𝐄𝐥 𝐬𝐨𝐬𝐩𝐞𝐜𝐡𝐨𝐬𝐨 𝐜𝐫𝐞𝐜𝐢𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐞𝐜𝐨𝐧𝐨́𝐦𝐢𝐜𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐡𝐢𝐣𝐚 𝐝𝐞 Carlos Rovira, el caudillo renovador de Misiones.
A los 26 años, Miranda Rovira logró en 2024 lo que muy pocos emprendedores del mundo consiguen sin una herencia corporativa declarada: abrir una boutique de tres pisos en la Rue du Faubourg Saint-Honoré de París, a metros del Palacio del Elíseo, una de las zonas comerciales más caras del planeta donde los alquileres se miden en millones de euros.
Este vertiginoso salto internacional no solo encendió las alarmas por el contraste con la realidad económica de Misiones, la provincia que su padre Carlos Rovira maneja políticamente desde hace casi tres décadas, sino que expone una llamativa competencia interna.
Con este despliegue en el corazón de la moda europea, financiado bajo la sombra del patrimonio familiar, la joven empresaria superó con creces el perfil y la envergadura de los negocios de su hermano Ramiro, quien también maneja firmas de alto perfil pero con un alcance mucho más local y discreto.
Mientras el entramado político del Frente Renovador de la Concordia enfrenta cuestionamientos históricos por el control de la obra pública y los recursos estatales, sus herederos consolidan un imperio económico.
La velocidad para pasar de la función pública misionera a captar la cobertura de la revista Vogue en la Paris Fashion Week expone una liquidez y un aparato de relaciones públicas internacional imposibles de justificar con un simple proyecto de diseño independiente.
Por Beto Valdez
