El FMI pide que el Gobierno devalúe el peso más rápido para evitar un atraso cambiario

El equipo económico admite un contrapunto sobre la política cambiaria, pero aseguran que no forma parte de las exigencias del Fondo Monetario en las últimas negociaciones.
El Gobierno y el Fondo Monetario Internacional debatieron en las últimas rondas de negociación técnica un punto central de política económica: el ritmo de devaluación del tipo de cambio oficial. El compromiso del acuerdo vigente es mantenerlo en línea con la inflación para evitar un atraso, pero el staff del organismo ya empezó a alertar que el Banco Central depreció la moneda de una manera más lenta a la que ven como apropiada.
Según fuentes oficiales con conocimiento del contenido de las conversaciones entre Buenos Aires y Washington, el FMI fue comprensivo con la explicación de la Casa Rosada sobre por qué a esta altura del año el equipo económico hizo avanzar el tipo de cambio mayorista a una velocidad crucero por detrás de la suba de precios. “Si hubiéramos acelerado el crawling peg en medio de un pico de inflación, podría haber sido peor”, explican desde un despacho oficial.
Para los técnicos del Fondo Monetario, la autoridad monetaria que preside Miguel Pesce podría haber aplicado un incremento más rápido para el tipo de cambio oficial, de manera de evitar un atraso cambiario. Desde que comenzó el año, la inflación acumulada hasta mayo fue de 29,3%, mientras que la actualización del dólar mayorista fue poco menos de 15 por ciento.
En las últimas reuniones técnicas que sostuvieron los funcionarios nacionales con los del FMI, la cuestión del dólar apareció en la mesa de discusión, admitió un integrante del equipo económico ante Infobae. “Ellos entendieron que el ajuste que ibamos a hacer (del tipo de cambio) es paulatino. Lo habían aceptado, no tenemos críticas. Si les preguntás, piden que aceleremos. Pero con la inflación del 6,7% acelerar era para problemas. Por eso no han hecho un punto central sobre este tema”, aseguran desde la Casa Rosada.
En dólar volvió a estar en la mira en las últimas semanas luego del desplome de los bonos en pesos que recalentaron el mercado financiero y sumieron a los activos argentinos a una fuerte volatilidad que necesitó de la intervención activa del BCRA y Anses como respuesta. La reacción de los dólares paralelos volvieron a ensanchar la brecha cambiaria.
Esa diferencia entre el dólar mayorista y el contado con liquidación alcanzó el 97% la semana pasada. Como comparación, a principios de mes la brecha estaba en niveles de 73 por ciento. Una aceleración del tipo de cambio oficial, según analistas privados y de acuerdo a lo que reconocen en el propio Gobierno, sería de una de las formas para intentar recortar esa distancia.
De todas formas, en el Ejecutivo aseguran que prefieren avanzar con pulso de cirujano en un reajuste del crawling peg. En ese sentido, aseguran que el BCRA cumplirá su compromiso de mantener en términos reales el tipo de cambio -por lo que debería acelerar esa devaluación paulatina- pero que buscará espacio para hacerlo durante los meses en que la tasa mensual de inflación muestre una tendencia marcada de desaceleración, algo que en el equipo económico descuentan, aunque evitan arriesgar qué tan pronunciada será esa curva.
“Vamos a estar en el orden de abajo del 5% en junio y la desaceleración debería seguir. Pero es difícil que pueda quedar abajo de 3% mensual de acá a fin de año. Esto en caso de que no volvamos a tener otro shock de commodities que vuelva a recrear el escenario de marzo. Si nos amesetamos en algún número como 5% es un problema, pero si convergemos al 3% puede ser una buena situación”, plantearon desde un alto despacho oficial de política económica.
A propósito de las negociaciones con el FMI, el Gobierno espera que el directorio del organismo el viernes de esta semana apruebe la primera revisión de metas que finalizó la semana pasada que habilite así el segundo desembolso de dólares para afrontar los vencimientos con el propio Fondo Monetario, y también una habilitación a recalcular los objetivos “intermedios” fiscales y de acumulación de reservas, más allá de que se mantendrán sin cambios los compromisos en términos anuales.
El equipo negociador de la Casa Rosada acordó con el staff elevar esa petición al directorio, el máximo órgano de decisión del FMI, para terminar -al menos de manera preliminar- un trabajo de recalibración al que Buenos Aires y Washington se vieron forzados apenas entró en vigencia el programa económico, ante el nuevo contexto de precios internacionales que trastocó la hoja de ruta inicial.
Las metas trimestrales de reservas formaron parte en los últimos días de un diálogo extendido entre el funcionariado nacional -del Ministerio de Economía y del Banco Central- con el equipo técnico del organismo. Dentro de dos semanas, según los planes originales, el BCRA debería haber sumado USD 4.100 millones en forma neta, algo que a todas luces no podrá alcanzar. El fondo de la discusión, entonces, es sobre la “secuencia” que deberá tener el camino de acumulación de reservas, porque al fin y al cabo los USD 5.800 millones netos a fin de año permanecen sin cambios.
“Tenemos un compromiso con las metas anuales, pero la estacionalidad cambió por la guerra, por eso hay que pensar cómo readaptamos”, mencionaron desde el Poder Ejecutivo. El directorio, entonces, dictaminará sobre la primera revisión y podría dar un visto bueno para ese recálculo de objetivos trimestrales, pero solo para el segundo. Si el Gobierno necesitara eventualmente un recálculo también para el tercer trimestre, eso deberá ser analizado por el staff y el directorio cuando tenga lugar la próxima evaluación en agosto o septiembre.