MÁS Y MÁS REPÚBLICA

Al contrario del infame pregón oficialista, el atentado a la vicepresidente de la Nación urge más república. Que la justicia investigue el hecho y que más jueces y más fiscales investiguen la corrupción política a salvo de suicidios. Gobiernos menos herméticos y más transparentes. Menos poder concentrado y más controles. Más oposición. Más alternancia. Una prensa más independiente de la pauta oficial y más crítica del poder. Una sociedad más educada, más informada y más comprometida. Más gestión y menos propaganda. Más justicia, porque el odio no conoce mejor aliado que la impunidad. La vida de Cristina Kirchner, la de cualquier político, la tuya y la mía, estarán más protegidas con más república. Más, más, más, más, más y más república.

En la primera noche de septiembre de 2022 un tipo gatilló un arma a centímetros de la cabeza de la vicepresidente. El hecho concreto provoca un repudio inmediato porque a Cristina Kirchner no hay que matarla. Simplemente no hay que votarla.

Ahora la justicia debería esclarecer el asunto. ¿Quién es el fulano detenido, su móvil, si actuó solo o como sicario, que pasó con esa bala que no salió, y por qué la custodia de la vicepresidente se portó, de mínima, como un grupo de amateurs?

Pero el kirchnerismo ha decidido, como es habitual sin que la verdad importe en lo más mínimo, que los “responsables” del atentado han sido la justicia, la oposición y el periodismo que en vez de someterse a ellos, sigue haciendo su trabajo.

De eso deriva una pregunta sumamente incómoda pero que hay que formularla: ¿cómo hará la justicia para condenar por corrupción a quién viene de sufrir un atentado contra su vida?

Que la violencia no es el camino es algo que todos deberíamos grabarnos en nuestras mentes. Empezando por los patoteros de estado.

Nunca nadie tuvo el monopolio del odio. Es una enfermedad espiritual que afecta a cualquiera, en cualquier lugar, en cualquier momento. Y nunca un loco precisó un motivo ni aliento. Por eso está loco.

Debe refutarse de inmediato a quién pretenda explicarnos que investigar la corrupción de estado forma parte del “discurso del odio”. Decir eso es propio de un recalcitrante hijo de puta.

Nadie tiene que matar a nadie. En democracia, al que no me gusta, lo boto con el voto.

Julio Anguita fue un político español. De la izquierda española. Dijo alguna vez que “La República es tocar al poder. Tocar al poder y quitarle el poder al poder.”

Cristina Kirchner, como Alberto Fernández, Macri, Rovira, Insfrán, Kicillof, Larreta, Gerardo Morales, cualquier presidente, gobernador o intendente del país, necesitan que la justicia los investigue más, los periodistas los critiquen más y la oposición los controle más. El poder controlado es un poder mejor.

A ver si se aprende de una jodida vez. El camino es más, más, más, más y más República…

 

por Walter Anestiades