MISIONES NECESITA UN CAMBIO DE RAÍZ

En 2003, el Frente Renovador, que hoy sigue gobernando, instaló un modelo de crecimiento permanente del Estado. Desde entonces, los cargos públicos casi se duplicaron, las empresas estatales pasaron de 4 a 16 y el gasto por habitante se acercó al doble. Mientras tanto, las exportaciones por habitante se estancaron y los salarios privados quedaron entre los más bajos del país.

El MODELO RENOVADOR:

En 2003 se instaló en Misiones el modelo del crecimiento permanente del Estado. Desde entonces, el Frente Renovador armó un aparato cada vez más grande y complejo. Según datos del Ministerio de Economía de la Nación, a través de la Dirección Nacional de Asuntos Provinciales y la Subsecretaría de Coordinación Fiscal Provincial, los cargos ocupados en la Administración Pública pasaron de 36.062 en 2003 a 68.183 en 2024, un aumento del 89 %. Para ponerlo en perspectiva, en el mismo período la población creció solo un 34 %. Así, los cargos por cada mil habitantes pasaron de 36 a 51. Estas cifras no incluyen al personal contratado, cuya cantidad ni siquiera se conoce ni mucho menos a la enorme cantidad de empleados de las empresas del Estado.
Las empresas del Estado pasaron de 4 en 2003 a 16 en la actualidad. Casi todas se sostienen con transferencias de Hacienda. Además, no están sujetas al control pleno del Tribunal de Cuentas y ni siquiera presentan sus balances en la Legislatura.
En cuanto a la estructura del Estado, todo se fue armando por decreto. Ministerios, secretarías y organismos se crearon, fusionaron o renombraron con facilidad. Esto fue posible gracias a la delegación casi permanente de facultades al Ejecutivo por parte de un Poder Legislativo que funcionó todo el tiempo como una escribanía. De esta forma, según los datos de ejecución presupuestaria del Ministerio de Economía de la Nación para la Administración Central y los Organismos Descentralizados, ajustados por IPC, el gasto por habitante casi se duplicó. Pasó de 1,3 millones en 2003 a 2,5 millones por misionero en la actualidad, en pesos de hoy.
Todo este proceso se sostuvo de dos maneras. Por un lado, mediante enormes transferencias nacionales que, a su vez, provenían de la interminable emisión monetaria del kirchnerismo. Por otro, mediante un esquema de pagos anticipados del impuesto sobre los ingresos brutos, con retenciones bancarias a mansalva, que terminó dando lugar a la nefasta «aduana paralela». La voracidad fiscal es tal que las causas judiciales de empresas contra el gobierno provincial llegaron hasta la Corte Suprema. Misiones se convirtió así en el ejemplo de «provincia antiempresa» de la Argentina.

EL COSTO PARA LOS MISIONEROS:

El resultado está a la vista. Según el Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial (OEDE) del Ministerio de Capital Humano y los registros del SIPA, desde 2012 la creación de empleo registrado en el sector privado es prácticamente nula. A su vez, de acuerdo con el mismo observatorio, el salario privado en Misiones es un 32 % menor que el promedio de la Argentina y se ubica entre los más bajos del país.


¿Y por qué ocurre esto? Por la falta de inversión del sector privado. Los datos de exportación del INDEC y del IPEC Misiones permiten verlo con nitidez. En 2003 exportábamos 395 dólares por habitante, prácticamente lo mismo que en 2025. Es decir, no hubo crecimiento. Según esas mismas fuentes, en el mismo período las exportaciones por habitante de la Argentina crecieron un 104 %. Misiones se quedó muy atrás del resto del país.


Los problemas para invertir en Misiones son múltiples, pero todos tienen al peso del Estado en la economía como origen.
En la última encuesta de la Confederación Económica de Misiones, más del 54 % de las pymes declaró haber perdido proveedores en el último año. En ese relevamiento, la carga tributaria aparece como el primer problema provincial, seguida de las barreras arancelarias, es decir, la aduana paralela y las retenciones. Además, más del 74 % de las pymes encuestadas dice que sus proveedores les aplican una lista de precios especial para Misiones. Todo esto impacta de lleno en la competitividad de las pymes misioneras y en el costo para los consumidores finales.

