Rovira volvió: apaguen el acting, prendan las focas!!

Volvió el jefe… y las focas volvieron a aplaudir
Carlos Rovira reapareció hoy en la Cámara de Diputados y, de repente, quedó bastante claro que eso de la “ruptura” con Passalacqua tiene mucho más de relato político que de ruptura real.

Porque cuando aparece el jefe, se termina el acting.
Ahí están los saludos efusivos, las sonrisas, las palmadas y hasta el entusiasmo sobreactuado de Sichowski para recibirlo. Todo muy espontáneo, por supuesto.

Casi parecía que había vuelto una estrella de rock y no un diputado que simplemente regresaba a ocupar su banca.
Pero la escena dejó algo más interesante en evidencia: cuando Rovira entra por la puerta, parece que algunos vuelven automáticamente a ponerse en posición de firmes.

Y entonces uno se pregunta: ¿dónde quedó esa supuesta nueva etapa? ¿Dónde está la independencia? ¿Dónde quedó el “nuevo liderazgo”? ¿Dónde está esa construcción política que algunos intentan vender como una separación definitiva?
Porque si realmente hubiera un cambio de poder, quizás no habría tanta necesidad de demostrar que todo sigue perfectamente ordenado.

La política también tiene lenguaje corporal.
Y hoy el mensaje fue bastante claro: entró Rovira y más de uno volvió a mirar hacia el mismo lugar de siempre.

Lo más gracioso es que después nos quieren vender que el poder cambió de manos.
¿Cambió?
¿O simplemente cambiaron el decorado, repartieron nuevos papeles y ahora están intentando convencernos de que estamos viendo una película diferente?

Passalacqua puede construir su propia imagen, mostrarse más independiente, más cercano, más horizontal y hasta despegarse discursivamente de Rovira.
Pero después aparece el verdadero jefe político y el escenario vuelve a acomodarse solo.

Y ahí está la contradicción que incomoda.
Porque si el poder realmente hubiera cambiado, ¿por qué cuando aparece Rovira todavía hay quienes parecen saludarlo casi con reverencia?
Al final, más que una ruptura, parece un gran reacomodamiento.

Un cambio de escenografía.
Un nuevo relato.
Pero los mismos protagonistas.
Y hoy, en la Cámara, hubo una imagen que valió más que mil discursos:
Rovira entró.
Los demás saludaron. El libreto, aparentemente, sigue siendo el mismo.

Por Paola Wajtowichz