Recordemos de qué se trataba esa icónica película del “western spaghetti” que Sergio Leone filmó hace seis décadas. Clint Eastwood como “el bueno”, Eli Wallach como “el feo” y Lee Van Cleef como “el malo” son tres tipos sumamente despreciables que pelean por un botín de 200 mil dólares que fueron escondidos durante la guerra de secesión en una tumba que ninguno de ellos conoce. Ergo, para conseguir el botín, se necesitan.
Hay un nuevo capítulo de lo que hemos llamado “gatopardismo a la misionera”, esa jugada desesperada del oficialismo para dividirse en busca del voto descontento, ganar y conservar el botín. Ahora ya no solo se habla de que Hugo Passalacqua “rompió” con su primo político Carlos Rovira (un cuento que se tragan más en Buenos Aires que en Misiones). Ahora el cuento de la ruptura incorporó a Leonardo “Lalo” Stelatto”, el alcalde de la ciudad de Posadas, quién creó su propio sello de goma llamado “Unión Independiente” (como hicieron Rovira y Passalacqua con “Encuentro misionero” y “Movimiento por lo que viene”). El relato consiste en decir y repetir que “Lalo” (el feo) será el candidato a gobernador que Rovira (el malo) usará para arruinarle la reelección a Hugo (el bueno).
Ni Rovira ni Passalacqua están enfrentados al presidente Milei aunque el cuento necesita hacer forzosamente de Hugo, un opositor. De hecho, los diputados y senadores misioneros que ahora dicen responder a Passalacqua, en el Congreso siguen votando igual que cuando decían responder a Rovira, ergo, a favor de las propuestas del gobierno de Milei.
“El mundo se divide en dos: los que tienen el revólver cargado y los que cavan. Tú cavas”, le dice el “rubio” (Clint Eastwood) a “Tuco” (Eli Wallach”) cuando tienen que desenterrar el botín al final de la película. El rubio tenía el poder. Y Tuco tenía que cavar.
Misiones también se divide en dos.
Los del revólver cargado como Rovira, Passalacqua y Stelatto. Que tienen el poder.
Y el pueblo misionero. Que tiene que cavar.
Walter Anestiades
