Como todo ególatra enfocado en la acumulación de poder, Rovira no previó su retiro y hoy se marcha de la peor manera.
A diferencia de cualquier otro exgobernador, jamás podrá recorrer las calles de Misiones sin ser señalado como corrupto.
Quizás no vaya preso tras haberse transformado en multimillonario sin registrar actividad privada alguna, pero la condena social será inapelable.
El Diccionario de la Lengua Española define al “autócrata” como una persona que ejerce por sí sola la autoridad suprema en un Estado, y cuyas decisiones no están sujetas a restricciones legales ni a mecanismos de control popular. Si quienes hasta ayer lo llamaban «conductor» hoy lo desechan, es porque la sociedad misionera dijo basta.
Basta de sometimiento. Basta de un puñado de enriquecidos a costa de una sociedad empobrecida y con necesidades de todo tipo.
Misiones debe construir nuevos liderazgos democráticos, republicanos y honestos para dejar atrás, definitivamente, los años oscuros del rovirismo.
Escribe el ex diputado provincial por la UCR, Gustavo González
