Denuncian por acoso y abuso sexual a un juez de familia

Dos jóvenes denunciaron penalmente al juez de Familia y Violencia Familiar de Puerto Iguazú, Pedro Fragueiro, por acoso y abuso sexual. La primera en realizar la presentación fue una joven que lo conoció en su rol de formador de árbitros de rugby, y este martes se sumó la empleada judicial que la semana pasada había denunciado en sus redes sociales los acosos del magistrado.

Apenas se había conocido la acusación pública, Fragueiro amagó con renunciar a su cargo para evitar un escándalo mayor. Sin embargo, el magistrado -está de licencia desde hace más de un mes-se mantiene en el cargo. Por su parte, el Superior Tribunal de Justicia no se pronunció sobre la situación ni abrió un sumario administrativo por las denuncias de acoso.

La primera en formalizar la denuncia fue Marina Romero, una joven que se topó con Fragueiro en 2017, cuando intentó incursionar en el mundo del arbitraje de partidos de rugby. Marina dijo que se animó a contar su historia después de leer el posteo de la empleada judicial de Puerto Iguazú que puso al descubierto al juez.

“Hoy me toca a mí contar el abuso que viví hace unos años y por mucho tiempo”, arrancó su publicación en Facebook. La chica, que por entonces tenía 18 años, dijo que desde un primer momento le pareció un poco raro el comportamiento de Fragueiro en su rol de encargado de árbitros de la Unión de Rugby de Misiones (URUMI). “En la primera conversación me pidió una foto de cuerpo entero”, relató. Dijo que pensó que era por el talle de la indumentaria o alguna otra cuestión vinculada a la actividad, pero estaba equivocada.

“En mi primera designación como referee en la ciudad de Posadas, lo saludo con dos besos y él me agarra fuerte de la cintura, pasándose de más”, contó.

Pero todo sería aún peor al día siguiente. Según su relato, Fragueiro se ofreció a llevarla al club donde debía dirigir. En el viaje “cuando hacia los cambios (de marcha en el auto) siempre estiraba la mano para rozarla con mi pierna, a cada rato mencionaba ‘que piel tan suave’ a lo que yo no respondía. y mostraba mi incomodidad ante la situación…al hacer algunas cuadras frena el auto donde no había gente, me agarra fuerte la pierna y se acerca a olerme el pelo ‘que rico olor tenés, que shampoo usas?’.

Luego le pidió un beso y cuando Marina se negó y le advirtió que podía tener hijos de su edad y familia, el ahora juez le dijo “si vos no abrís la boca nadie se va a enterar” y que “mis hijos y mi señora no tienen por qué enterarse”.

​Romero afirmó que Fragueiro “se sube arriba mío sujetándose por mis piernas y besándome en el cuello. Cuando pude reaccionar le grité que parara, que me iba a bajar del auto. Al llegar al club le llamé desesperada a un amigo de mi papá para que me buscara. Y le conté todo lo que paso en ese momento”.

La situación de acoso se repetiría en un curso en Formosa. “Entre otras situaciones, esas fueron las que más me marcaron de él, el miedo y la desesperación que me agarraba cada vez que me tocaba un partido con él, siempre estaban”, advirtió la joven. Y explicó que no hizo la denuncia antes porque “tenía miedo porque él era una persona de mucho poder, no solamente por el cargo en la Unión si no también en el Poder Judicial… Hoy con las piernas débiles y temblando me animé a denunciarlo”.

Este martes, fue una empleada judicial de Puerto Iguazú la que formuló la denuncia por abuso sexual. La joven, hija de un conocido abogado de esa ciudad, había hecho una acusación pública en la que contó que Fragueiro “empieza con mensajes, te dice que sos buena trabajando, ‘vas a tener un gran puesto acá si seguís así’, te dice que sos su cómplice dentro del Juzgado, que lo que pasa en la oficina, lo que se habla, queda ahí. No pensé que se refería a mucho más de lo que creía”, relató.

El juez le advirtió “vas a pasar más tiempo conmigo que con tu novio, andá acostumbrándote”. Sobre las actitudes del magistrado, contó que “me olía el pelo, tenía una obsesión con mi sonrisa, decía que le encantaba, que no podía dejar de mirarme cuando sonreía, que ‘lo podía’ cuando sonreía…”.

“Tengo tantos miedos ahora”, dijo la estudiante. Y advirtió que son “más de diez chicas” las pasaron por la misma situación.

Ella, que tiene 23 años, dijo que soportó los acosos e insinuaciones durante dos meses y que pudo hablar de los abusos luego que el juez la tomara del brazo y la besara en el cuello. Todavía en estado de shock, primero le contó lo sucedido a una compañera del Juzgado y luego a su familia. Consiguió que la trasladaran a otra dependencia judicial de Puerto Iguazú, donde sigue con su trabajo.