LA MEDIOCRACIA

Qué pena que la putrefacta política misionerista le haya arrebatado a la medicina un par de buenos profesionales. Siendo actividades tan distintas. En una, hay que hacer el juramento hipocrático. Y en la otra, se necesita ser un hipócrita.
Bien clarito lo escribió José Ingenieros hace más de un siglo, en “El Hombre mediocre”: en ese estado psicosocial el individuo “está adaptado para vivir en rebaño, reflejando las rutinas, prejuicios y dogmatismos, útiles para la domesticidad”.
Carlos Rovira consiguió que el grueso del electorado se conforme con poco y nada. Que la idea de superarse para evolucionar sea casi subversiva. La mediocracia insta a ser superficial para escapar de los planteos que van a la génesis de los problemas. Y así se vive por acá. Creyendo que la paz es la quietud.
“Siempre supe cuál era el camino correcto. Pero nunca lo seguí. ¿Saben por qué? Porque era muy difícil”, dice el personaje de Al Pacino en “Perfume de mujer”. Para los mediocres exigir, superarse, ser independiente, no deberle nada a ningún poderoso, es un camino muy difícil. ¿De qué vivirían en el mundo real si no gozaran del acomodo político?
Insertos en la mediocracia y yendo adonde los lleva la corriente. Así va una mayoría que no es renovadora. Es oficialista. Porque es lo más fácil.
No hay chances de crear una sociedad más justa si no se aviva el pensamiento crítico.
En un reciente spot de campaña los médicos Oscar Herrera Ahuad-gobernador de Misiones-y Carlos Fernández-alcalde de Oberá y primer precandidato a diputado nacional-sostienen un diálogo que resulta patético para los que no se resignan a esta mediocracia. Alguno pensará que están actuando. Pero no están actuando.
“El hombre no vive solo de lo que engulle, sino de lo que asimila”, escribió Ingenieros.
Hace rato que todo está muy bien armado.
Para que traguen sin masticar.
Y que no asimilen…


Por Walter Anestiades