PAN CARO Y CIRCO BARATO

“Si les gustó la representación, aplaudan”, dicen que fueron las últimas palabras del emperador Augusto. “Somos actores trabajando en el gran tablado del mundo”, dijo Robespierre. Daban cuenta de la mímesis entre políticos y actores. El gobernador de Misiones Oscar Herrera Ahuad, preocupado por las encuestas de verdad (esas que no se publican), se ofreció como censista. A este ritmo puede que Carlos Rovira sea el próximo “galán” de la “China” Suárez en alguna telenovela de Suar y que “Lalo” Stelatto” haga una adaptación de Shakespeare: “SEM o no SEM”…

La teatralidad política de novedoso no tiene nada. Y la política de la teatralidad, menos.

Cuando el teatro busca la concientización política puede haber estupendos resultados. La experiencia de “Teatro Abierto”, que comenzó en 1981, fue un aporte invalorable de la cultura nacional contra la última dictadura.

Pero cuando los políticos buscan en la ficción el atractivo que no son capaces de generar con sus gestiones, hay malas noticias para la política. Y peores noticias para la realidad.

Oscar Herrera Ahuad, el funcionario títere de Rovira, el gobernador del partido político que hace veinte años gobierna una Misiones sacudida por la pobreza, la falta de trabajo genuino, el acomodo político, la impunidad (¿dónde estará Mario Golemba y quién habrá matado a Marilyn Bárbaro?), el de los funcionarios que intercambian puestos en el estado por favores sexuales (ver IFAI), el que protege a Rindfleisch, el que armó una justicia como meccano…, pretende que todo eso quede tapado con un poco de teatro berreta.

“Si les gustó la representación, aplaudan”, dicen que dijo César Augusto.

Cuando termine la función renovadora, habrá que silbar…



Por Walter Anestiades