En 6 meses la inflación ya alcanzó el 25%; lejos de los 29% que había anunciado el Gobierno para todo el año

El presupuesto preveía una inflación de 29% para 2021. En el Gobierno esperan que el dato de junio esté en torno a 3% pero los privados pronostican un nivel algo mayor.
La inflación es un de los principales problemas que arrastra la economía argentina y este jueves se publica el dato correspondiente a junio. Los pronósticos descuentan que acumulará alrededor de 25% en los primeros seis meses del año. Así, casi duplicará a lo registrado en el mismo período de 2020, cuando por efecto del aislamiento obligatorio y el cierre de la economía los precios acumularon una suba de 13,6%. A la vez, la cifra consumirá aproximadamente el 85% de la pauta de 29% para todo el año que figura en el presupuesto 2021.
En el Gobierno se anticipa que el dato de inflación de junio será de 3%. Los privados, en cambio, creen que el valor del mes pasado estará por encima de eso y el pronóstico promedio es de 3,2%. “A nosotros, junio nos dio en torno a 3,5%. Hay que recordar que el 29% no era una meta estricta porque no estamos en un esquema de metas de inflación, pero la verdad es que esa pauta para el presupuesto complicó todo el año”, consideró Guido Lorenzo, director ejecutivo de LCG.
Desde Seido, calcularon que en junio el nivel general de precios subió 3,2%. “El análisis rápido del primer semestre es que la inflación se comportó por encima de lo que esperaba el Gobierno. Del lado de los privados, en cambio, la inflación no estuvo tan lejos de lo anticipado”, afirmó Matías Carugati, economista de la consultora.
Y agregó: “Por ello, tomaron medidas como para que aflojara: controles de precios más estrictos, acuerdos de precios en productos de consumo masivo, mínimos aumentos en precios regulados (que ahora incluyen más servicios, como telefonía e internet) y el ancla cambiaria. Varias de esas herramientas utilizadas para forzar una desaceleración no son sostenibles a mediano plazo”.
El jefe de gabinete Santiago Cafiero reconoció en su informe al Congreso que el objetivo oficial quedó lejos de la realidad. “El Ministerio de Economía informa que es cierto que se registraron ciertos desvíos entre la inflación proyectada en la Ley de Presupuesto 2021 y la realizada en los primeros cinco meses del año. La principal causa que lo explica es la inflación internacional de alimentos, en particular commodities, que experimentó un sendero de suba de precios por encima de lo que se esperaba en septiembre de 2020 al momento de enviar el proyecto de la Ley de Presupuesto al Congreso”, admitió.
Las últimas medidas del Gobierno empiezan a reconocer ese error de cálculo. “La reapertura de paritarias o las autorizaciones de aumentos de precios que piden empresas son la consecuencia del fracaso por no poder coordinar expectativas como pretendía el Gabinete Económico. Se insistió mucho en que había un riesgo allí, incluso cuando se discutía el presupuesto, pero el diagnóstico del Ministerio fue que se trataba de algo coyuntural debido a la suba de alimentos. Poco de coyuntural tiene la inflación, hace más de 10 años que es un problema para el país”, sentenció Lorenzo.
Poner plata en el bolsillo vs. bajar la inflación
Una de las claves del dato de este jueves pasará por la tendencia, es decir, si los precios consolidan una baja en el ritmo mensual o vuelven a acelerar. Desde el pico mensual de 4,8% en marzo, hubo dos bajas consecutivas ya que abril marcó 4,1% y mayo, 3,3%. Por lo tanto, si el dato de junio finalmente muestra otra baja será una buena noticia para el Gobierno. “La pregunta hacia delante es si la desaceleración de la inflación, que aún sigue alta, puede continuar en los próximos meses y hasta dónde podría llegar. Nosotros creemos que algo más podría bajar la inflación, pero que seguiría estando más cerca del 3% mensual que del 2%”, apuntó Carugati.
El objetivo de quebrar la tendencia puede encontrarse con dificultades generadas por el propio Gobierno. La idea oficial de promover una recuperación en el poder adquisitivo para mejorar el humor social de cara a las elecciones puede recalentar todavía más los precios en los próximos meses. “En el muy corto plazo la inflación se mueve con el tipo de cambio, salarios y tarifas. Esas tres variables estuvieron conteniendo los precios en junio y, así y todo, no pudo quebrar el 3%. Ahora, con salarios supuestamente al alza, no veo razón para que lo haga”, explicó Lorenzo.
Algo similar sucede con bonos y ayudas a sectores vulnerables. “La idea es que ese dinero se vuelque al consumo. Creo que hay una mirada ingenua de que la mejora del poder de compra tiene consecuencia sobre la cantidad producida más que sobre los precios. En un contexto de alta incertidumbre como el actual, lo más probable es que la mayor demanda en el mostrador de un comercio presione más sobre el precio que sobre los deseos de ampliar un negocio”, alertó el economista de LCG.
A su turno, Carugati coincidió: “Las medidas apuntan a un target que supuestamente tiene mayor propensión a consumir, por lo que pueden llegar a presionar sobre el tipo de cambio y los precios con alguna demora, a medida que circulan los pesos por el sistema”. En ese escenario, el Gobierno tendrá que transitar los meses que quedan hasta las elecciones haciendo equilibrio entre medidas para mejorar el poder adquisitivo y mejorar el humor social al mismo tiempo que trata de contener las consecuencias de esas decisiones sobre el dólar y los precios.