No es “normal” que la luz se corte en cualquier momento. Ni que los caños que transportan el agua de red vivan rompiéndose. Tampoco es normal que el intendente de la ciudad “se borre” y no dé explicaciones, ni que alguien que se haga llamar periodista no se las pida y que los que la van de opositores no hagan otra cosa que silencio. Es inaceptable que, cómo en la película “El día de la marmota”, haya una rutina insoportable.
Es difícil precisar si existe un modo de lograr que la sociedad obereña deje de ser tan conformista y se largue a la aventura de intentar vivir mejor.
Es insufrible ver y oír al alcalde Hassan ser un mero administrador del “no pasa nada”. Y que en cada comicio vuelva a triunfar ese modo de gobernar que es hijo de un modo de vivir.
No te pueden cortar la luz porque llueve un poco. Ni en Ucrania, que vive una guerra hace cuatro años, la cortan tanto como en Oberá.
No puede ser que el intendente ande por la ciudad como un turista y declare banalidades cuando ni él ni su partido, que lleva más de dos décadas gobernando, no supieron solucionar ni uno solo de los muchos problemas que hay.
No puede ser que Oberá, políticamente, hoy sea un barrio de Posadas. Y es de cuarta tener una oposición fantasma.
“Muere lentamente quien se transforma en esclavo del habito, repitiendo todos los días los mismos senderos, quien no cambia de rutina…”, escribió Pablo Neruda.
Cada día en esta Oberá rutinaria parece eso.
Una forma de morir lentamente.
Walter Anestiades
