La misionera Fiege, esposa del sindicalista, intentará comprar los Porsche, el Camaro y el Land Rover que rematarán

Paola Fiege salió de Villa Cabello, un barrio de Posadas y es pareja del sindicalista.

 

No será un remate más. Cuatro vehículos de lujo que eran propiedad de Marcelo Balcedo, el empresario y sindicalista argentino detenido en enero de 2018 en el Gran Chaparral, su casa ubicada en Playa Verde, Maldonado, están en exhibición en la Asociación Nacional de Rematadores Tasadores y Corredores Inmobiliarios (Anrtci), hasta el miércoles 24 de marzo de 10 a 17 horas, en la Avenida Uruguay 826, esquina Florida.

Este lunes, en el primer día de exhibición de los vehículos, Paola Fiege, la esposa de Balcedo, llegó al lugar para conocer detalles de la subasta, informó el periodista Roberto Hernández, de Telenoche, en su cuenta de Twitter.

Fiege dijo a Montevideo Portal que intentará comprar todos los autos que subastará la Junta Nacional de Drogas este jueves 25 de marzo a las 11 horas, en el Ballroom del Radisson Victoria Plaza.

Los autos fueron incautados en el marco de la causa que investiga lavado de dinero por parte de Balcedo y Fiege, quienes llegaron a un acuerdo con Fiscalía en octubre de 2020, que fue refrendado por la jueza especializada en Crimen Organizado, María Helena Mainard. En el marco del acuerdo, Fiscalía devolvió al empresario argentino US$ 2.635.335. Además, Fiege, que estuvo en prisión cinco meses, está en libertad vigilada, mientras que Balcedo, que estuvo en la cárcel un año, tiene el mismo régimen pero no puede salir de su domicilio.

Por su parte, Balcedo debió entregar US$ 4.000.000 en efectivo, el chalet “Sounión” y varios autos de alta gama.

Sin embargo, Fiege sostiene que el juicio inicial iniciado en su contra en Argentina está viciado de nulidad, por lo que, cuando la Justicia de ese país archive la investigación en su contra, el Estado uruguayo deberá devolver los autos a la pareja.

Allegados a Fiege aseguraron a Montevideo Portal que los autos presentan “varios problemas, sobre los que no están informando los rematadores”.

 

 

Paola Fiege tenía apenas 20 años cuando conoció al sindicalista argentino, Marcelo Balcedo, quien le lleva 21 años. Fiege tenía un rostro y una figura de modelo. Llevaba el cabello largo y rubio igual que lo hace ahora.

En ese momento, Fiege vivía en Villa Cabello, uno de los barrios más populosos de la ciudad de Posadas, Misiones. Balcedo, entonces de 41 años, de profesión ingeniero con un máster en Comunicaciones en Estados Unidos, viajaba a menudo a Posadas por negocios.

Tras formalizar su relación con Balcedo, Fiege dejó atrás Villa Cabello. La pareja declaró en Argentina que tiene dos residencias en Puerto Madero, uno de los barrios más exclusivos de Buenos Aires.

El 1° de diciembre de 2008, Balcedo y Fiege pusieron pie en el balneario Playa Verde, ubicado a 35 kilómetros de Punta del Este. Fiege adquirió una propiedad por la suma de US$ 310.000, según la investigación realizada por el fiscal penal Rodrigo Morosoli.

Con el correr de los años, Fiege compró en el lugar los derechos posesorios de otros 11 padrones por valores que oscilaban entre US$ 20.000 y US$ 1.600.000.

Cuando la pareja ocupó los predios cercanos a la cima del Cerro del Burro en Playa Verde, lo primero que ordenó fue el corte de los eucaliptos y montes que se encontraban en el lugar. Durante las refacciones en los diversos padrones del establecimiento denominado “El Gran Chaparral”, Fiege pagó casi US$ 2.899.985 a un arquitecto.

También le abonó US$ 700.000 por otras obras, según el relato del fiscal Morosoli en la audiencia de la formalización de la investigación penal efectuada el martes 30.

Las personas que conocen a Fiege la describen como alguien acostumbrada a que se cumpla su voluntad, inteligente y que sabe lo que quiere.

Personal que trabajó a sus órdenes sostiene que Paola es la que se encarga de la operativa de los negocios pensados por Balcedo.

“Él los piensa y ella los lleva a cabo”, dijo un hombre que fue contratado por Fiege. “Ella es de trato amable, pero firme”, agregó.

Paola también se encargaba de contratar y pagar los sueldos de los 22 trabajadores que cumplían tareas de limpieza, chofer, cuidados de los niños, cocina y mantenimiento de las áreas verdes de “El Gran Chaparral”. Gran parte de los sueldos los pagaba “en negro”, según la investigación de Morosoli.