OBERÁ. El recién creado municipio, el número 77 de Misiones, despertó el rechazo de dirigentes de la UCR, concejales de Aristóbulo del Valle (tres de ellos renovadores) y de la población local que salió a las calles para manifestarse pidiendo la renuncia del intendente Eldor Hut.
La secesión de Salto Encantado que le quitó la mitad de la superficie a Aristóbulo del Valle fue aprobada el jueves en le Cámara de Diputados de la Provincia y en la lectura política se dice que fue a raíz de la disputa entre Carlos Rovira y el ex gobernador Maurice Closs, oriundo de esa localidad.
Aristóbulo, antes de la secesión, apenas contaba con 38 mil habitantes (la mitad de Oberá), y ahora con la separación de lo que era el paraje o barrio Salto Encantado, se quedará con unos 20 mil pobladores.
Esto además de violar la Carta Orgánica de ese municipio que establece claramente la imposibilidad de reducir la superficie comunal, implicará crear otra estructura administrativa, es decir, van a haber dos municipalidades, dos Concejos Deliberantes y demás oficinas públicas con sus respectivos sueldos y gastos corrientes para esa cantidad de personas (38 mil) distantes a 7 kilómetros una de otra.
Otras pequeñas poblaciones también vienen hablando de secesión: Fracrán, Villa Bonita, Terciados Paraíso, etc.
En los años 70 se redujo la cantidad de municipios a 41 fusionando la mayoría entre sí ya que eran inviables por su escasa recaudación en contraste con su alto gasto público.
En ese entonces, los municipios de Alvear, San Martín y Alberdi fueron fusionados, al igual que Los Helechos con Panambí y Ameghino. El departamento de Eldorado fue reducido a una sola municipalidad, como así también Concepción, Alem a dos (Cerro Azul), Apóstoles y Candelaria a dos también. En el caso de San Javier, se le anexó Itacaruaré y Mojón Grande.
Pero en 1983 nuevamente se elevó el número a 73 comunas con sus respectivos Concejos Deliberantes, juzgados de Paz, etc, implicando un importante costo para el erario público que la semana pasada llegó a 77 municipios.
En el caso del departamento de Oberá, pasó de 6 a 9 municipios que en total apenas suman 110 mil habitantes actualmente, dando un promedio de una municipalidad, un Concejo Deliberante y demás administraciones públicas cada 12 mil habitantes.
Peor aún es el caso del departamento de Candelaria que tiene apenas 27 mil habitantes (menos de la mitad que el barrio Villa Cabello de Posadas), pero está dividido en 7 municipios, es decir hay siete administraciones con sus municipalidades, poderes legislativos y demás para atender a 27 mil personas, dando un promedio de una estructura municipal cada 4 mil habitantes.
Vecinos de Salto Encantado adujeron en una supuesta carta abierta escrita por ellos que, «eran sometidos por el intendente» y esto motivaba su pedido de independencia, sin embargo, Eldor Hut es oriundo de Paraje Cerro Moreno, es decir de Salto Encantado. ¿Tan sometidos están a Aristóbulo que todo el municipio unido elige y reelige a alguien que vive en la parte supuestamente sometida del municipio?.
Impuestos disfrazados de tasas y municipios deficientes
Los municipios no pueden cobrar impuestos por ley de coparticipación, pero igual lo hacen mediante las tasas. Las mismas solo deben existir a cambio de un servicio específico, pero éste debe estar claro en cuanto su costo. ¿Cuánto cuesta levantar la basura? ¿cuánto cuesta todos los días o tres veces por semana?, ¿cuántos empleados se necesitan?, ¿Es deficitario?.
Como todo servicio, tiene que estar claro. Las empresas de telefonía cobran por un servicio específico que está detallado en la factura del cliente, de manera tal de poder hacer un reclamo ante un incumplimiento. Sin embargo y puntualizando a Oberá, nadie sabe cuánto cuesta recolectar la basura y el municipio cobra por dicho servicio a través de las tasas por igual, aunque no todos reciben la prestación con la misma frecuencia. Incluso por algunas calles ni siquiera pasa, pero al frentista se lo cobran igual mediante la tasa Retributiva a la Propiedad Inmueble.
