Docentes: ¿Por qué necesitamos un bono para garantizar la virtualidad?

MISIONES. Desde la Corriente Nacional Docente Conti-Santoro emitieron un comunicado bajo el título de ¿Por qué necesitamos un bono para garantizar la virtualidad?: 

La implementación de la cuarentena trajo consigo la restructuración completa y caótica de la labor pedagógica. El panorama general ya lo describimos exhaustivamente en el Correo Docente. La pandemia nos obligó, de forma extraordinaria, a reconfigurar el proceso educativo a la modalidad virtual, lo cual expuso una serie de problemas, gestados hace décadas, que describimos en el Aromo. Hoy, a más de cincuenta días de iniciado el proceso, la improvisación oficial sigue. Pero surge con claridad el estado de pobreza y precariedad en el que estamos sumidos los docentes desocupados y ocupados. Los primeros quedaron sin la posibilidad de tomar horas, siendo condenados a las migajas del Ingreso Familiar Extraordinario (IFE) y/o planes de empleo igual de miserables. Por su parte, los docentes ocupados, se encontraron con otras dificultades materiales y técnicas. Como era de esperarse, el gobierno se dio por desentendido. Es hora de exigir lo nuestro.
En una entrevista, Alberto Fernández justificó el recorte de salarios en el sector industrial argumentando que “el que no va a trabajar, hay un montón de gastos que no tiene porque no viaja y no come afuera”. Puras palabrerías de alguien que pretende disfrazar el ajuste a la clase obrera. Veamos la cantidad extra de gastos que acarrea la emergencia para los docentes. A diferencia de lo que sucede con la modalidad presencial, la virtualidad nos exige tecnológica de calidad para garantizar efectivamente la continuidad pedagógica. Lógicamente, la calidad tiene un costo mayor. Pensémonos en el día a día. La presencialidad nos exige ciertos gastos que la virtualidad no: viajes, fotocopias, tizas, borradores, fibrones y otros artículos de librería. Pero la virtualidad, en cambio, nos obliga a contemplar otros tipos de gastos. En primer lugar, poseer una computadora propia y adecuada para crear y compartir contenidos. Al igual que la mayor parte de la clase obrera, muchos contamos solamente con una computadora en todo el hogar. Esa PC suele ser compartida por los otros miembros de la familia que deben cumplir con las clases virtuales. Por si esto fuera poco, una conexión que era razonable para un docente que promediaba doble turno fuera de casa se vuelve obsoleta en el marco de las nuevas tareas. En distintas zonas del país (inclusive CABA y GBA) la conexión que brindan las empresas es irregular. Ni hablamos si se conectan dos o más dispositivos digitales en un mismo hogar, si el grupo familiar tiene esa suerte. Seguramente quien esté leyendo tuvo problemas a la hora de mantener una videoconferencia ya sea para reuniones, o para dictar alguna clase. Así, una tarea muy sencilla como cargar material a una plataforma digital o dictar una clase de una hora, suele volverse una odisea por el colapso de la red. El docente que pudo, para sobrevivir, se está endeudando para adecuar su propia computadora y pagar una mejor conexión. Por otro lado, los gastos en papel no desaparecen: el docente debe imprimir los trabajos de sus alumnos para corregir cientos de trabajos lo que hace que los gastos de librería no disminuyan. Un rubro -el material didáctico de la presencialidad- no reemplaza a otro -el que ahora exige la virtualidad.
A su vez, estar más tiempo en casa, insume mayores gastos en luz, gas y demás servicios. Analicemos, sino, cuantas horas mantenemos encendida la computadora, la calefacción, y todos los artículos del hogar que precisamos para estar medianamente cómodos. Con la presencialidad, estos problemas no emergen por una razón muy sencilla: la mayoría de nosotros suele trabajar al menos dos turnos para llegar a fin de mes. La carga diaria habitual conlleva pasar largas horas fuera de casa y utilizar los recursos digitales a modo de complemento. En esta nueva etapa, lo que era un gasto “extra” es hoy central y debe, necesariamente, ser reconocido por la patronal: en el trabajo a domicilio es el patrón el que debe garantizar las materias primas para desarrollar la labor. Por eso, la exigencia de un bono que reconozca los mayores gastos en los que incurrimos y la dotación de una computadora de calidad para cada docente es un reclamo de primer orden.
Ante esta realidad, el gobierno se da por desentendido o actúa directamente como recién llegado. En primer lugar, suponen que todos los docentes poseen computadora propia y conocimientos técnicos sobre herramientas digitales. En ese sentido, no se preocupan por garantizar el acceso masivo a computadoras e internet de calidad. En la última reunión con los gremios que integran la Paritaria Nacional Docente, trascendió que se tocaron algunos de estos temas, pero no hubo muchas definiciones al respecto. Ambas partes coincidieron, con razón, que la virtualidad aumentó la sobreexplotación y que no todos los docentes y alumnos cumplan efectivamente con las clases virtuales. La conclusión era obvia: hacen falta más docentes y esos docentes efectivamente existen. Sin embargo, la única propuesta certera por parte del ministro Trotta fue negociar créditos para acceder a una computadora. Es insólito. En los últimos años, todos los gobiernos se llenaron la boca hablando de los logros en materia digital. Sin embargo, la realidad mostró que lejos estábamos de las computadoras para todos.
Estamos en un momento clave. La inflación se acelera a pasos agigantados, devorándose los pésimos aumentos salariales que arreglaron los gremios. A esto se le suma la profundización del desempleo, las suspensiones en los pagos (valga como ejemplo el caso de Chubut) y la amenaza de recortes salariales (algo que comenzó en varias partes del país como en CABA). El gobierno demostró que pretende seguir actuando “como si” garantiza la virtualidad. Nosotros no podemos caer en el impresionismo y la imposibilidad. Queremos educar. Pero para lograrlo, necesitamos todos los insumos adecuados para llevar a cabo la tarea.

La Corriente Nacional Docente Conti-Santoro exige:
• Bono extra mensual y retroactivo para cubrir los gastos en insumos tecnológicos, internet de calidad y mayores costos de los servicios utilizados.
• Dotación a cada docente de una computadora de calidad para garantizar las herramientas para el trabajo a distancia.
• Recomposición histórica del salario. Salario inicial igual a dos canastas básicas totales.
• Reapertura del Plan Conectar Igualdad. Cada alumno debe recibir una computadora de todas las modalidades y niveles.
• Incorporación inmediata de todos los docentes desocupados dentro del circuito formal para cumplir tareas pedagógicas.

Corriente Nacional Docente Conti-Santoro de Razón y Revolución
12/5/2020