Si tengo una manta corta y me tapo la cabeza, me destapó los pies y si me tapo los pies, me destapo la cabeza. Desde hace muchas décadas la Argentina tiene el problema de la «manta corta» en economía. Pasaron muchos gobiernos, tanto democráticos como dictaduras militares y el dilema sigue siendo el mismo: la imposibilidad de desarrollar una economía sana y sustentable.
Gobiernos de tipo populistas o pseudo socialistas que privilegiaron siempre la estimulación del consumo por medio del gasto público, llevaron una y otra vez al país a la bancarrota. La idea era cubrir con la manta la microeconomía para establecer un estado de bienestar (aunque efímero) , destapando la macroeconomía, la que propone vivir de acuerdo a lo real, a mantener un equilibrio fiscal que no desemboque en inflación y decadencia y estabilizar el país. Algunos a lo largo de la historia intentaron tibiamente esta última opción, porque claro, es la más difícil y traumática. Porque no se «reparte la torta» para la fiesta y el que lo hace se transforma en el malvado ajustador; el que viene a recortar los gastos y terminar con la farra a consecuencia de lo que dejaron los despilfarradores ( llamense desordenadores fiscales seriales) para ser mas elegantes.
En la actualidad la Argentina vive un momento bisagra, en el que un outsider de la política decidió que había que dar una vuelta de página a la triste y repetida historia. Primero desplegando una batalla cultural de varios años en los medios y redes sociales y después poniéndola en práctica. Ha decidido usar la manta para cubrir primero la macroeconomía, para dar sustentabilidad. Eso sin duda es traumático porque la manta es corta y se «destapa» la microeconomía, la de todos los días, y obliga a sacar fuerzas extras, buscar ideas para sobrevivir, porque ya no está el «papá Estado» para hacerse cargo de las decisiones de los ciudadanos ni protegerlos subsidiando su supervivencia. La promesa es que con una «macro» fuerte, en algún momento repercutirá en beneficio de la «micro». Esperemos que sea así…. que de una vez por todas podamos alargar la manta.
Por Nicolás Aguilar