Algunos países han avanzado respecto a la basura en cuanto a no solo cobrar por recogerla, sino además reciclarlas, pero de manera tercerizada. En California, el servicio de recolección lo presta una empresa que le cobra directamente a los frentistas, y luego la recicla. Los municipios (ayuntamientos) no intervienen. En varias ciudades Suizas, la tasa de basura se cobra mediante la compra de la bolsita específica de basura y una estampilla. Cuánto más basura genere el vecino, más caro le saldrá. Cuánto menos basura, menos bolsas y estampillas comprará, por tanto menos le costará. La recolección domiciliaria se realizan solo 1 (una) vez por semana y respecto a botellas de plásticos, vidrios y latas, los vecinos llevan a contenedores colocados en las puertas de los supermercados.
La razón de mencionar estos dos casos es demostrar que los municipios no intervienen, por tanto no tienen este gasto público y pueden centrarse en otros temas.
Pero las tasas municipales (que en Buenos Aires se llama «ABL», alumbrado barrido y limpieza), además cubren el barrido, pero este servicio solo se le brinda a los frentistas del centro y algunas avenidas, por lo tanto, es injusto que toda la comunidad lo pague.
Respecto al alumbrado público, consultado sobre a qué institución le corresponde la colocación, mantenimiento o modernización del mismo, el ex presidente de la CELO, Carlos Ortt dijo a Infober que todas las obras de alumbrado público deben ser financiadas por las municipalidades. La cooperativa solo se hace cargo del consumo, monto que llega en las facturas a los socios. Cada vez que se instala una jirafa de luz, si bien lo hace personal de la cooperativa, luego le envía la factura al municipio.
De esta forma, el municipio cobra tasas por el alumbrado público, sin embargo, los contribuyentes obereños tienen en sus calles fuera del micro centro, entre tres a cuatro focos de mercurio que alumbran menos de lo que estaba iluminada la ciudad de Londres en el siglo 19.
¿No sería mejor reemplazar dichas tasas por fondos específicos en cada manzana para poner leds, y una vez cambiadas las luminarias, que el contribuyente no pague más?. Esto en lugar de estar pagando eternamente por tasas para tener una pésima iluminación.
Pero hay otros impuestos disfrazados de tasas que cobra el municipio. Se llaman tasas comerciales e industriales que se cobran de acuerdo a la facturación: 5 por 1000. Si la tasa es un servicio, ¿por qué se cobra de acuerdo a lo facturado?. Sería como que la CELO cobre el agua de acuerdo a cuánto a lo que facturó el comercio o la industria, y no a lo que consumió.
En ese sentido, el municipio de Guaraní tiene un sistema diferente de cobro que reduce la presión fiscal, razón por la que varias empresas antes obereñas (al menos cuatro), ya mudaron sus plantas a esa localidad en los últimos años y esto ocurrió sin necesidad de que el estado municipal adquiriera, con fondos públicos, tierras para crear un parque industrial. Cada empresa le compró la tierra a un particular y se mudó generando fuentes de empleos en ese municipio. Sin embargo, en Oberá se mantiene una alta presión fiscal municipal espantando o desalentando inversores que generarían trabajo a la población.
¿Bajar el desempleo no debería ser uno de los principales objetivos de una gestión municipal?, entonces ¿Por qué no se suprimen impuestos para atraer generadores de puestos laborales?.
¿A dónde van estas «tasas»?
Según un cálculo estimativo, tan solo uno de los dos supermercados ubicado sobre la ruta 14 produce unos 600 millones de pesos al año. Al municipio de Oberá, en concepto de tasa comercial de 5/1000, le viene aportando por año unos 3 millones de pesos. Probablemente, si sumamos todo lo producido por las empresas, comercios e industrias sobre la franja de la ruta 14 entre el Austral y el cruce de la ruta 103, debe totalizar el mayor producto bruto interno de la ciudad.
