Una postal del abandono: cuando la vejez no es política de Estado

En Apóstoles, esta semana, se inauguró con bombos y platillos un Campus Universitario. Presidieron el acto el exgobernador Oscar Herrera Ahuad y la intendente María Eugenia Safrán, acompañados por autoridades de universidades públicas y privadas. En cualquier otro contexto, sería una gran noticia. Pero detrás de la foto protocolar y los discursos de ocasión, se esconde una verdad dura, incluso dolorosa: ese edificio fue construido para ser un geriátrico. Y nunca albergó a una sola persona mayor.
La historia es concreta y conocida. La obra empezó en 2015 y fue concluida en marzo de 2020, justo cuando estallaba la pandemia. En ese momento, fue inaugurada como un “asilo de ancianos”, con instalaciones únicas en la provincia: tres alas con habitaciones dobles y baño privado, comedor, cocina, consultorios, un SUM enorme, accesibilidad total. Un lugar digno para una población que suele recibir solo las sobras del sistema. Pero el edificio jamás fue habilitado para el fin para el que fue pensado. Durante la pandemia se reservó para pacientes con COVID, aunque nunca fue usado. Y desde entonces, las puertas permanecieron cerradas.
La gestión municipal despreció su destino original. Hubo propuestas para reabrirlo como geriátrico. Se analizaron alternativas. Pero la decisión política fue clara: no. Safrán incluso intentó convertirlo en hospital, pero no consiguió los fondos. Y ahora, a cinco años de aquella inauguración silenciosa, se lo reestrena como si fuera nuevo, con otro nombre, otra función y sin una sola mención a su historia real.
¿Y los ancianos? Olvidados. Sin atención. Sin infraestructura. En una provincia donde el único geriátrico estatal fue construido hace cuarenta años y sigue con las mismas 60 camas, a pesar de que se amplió y la población envejeció. El Estado, simplemente, decidió no mirar.
Es importante celebrar la expansión educativa, pero no a costa de silenciar una deuda social tan profunda como el cuidado de las personas mayores
Es una gran noticia que Apóstoles tenga un nuevo espacio académico. Pero lo que se denuncia aquí es otra cosa: el uso político de una obra pública que tenía un destino social impostergable. Porque mientras se celebra una inauguración “nueva”, lo que se oculta es el fracaso de una política de cuidado, el abandono absoluto de una de las franjas más vulnerables de la población: las personas mayores.
Hay una frase que resume el trasfondo ético de todo esto: una sociedad que no cuida a sus viejos está condenada a un futuro enfermo. Y hoy, en Misiones, esa enfermedad se llama indiferencia.

Por Paola Wojtowichz
Profesora