MIENTRAS TANTO, EN LA ARGENTINA:

El Frente Renovador nació al mismo tiempo que el kirchnerismo. A decir verdad, bien podrían considerarse «modelos hermanos». Esa simbiosis es profunda: a la luz de lo visto hasta ahora, el modelo aplicado en Misiones no habría sido posible sin el kirchnerismo a nivel nacional, con la maquinita de emisión de pesos prendida y a toda marcha. Por eso el Frente Renovador apoyó durante años al kirchnerismo: esencialmente, representan el mismo modelo.
Los resultados de ese modelo a nivel nacional son, lamentablemente, tan malos como los que ya repasamos en nuestra provincia. Al final del recorrido, la emisión descontrolada nos dejó una hiperinflación a punto de explotar y niveles de pobreza inaceptables y dolorosos para un país como el nuestro. A eso se sumó una combinación de elementos que convertía la reversión de la decadencia en un desafío mayúsculo: presión fiscal altísima, una maraña interminable de regulaciones, riesgo país muy cerca de los 3000 puntos y todas las canillas de financiación cerradas.
Lamentablemente, los sectores vulnerables de la sociedad pagan un precio mucho más alto por las consecuencias nefastas de estas políticas. A esos sectores se les impuso un esquema de asistencialismo y subsidios sostenido, como todo, por emisión monetaria. Esa emisión terminaba acelerando la inflación, lo que los hacía más vulnerables y dependientes del asistencialismo. Un círculo vicioso de cada vez más pobreza y decadencia.
Sobre este sistema se construyó el modelo del actual gobierno misionero. Y hay algo tenebroso en esa dependencia: para seguir existiendo tal como funciona hoy, el modelo misionero necesita que las políticas kirchneristas vuelvan a gobernar la Argentina.

UN CAMBIO DE RAÍZ:

Misiones tiene que cambiar profundamente su matriz de pensamiento. Tiene que dejar de creer que el Estado va a solucionarnos la vida, que conseguir un cargo público es la salvación y que el acomodo es la regla. Hoy las internas del poder dejan el modelo al desnudo. A la vista de todo el mundo, se resuelven con repartijas de cargos y negociados. Mientras tanto, no se resuelve ni uno solo de los problemas que dejaron a Misiones en el fondo de la tabla.
El cambio empieza con una revisión profunda de las cuentas del Estado para mejorar la eficiencia de los costos en cada área y aprovechar la tecnología y la inteligencia artificial. Todo lo que se ahorre tiene que traducirse en una baja de impuestos para devolver esos recursos a los misioneros que quieran invertir y laburar. El Estado tiene que dejar de jugar al «empresario» y permitir que el sector privado se desarrolle sin la competencia desleal de las empresas estatales, que estamos obligados a financiar sin siquiera poder controlar.
La pobreza no se reduce con asistencialismo, sino motivando y promoviendo el desarrollo. Para eso hay que favorecer, y no estorbar, a quienes producen y trabajan, sin descuidar las necesidades básicas de quienes quedaron marginados en todo este proceso de empobrecimiento.


Para eso hace falta UN LÍDER QUE CONVENZA A LOS MISIONEROS de que la salida es apostar a los que quieren producir y trabajar, sin un Estado que entorpezca el camino, y con una conexión real con lo que pasa en la región y en el mundo. También hace falta una reconciliación con el sistema financiero que permita traer financiamiento a la provincia. Es mucho trabajo y no va a ser fácil, porque revertir 23 años de «Estado presente» empobrecedor lleva tiempo. Pero el camino es claro y tenemos que recorrerlo si queremos que nuestros hijos dejen de irse a buscar trabajo a Brasil y Paraguay.

(Diego Hartfield/Javier Schlindwein)