política?
El paso sobre el arroyo Chafariz, en San Vicente, fue presentado en junio como una respuesta a los históricos problemas de conectividad de las familias rurales. El gobernador Hugo Passalacqua destacó la importancia de la infraestructura, mientras que la obra estuvo a cargo de la Municipalidad de San Vicente, con intervención de la Dirección Provincial de Vialidad.
El mensaje era contundent más conectividad, más seguridad, mejores condiciones para la producción y una respuesta a una demanda histórica.
Pero ahora, frente a las imágenes de los daños atribuidos a la crecida, la postal del anuncio queda enfrentada con una realidad incómoda. Si el paso quedó destruido o inutilizado, la pregunta es inevitable: ¿qué clase de solución definitiva se le ofreció a la gente si el arroyo volvió a imponerse?
Porque una obra pública no se mide por la solemnidad del discurso con el que se anuncia, sino por su capacidad de cumplir la función para la que fue financiada.
PASSALACQUA: MENOS FOTOS Y MÁS EXPLICACIONES
Gobernar no consiste en recorrer obras, posar ante las cámaras y presentar cada intervención como una conquista histórica. Gobernar también significa hacerse cargo cuando los resultados no coinciden con las promesas.
Y acá hay cuestiones que el gobernador Hugo Passalacqua no puede esquivar políticamente: ¿qué se construyó exactamente?, ¿qué estudios respaldaron el proyecto?, ¿qué controles se realizaron y qué previsiones se tomaron frente a las crecidas. Se trata de responsabilizar personalmente al gobernador por una falla que todavía debe esclarecerse técnicamente. Se trata de exigirle explicaciones políticas sobre una obra que su propia gestión presentó públicamente como una mejora para la comunidad.
Lo inadmisible sería que, después de la foto de inauguración, los vecinos queden solos frente a las consecuencias y los funcionarios desaparezcan detrás del silencio administrativo.
EN MISIONES LLUEVE: ¿TAMPOCO LO SABÍAN QUIENES PLANIFICARON LA OBRA?
Este es uno de los puntos más difíciles de justificar.
Misiones no es una provincia ajena a las lluvias intensas, los arroyos caudalosos ni las crecidas repentinas. Esas condiciones forman parte de su realidad geográfica y climática. Por eso, la evaluación de una infraestructura de este tipo debe contemplar los riesgos hidrológicos correspondientes.
LOS VECINOS NO PUEDEN SEGUIR PAGANDO LA INCOMPETENCIA AJENA
Mientras los funcionarios discuten informes, los vecinos tienen que resolver problemas concretos. Las familias rurales necesitan llegar a sus trabajos, los estudiantes necesitan asistir a la escuela, los productores necesitan sacar su mercadería y quienes requieren atención médica no pueden quedar dependiendo de las condiciones de un arroyo.
Si el paso quedó inutilizado, la prioridad debe ser garantizar la seguridad, informar sobre las alternativas de circulación y brindar una respuesta inmediata a quienes hayan quedado afectados.
Pero no alcanza con improvisar una reparación y esperar que el próximo temporal no vuelva a poner todo en evidencia.
EL VERDADERO PAPELÓN NO ES QUE LLUEVA: ES NO PODER EXPLICAR QUÉ PASÓ
Nadie puede exigir que una obra sea indestructible frente a cualquier fenómeno natural. Lo que sí puede exigirse es planificación seria, controles adecuados, transparencia presupuestaria y capacidad de respuesta.
Por eso, el problema no se resuelve con una discusión superficial sobre si llovió mucho o poco. La cuestión central es si la obra fue diseñada y ejecutada de acuerdo con las condiciones técnicas que debía afrontar, y si los organismos responsables verificaron adecuadamente su funcionamiento.
La ciudadanía está cansada de que se vendan anuncios, puentes mamarachos como transformaciones históricas mientras los resultados concretos quedan sujetos a interrogantes que nadie responde.
Passalacqua y las autoridades competentes tienen la oportunidad —y la obligación institucional— de demostrar que detrás de la obra hubo algo más que una presentación pública.
El agua puede llevarse tierra, piedras y estructuras. Lo que no puede llevarse es la obligación del Estado de explicar cómo se utilizaron los recursos públicos.Porque inaugurar una obra es fácil cuando hay cámaras. Lo difícil es garantizar que funcione cuando los vecinos más la necesitan.
El agua ya hizo su parte. Ahora le toca al Estado, explicar los resultados y asumir las responsabilidades que correspondan.
Porque una obra pública no debería ser recordada por la foto de su inauguración, sino por los años en que cumple su función.
Y cuando esa promesa queda bajo el agua, el silencio oficial se convierte en otro problema que la sociedad tiene derecho a cuestionar..
