Nos venden la farsa de una guerra total en los medios, pero la realidad los expone en la cara. Son unos farsantes manipuladores que actúan para la tribuna mientras se ríen de todos nosotros por detrás.
Mientras Juan José Szychowski montaba un show mediático disparando contra Carlos Rovira —haciéndole creer a los más incautos que la Renovación atravesaba una grieta o una ruptura histórica—, el recinto de la Cámara mostró la única verdad: caras sonrientes, apretones de manos afectuosos y la complicidad absoluta de quienes comparten el mismo negocio.
No hay distanciamiento, no hay principios en juego ni hay pelea alguna por el bienestar de Misiones. Lo que hay es una estrategia maquiavélica y fríamente calculada por estos manipuladores: dividir las vocerías para acaparar a todos los sectores del electorado, contener el descontento social dentro del propio espacio y garantizar la permanencia en el poder.
Nos usan de espectadores de una escenografía donde simulan ser enemigos frente a los micrófonos para seguir manejando los hilos a espaldas de la gente.
Es la toma de pelo más descarada del teatro político perpetrada por estos farsantes: en las tapas de los diarios se tiran dardos; en las bancas se reparten risas y favores. Dejen de actuar, que la farsa ya se les notó demasiado.
Gaston Arotcharen
