MÁS DE LO QUE ROVIRA PUEDE SOPORTAR

Carlos Rovira goza del poder absoluto a favor de que controla a casi todos los dirigentes opositores y a casi todos los periodistas. En política, el radical Gustavo González es el que mantiene vigente el “casi”. Aunque los popes del partido, seguramente preocupados por las coronarias de Rovira, quieren evitarle el disgusto de dejar competir en las internas a uno que se tomó en serio eso de irla de opositor.
La cúpula del radicalismo misionero acordó con las del PRO y “Activar” que cada sector presente una sola lista de precandidatos a diputados nacionales en las P.AS.O. El ungido en el radicalismo es el concejal posadeño Martín Arjol, alguien que a Rovira, Herrera Ahuad y Leonardo Stelatto les produce el mismo efecto relajante que un Lexotanil de tres miligramos.
Cualquiera sabe que ya ningún espacio le disputa poder a Rovira. Con el importante norte de dar pelea en lo nacional, pero sin molestar en lo provincial, Juntos por el Cambio de Misiones se esfuerza por permanecer Juntos buscando un Cambio pero no en Misiones. Lo que las cúpulas desdeñan es el hecho de que ellos se rindieron. Pero la militancia no. Y Gustavo González, que se enfrentó a Rovira cara a cara en el parlamento provincial y se las arregló para “borrarse” dos diciembres seguidos para no reelegirlo como titular de la cámara, puede representar mejor a los que no se rinden. Mucho más ahora que, excepto en Oberá, el electorado decidió que lo único a resolver por Rovira será encontrar el nombre de la próxima marioneta que colocará en la gobernación en 2023.
El escritor Víctor Hugo definía a la nostalgia como “la felicidad de estar triste”.
De pronto, Gustavo González encarna la última nostalgia de los boinas blancas misioneros.
Esos que quieren que la Unión Cívica,
siga siendo radical.

Por Walter Anestiades