Sin embargo, ese tramo es uno de menos desarrollados en cuanto a infraestructura. La colectoras son literalmente un desastre, la iluminación es tenue, las salidas y accesos son pésimas, las banquinas mayormente terradas que se vuelven de barro, y es uno de los sectores que más colisiones vehiculares registra tanto en la entrada como en la salida de uno de los supermercados y de la estación de servicios de la marca estatal. Esto ocurre porque el lugar carece de un paso bajo nivel que evite los giros a la izquierda, como así también por la ausencia de de guardarraid central.
Con todo lo que vienen aportando todas esas empresas al año en concepto de tasa comercial e industrial, a esta altura ya debería ser una zona completamente desarrollada, y no estar a la espera de que algún día Vialidad Nacional haga algo.
Si en lugar de cobrar dichas tasas a esas empresas, se creara un fondo específico intransferible cuyo único destino fuese solo desarrollar esa zona y no otro (como usarlo en campañas políticas, asistencialismo, sueldos o gastos corrientes), en 4 años de gestión se vería la diferencia y podría ir eliminándose este impuesto disfrazado de tasa.
Otro ejemplo similar es la ruta 5 entre la Axion y el barrio Las Palmas. El lugar batió récord de accidentes en los últimos años. No hay iluminación, tampoco banquinas, colectoras, guardarraid central, y menos aún pasos controlados ya sea retornos o pasos bajo nivel. Sin embargo, está repleto de empresas e industrias adyacente a la arteria que aportan dichas tasas cada año. ¿A dónde va toda esa plata?. ¿Nada se destina al desarrollo del lugar en cuestión?.
La respuesta a los vecinos cada vez que solicitaron guardarraid central en la autovía para que los autos no pasen por arriba del cantero y se peguen de frente con el de la pista contraria fue: «no hay plata». La respuesta a poner un semáforo en Buenos Aires y Sarmiento donde se frecuentan choques es «no hay plata».
¿Cómo qué no hay plata?. ¿A dónde va lo que cada conductor en Oberá aporta ya sea mediante las licencias, patentes, multas, etc?. ¿A donde van las tasas comerciales que aportan las empresas ubicadas sobre la avenida de los Inmigrantes hasta el circuito o la Sarmiento que no dejan para un semáforo o un guardarraid?. ¿No deberían ir esos recursos a desarrollar la zona y hacerla más segura?.
La respuesta es a gastos corrientes. Es tal el nivel de déficit que la municipalidad depende de la provincia hasta para poder mudarse el nuevo edificio inaugurado hace 15 meses.
La municipalidad cuenta con más de 1200 empleados para una población estimada de 80 mil personas. El promedio adecuado es de 1/1000, es decir, un empleado cada mil habitantes, sin embargo el municipio tienen más de 1,5 cada mil, arrojando un 50% de sobredimensionamiento.
La coparticipación que recibe el municipio ronda los 25 millones por mes, a veces un poco más. Y la masa salarial más sus respectivos aportes patronales suman unos 25 millones al mes aproximadamente.
Esto quiere decir que todo lo que viene de coparticipación se va en sueldos. La población paga un motón de impuestos federales como IVA, Ganancias, Bienes Personales, sellos, impuestos al cheque, etc (directo o indirecto a través de un producto o servicio consumido); ese dinero va a Nación y regresa en coparticipación a la municipalidad pero apenas alcanza para cubrir sueldos, y no queda para pavimentar una calle. La cantidad de empleados no fue un punto que tocaran alguno de los 19 candidatos a intendente de Oberá en la campaña pasada. Ninguno quiso hablar del gasto público y sus excesos.
A eso se le suman los restantes gastos como mantener el edificio, luz, agua, telefonía, combustibles, vehículos, asistencialismo, etc.
En conclusión, mientras los ciudadanos siguen aportando toneladas de impuestos para mantener altos gastos públicos, padecen servicios deficientes mientras se siguen agregando municipios, pero para el desarrollo no hay plata.
Por último resta mencionar que Argentina es el país con mayor presión fiscal sobre la ganancia del mundo: 106 %, es decir, por cada cien pesos que gana un comerciante, abonó otros 106 pesos de impuestos. Esta presión fiscal es tres veces más que, por ejemplo, la de EE.UU.
Distancia entre Aristóbulo y el recientemente creado mediante la secesión de Salto Encantado.

