La historia de Misiones demuestra todo lo contrario.
Hoy en día, cada vez que se habla de proyectos de inversión privada extranjera o de venta de tierras en Argentina, aparece un sector de la política gritando que «se pierde soberanía» o que somos «cipayos». Pero ese discurso ignora por completo nuestra propia historia. Si queremos entender cómo se hace patria y se aseguran las fronteras, solo hay que mirar cómo se pobló el norte de Misiones.
Para desarmar el relato, vayamos a los números:
El error fundacional (1881):
Antes de que Misiones fuera un Territorio Nacional, el gobierno de Corrientes vendió de un plumazo 2.101.936 hectáreas (sí, más de 2 millones, ¡dos tercios de toda la provincia!) a un puñado de 30 familias adineradas de Buenos Aires. Eran latifundios vacíos, sin gente, sin caminos, sin producción. Tener la tierra en manos de «argentinos» que vivían a mil kilómetros no garantizaba soberanía, solo garantizaba una selva vacía y vulnerable frente a Brasil y Paraguay.
La solucion vino del capital extranjero y privado:
La verdadera soberanía llegó a partir de 1919, cuando compañías colonizadoras privadas —muchas de ellas extranjeras— compraron enormes porciones de esa selva impenetrable para fundar las ciudades que hoy conocemos:
Compañía Eldorado: El alemán Adolfo Schwelm adquirió unas 67.000 hectáreas a orillas del Paraná. Loteó, abrió picadas, y trajo colonos alemanes, suizos y daneses con sus propias herramientas.
Compañía Colonizadora del Norte S.A.: De origen polaco, compró más de 58.000 hectáreas en el departamento Iguazú para fundar las colonias Wanda y Gobernador Lanusse.
Compañía Colonizadora Alto Paraná: El alemán Carlos Culmey fundó Puerto Rico y Montecarlo atrayendo colonos desde Brasil.
Grupo Bemberg: Adquirieron decenas de miles de hectáreas más al norte para establecer lo que hoy es Puerto Libertad.
¿Venderles esas cientos de miles de hectáreas a extranjeros significó perder soberanía? ¡Absolutamente no!
Acá está la confusión de quienes mienten hoy: confunden la propiedad privada con la jurisdicción del Estado. Que una empresa alemana o polaca compre un campo no significa que ese pedazo de tierra deje de ser argentino.
Sobre cada una de esas hectáreas vendidas, el Estado Nacional siguió cobrando impuestos, la policía argentina mantuvo el orden, se aplicó la ley penal nacional y, lo más importante, se instaló la escuela pública para que los hijos de esos gringos y polacos hablaran español y cantaran el himno. Incluso cuando el Estado sospechó de las intenciones geopolíticas de la compañía polaca de Wanda, intervino y la auditó sin problemas. El poder siempre lo tuvo Argentina.
La soberanía no se defiende dejando millones de hectáreas improductivas por miedo a la inversión. La soberanía se ejerce poblando, produciendo y aplicando la ley.
Quienes hablan de «entregar la patria» frente a la inversión actual, deberían repasar cómo se construyeron los pueblos más prósperos del Alto Paraná. Sin capital privado, sin inmigrantes y sin esas enormes ventas de tierras, Misiones no tendría pueblos. Ni hablas de los miles de inmigrantes que pudieron adquirir sus chacras y poder plantar y dar alimento a sus familias. Los políticos de Misiones parece que les agarra amnesia y se olvidan que todos tienen un inmigrante que vino a hacer patria en Argentina Comprando tierra (invirtiendo en el país)
Por Oleksander Pawluk
