Por Paola Wojtowichz
Mientras un grupo de docentes cortaba la ruta reclamando lo básico —un salario digno para no seguir cayendo en la pobreza—, el gobernador Hugo Passalacqua se mostraba sonriente lanzando la 39ª Fiesta Provincial del Docente. Una postal que desnuda la hipocresía del poder: celebran con música, reinas y espectáculos a quienes, en la vida real, están condenados a la miseria por las mismas decisiones políticas que hoy maquillan con globos y discursos emotivos.
Decir que “mi alma docente también está ahí” mientras se les niega aumentos reales a 31 mil maestros que sostienen la educación misionera es casi un insulto. Porque la realidad es clara: un maestro que recién empieza en Misiones cobra alrededor de $280.000, cuando la canasta básica total supera los $690.000 para una familia tipo. Es decir, un docente que trabaja todos los días, que planifica, enseña, contiene y hasta pone de su bolsillo para comprar materiales, ni siquiera llega a cubrir la mitad de lo necesario para no ser pobre.
Mientras tanto, la inflación pulveriza lo poco que reciben. Los docentes vienen reclamando hace meses la actualización del salario básico —que ronda apenas los $90.000—, el más bajo de la región, lo que impacta directamente en sus jubilaciones y en el bolsillo de quienes acumulan años de servicio. No es casualidad que las marchas, cortes y acampes docentes se multipliquen en toda la provincia: detrás de cada guardapolvo blanco hay una familia que no llega a fin de mes.
En ese contexto, la fiesta se transforma en una burla. Un escenario con luces importadas, bandas extranjeras y reinas elegidas, mientras las aulas se caen a pedazos y los maestros deben salir a la ruta a reclamar lo que por derecho les corresponde. Reconocimiento no es un aplauso desde el palco ni un almuerzo con autoridades; reconocimiento real es un salario digno, jubilaciones justas y escuelas en condiciones.
Campo Grande se convertirá por unos días en “la Capital del Guardapolvo Blanco”, pero ese guardapolvo ya no representa orgullo sino precarización. Porque los docentes no necesitan coronas, necesitan que el gobierno provincial y nacional garanticen que puedan vivir de su trabajo sin tener que mendigar ni exponerse en las rutas.
La paradoja es cruel: el Estado destina recursos para espectáculos, publicidad y shows, pero cuando se trata de salarios docentes la respuesta siempre es la misma: ajuste, promesas vacías y represión encubierta.
Fiesta sin justicia es circo. Y en Misiones, el circo lo paga el hambre de los maestros. Porque mientras el poder se saca fotos brindando en Campo Grande, la tiza, el pizarrón y la dignidad docente siguen siendo víctimas del olvido. Gobernador: con discursos vacíos no se llena la olla.
