El presidente de Argentina arremete contra la misma Organización de Naciones Unidas, a la que acusa de “parásitos” e «inútiles» y de mirar hacia otro lado en la disputa con Reino Unido por el archipiélago del Atlántico Sur
Javier Milei subió por tercer años consecutivo al estrado de la Asamblea General de la ONU y habló del milagro económico de Argentina, cosa que cuenta con no pocos críticos. Sin embargo, el presidente argentino tenía otro objetivo para su dialéctica, que no era otro que la reivindicación de las Malvinas y, de paso, insultar a la misma Organización de Naciones Unidas por “no hacer nada” en esa disputa territorial con Reino Unido.
“Malvinas es para nosotros una causa nacional”, proclamó Milei en una intervención plagada de duras críticas hacia el organismo anfitrión. A sus dirigentes los calificó de inútiles, de mirar hacia otro lado en este caso de colonialismo y de ser una “casta de parásitos arrogantes disfrazados de burócratas bienintencionados”. Lo que se observó como una verdadera motosierra verbal hacia la organización multilateral, de la que parece desconfiar tanto como su valedor, el presidente estadounidense Donald Trump.
Milei reflexionó que quienes deberían “garantizar la seguridad colectiva y los derechos humanos” no han hecho más que fracasar. “Permitieron el caos internacional”, recalcó.
“Una organización que se propuso defender la soberanía nacional de sus miembros decidió mirar para otro lado respecto a la situación de las islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur, y los espacios marítimos circundantes. Malvinas es una prueba de la distancia que puede existir entre las palabras de las instituciones internacionales y la realidad sobre la que pretenden actuar”, proclamó.
Así que el mandatario argentino reclamó reanudar las negociaciones para encontrar una solución pacífica a “la disputa de la soberanía” de las islas Malvinas. Avisó, además, de que habrá consecuencias para las empresas que explotan recursos naturales en esa zona del Atlántico Sur sin la autorización de su ejecutivo.
“El proyecto Sea Lion avanza hacia la extracción de petróleo en Malvinas por licencias británicas que Argentina rechaza por ilegales e ilegitimas”, avisó. “No faltan palabras y resoluciones, falta que haya consecuencias. Quienes siguen las reglas no tienen recompensa por hacerlo y los que incumplen no tienen consecuencias. Esto plantea preguntas sobre la capacidad de este organismo”, denunció.
Estas palabras las pronunció ante un foro global, donde fue tajante. “No seremos indiferentes frente a quienes exploten recursos bajo ocupación ilegítima e ilegal”, afirmó, en clara evocación a la Junta Militar que a principios de los años de 1980 provocó una guerra con Londres.
“La posición de Argentina está tomada. No vengo a decirles que Argentina se va a sentar a esperar a que la ONU y la comunidad internacional estén a la altura de su propio mandato. Mi país va a tomar cartas en el asunto”, amenazó después de su arrebato contra Naciones Unidas.
Al referirse a la situación de los habitantes de las islas, partidarios de ser británicos, consideró que se trata de una “población implantada sobre un territorio que se encuentra en disputa”.
Andy Burnham, primer ministro británico, se refirió al archipiélago del Atlántico Sur durante su discurso del martes en ese mismo estrado, en el que usó su megáfono para advertir que su país se mantendrá “firme contra cualquier amenaza al orden de la ley”. Burnham había conversado esa jornada sobre las islas con Trump durante una reunión bilateral.
Milei lleva el belicismo a la ONU por Malvinas: «vamos a tomar cartas en el asunto”
