Desde 2015, cuando empecé a meterme de lleno en el mercado de capitales, tuve que hacer una docencia enorme con mis clientes. La inflación ya empezaba a comerse los ahorros y la mayoría de la gente tenía la plata quieta en la caja de ahorro, perdiendo contra la inflación todos los días sin darse cuenta. Fue un trabajo arduo convencer a empresas y personas físicas de que el dinero a la vista es una pérdida permanente. Empezamos a colocar los saldos en fondos que remuneren de un día para el otro, en cauciones, para que la plata siempre esté trabajando.
Pero había un problema que volvía una y otra vez. Cada vez que devolvíamos los saldos a una cuenta bancaria, aparecían las retenciones bancarias misioneras. Un escándalo. La provincia retenía dinero de contribuyentes de todo el país, incluso de personas que ni siquiera estaban inscriptas en Rentas. Y para pedir la baja o la devolución había que atravesar una burocracia interminable, que tardaba meses.
Pero lo más grave no era la burocracia. Era el negocio financiero que hacía la provincia con ese dinero retenido. Con la inflación del 2021 y 2022 disparada, cada peso retenido y no devuelto le generaba una ganancia enorme al Estado provincial, porque ese dinero no se remuneraba. Era plata incautada a tasa cero. Un robo disfrazado de régimen tributario.
Hoy el nuevo director de la Agencia Tributaria esbozó que la deuda acumulada con los contribuyentes ronda los tres o cuatro «cajas». Si estamos hablando de presupuestos mensuales, ¿eso es cerca de 700 millones de dólares?. Y esa deuda sigue siendo a tasa cero. Todos los que tienen ese dinero retenido siguen perdiendo plata hoy mismo.
Todo ese costo no desaparece. Se traslada. El comerciante que sufre las retenciones, que durante años también pagó la aduana paralela, necesita trasladar eso a sus precios para seguir siendo rentable. Y así el sector privado misionero quedó siempre estancado, aplastado por una carga que pocos ven pero todos pagan.
La medida de hoy, eliminar las retenciones sobre billeteras digitales y transferencias de monotributistas pequeños, es un paso. Bienvenido. Pero hay que entender que es muy poco y llegó muy tarde.
Lo que más me llama la atención es otra cosa. Cada vez que el gobierno de Misiones presenta el presupuesto, resalta con orgullo el porcentaje alto que le destina a lo social. Y no se dan cuenta de que eso, después de 25 años, es la confesión del fracaso. Si después de un cuarto de siglo seguís necesitando sostener a la gente con asistencia, algo está muy mal en el modelo. El momento pide a gritos bajar impuestos, desregular, desburocratizar, y darle libertad al sector privado para invertir, contratar y producir. Es el sector privado el que va a sacar a la gente de la pobreza dando laburo, no el Estado repartiendo. Y mientras Misiones no lo entienda, vamos a seguir viendo a nuestra gente cruzar a Brasil y Paraguay a buscar el trabajo que acá no consiguen.
Por Diputado nacional Diego Hartfield
