DESIDIA, IRRESPONSABLES, ZOMBIES Y CANALLAS: LOS ALIADOS DE LA MUERTE

“Todo envejece en mí, menos mi capacidad para el asombro”, escribió Chesterton. Mantener la capacidad de asombro, como la de sentir vergüenza, son síntomas de salud. Nada de eso ocurre con los actores de tránsito y de la vía en Misiones. La única norma vial que se respeta es “cagarse” en las normas…

Un estado plagado de inútiles acomodados de la política que se enfocan en recaudar. Conductores irresponsables. Peatones que cruzan calles y rutas como zombies. Y un público que, en vez de tomar conciencia, consume las noticias solo para “entretenerse”. Esa combinación logra que Misiones tenga más muertos por tragedias viales que la Capital Federal, que tiene el triple de población. Un asunto que se sostiene en una actitud canallesca: no le importa a nadie. Y en otra peor: a pesar de los muertos y los lesionados, pinta para que siga sin importarle a nadie.

Hace unos días hasta el propio gobernador Herrera Ahuad, que siempre está más del lado de la demagogia que de la verdad, les pidió a quiénes viajen al Parque Nacional Iguazú que vayan “despacio y a disfrutar”. Es que los tolongos están tan perturbados que se meten en un Parque Nacional manejando a toda velocidad. ¡En un Parque Nacional! Las estadísticas sacuden: La Fundación Vida Silvestre informó que en Misiones mueren por año más de 5 mil animales atropellados en rutas que atraviesan áreas “protegidas”.

Pero qué vamos a pedir a que se respete a la fauna si ni siquiera respetan la vida humana. En 2021 las estadísticas marcaron que Misiones tuvo 215 fallecidos y ocupó un quinto lugar entre los veinticuatro distritos del país, por encima de la media nacional. En un país que, de por sí, ostenta números muy altos de tragedias viales.

El factor humano es el principal causante. Ergo, de tragedias que pudieron haberse evitado. Habrá que bajar la soberbia. Está lleno de tipos que dicen, socarronamente, “Yo hace treinta años que manejo papá”. Bueno, entérate “papá”: hace treinta años que manejas mal. Las calles, las rutas y los parques nacionales no son autódromos para que vos pongas en práctica esa “muñeca” que no tenés.

El estado misionero, el estado renovador, es un asco de gestión. En Oberá el diseño del tránsito parece haber sido pergeñado por un admirador de los autitos chocadores. Y los conductores y los peatones no pueden apartar ni cinco minutos su vista del celular porque son personas muy importantes que deben tomar, todo el tiempo, decisiones que afectan al orden mundial. Para rematarla, no hace tanto el responsable del tránsito en la municipalidad, Guillermo Correa, le dijo a Infóber que “Estamos orgullosos de cómo se maneja en Oberá”. Demagogia más berreta, difícil de encontrar. Así es imposible que algo mejore.

El panorama es desesperanzador. Incluso la mayoría de los mirones de este editorial (porque lectores no son) no van a pasar del título, la foto y el copete. Pereza mental se llama eso. Las tragedias viales pueden evitarse en muchísimos casos. Depende de las personas. Es un mal nacional, sí. Pero ya que estamos acá, empecemos por acá. El problema sería irresoluble si es cierto aquello que dicen que dijo Perón: “Yo he visto malos que se han vuelto buenos, pero no he visto jamás un bruto volverse inteligente”.

Sonamos.

Porque los brutos, encima, manejan.

Walter Anestiades