Las familias ya deben 3 sueldos a los bancos y el atraso en los pagos es el mayor desde 2009

ECONOMÍA. Por la crisis, son cada vez más los que no están al día con las cuotas y las tarjetas. Las altas tasas de interés agravan la situación.

Para acceder a la casa propia, para hacerle reparaciones o para equipar el hogar con muebles y electrodomésticos. También para cambiar el auto por un cero kilómetro, para organizar una fiesta de 15 o para veranear en el destino soñado. Para esos y muchos otros proyectos, entre 2006 y mediados de 2018, millones de argentinos les pidieron plata a los bancos, a través de las tarjetas y préstamos como los personales, los hipotecarios y los prendarios.

Quedaron endeudados, respecto de sus ingresos, al mayor nivel en al menos 14 años, seguramente sin prever que luego llegaría la crisis económica. Y que lo que parecían “cómodas cuotas” se volverían, para muchos, saldos imposibles de pagar en los plazos previstos, obligándolos a incurrir en altísimos costos financieros para conseguir un poco más de tiempo.

Según los cálculos más recientes al respecto del Banco Central de la República Argentina (BCRA), actualizados a marzo, desde fines de 2018 las familias del país pasaron a arrastrar una deuda equivalente a 3,2 meses de sus salarios netos. De ese total, 2,4 sueldos de deuda (tres cuartas partes) se originaron con “tarjeteo” y la toma de préstamos personales; y otro 0,7, con hipotecarios y prendarios.

En comparación, en años como 2015 y 2010, las familias les debían a los bancos 2,4 salarios en promedio. Y en 2005, sólo 1,8 salarios, casi la mitad que lo actual. El endeudamiento de los hogares, según publicó el Central en su último Informe de Estabilidad Financiera, pasó en diciembre de 2018 a representar la cuarta parte (25,7%) de todos sus ingresos anuales, cuando hasta junio de 2016 era el 20,1%.

Eso es en promedio. Pero, al analizar a los argentinos en función de su nivel de ingreso, el mayor nivel de endeudamiento aparece en el 10% que menos gana: en ese grupo, el dinero pendiente de devolución pasó a representar un 46,7% de sus ingresos anuales, cuando dos años y medio antes era el 33,9%.

Todo esto no sería, de por sí, un problema. De hecho, según consideró el Central, “el nivel de endeudamiento agregado de las familias argentinas es bajo” frente al de otros países de la región, ya que sólo equivale al 8% del Producto Interno Bruto. Lo que sí es un problema, y preocupa cada vez más, son las crecientes dificultades de la gente para tener al día los pagos de sus créditos, en un contexto de recesión, pérdida de poder adquisitivo, pérdida de empleos y tasas de interés muy elevadas.

Según datos del BCRA, la tasa de morosidad de las familias lleva tres años y medio de crecimiento sostenido y acaba de trepar al nivel más alto desde noviembre de 2009, impulsada muy especialmente por los atrasos en el pago de las líneas personales y los plásticos.

En 2015 sólo un 2,1% de esos préstamos para consumo estaba en situación “irregular” (con atrasos graves, de al menos 90 días). Pero hacia 2018 la tasa superaba ya el 4%, este año lo inició en 4,7% y desde mayo pasó a niveles del 5,4% y 5,5%.

Se trata de porcentajes que, otra vez, resultan mucho más altos entre los sectores de menor poder adquisitivo. Según un análisis del BCRA, dentro del 20% de la población que menos gana, en diciembre ya estaba en mora grave cerca del 12% de los préstamos personales tomados, el 7% de los contraídos con tarjetas de crédito bancarias y casi el 20% de las compras con plásticos no bancarios. Todo indica que esos niveles se habrían elevado desde entonces.

Las tasas de “irregularidad” no incluyen, desde luego, a muchos otros consumidores que están con atrasos menores a 90 días. Ni tampoco a quienes aceptan los planes de refinanciación que los bancos y las tarjetas les ofrecen a sus clientes para aliviar su situación, “estirando” los plazo de pago.

El problema es que estos “reperfilamientos” no están baratos: según relevó Clarín, hacer el pago mínimo de la tarjeta puede hoy tener un costo financiero total cercano al 200% anual en bancos de primera línea, y de hasta un 300% en los plásticos no bancarios. Con lo cual, no es menor el riesgo de que la persona, pronto, caiga otra vez en mora.

Distintos bancos consultados confirmaron el fenómeno y contaron que, ante la situación, debieron restringir las condiciones de acceso al crédito y salir de forma más temprana a buscar a los clientes “en riesgo”, para evitar que se vuelvan “irrecuperables” (ver aparte).

“La tasa de mora de nuestra cartera subió más de un 60% en el último año. Se da incluso con gente que mantiene el empleo, pero no está llegando a fin de mes, en especial en sectores medios y bajos. Gente que pagaba todo el resumen pasó a hacerlo a medias, los que pagaban la mitad pasaron al mínimo, y eso, al actual nivel de las tasas, deriva en casos de incapacidad de pago”, contaron en un banco privado, que pidió no ser identificado.

La preocupación también se siente en las entidades de usuarios. “Las consultas y reclamos por deudas se nos triplicaron en los últimos cuatro meses. Llega gente manifestando que ya no puede pagar más”, contó Sandra González, presidenta de Adecua.

“Los reclamos por deudas se incrementaron en especial a partir de mayo. Mucha más gente nos pide asesoramiento porque no llega a pagar lo que debe y no les ofrecen planes de refinanciación acordes a su capacidad de pago”, coincidió Claudia Collado, titular de Adelco.

“La gente -planteó González- entra en una situación de la que es muy difícil salir. También porque los bancos derivan sus casos a estudios que los persiguen por todos lados y los mandan al Veraz, obligándolos así a caer en créditos online o a sola firma con tasas aun más altas”, agregó. “Así, la ‘bola de nieve’ va creciendo y ya no la pueden frenar”, lamentó.