Por Paola Wojtowichz
Mientras más de la mitad de Misiones sobrevive bajo la línea de pobreza, el vicegobernador Lucas Romero Spinelli aparece en los medios locales con cara de preocupación a decirnos que “no se otorgan aumentos porque no se puede”. Pero, ¿con qué cara lo dice? ¿Con la misma que su partido acompaña las leyes de ajuste de Milei en el Congreso? Porque si apoyan el recorte de fondos a las provincias, entonces no es que no se puede: es que no se quiere.
El cinismo alcanza niveles escandalosos cuando el mismo gobierno que niega aumentos salariales a docentes y estatales, ofrece como “alivio” un crédito con el Banco Macro al 57% anual en 60 cuotas. Es decir, una trampa de endeudamiento a cinco años, justo cuando la inflación viene bajando. Eso no es alivio. Es entregar a los trabajadores como rehenes al sistema financiero, mientras el Estado se desentiende de su obligación básica: garantizar sueldos dignos.
Spinelli dice que “la gente no compra porque no alcanza la plata” y que cruza a Paraguay “porque es más barato”. Pero se cuida muy bien de no mencionar la carga impositiva brutal de las aduanas internas de la ATM, que encarece productos, castiga al comercio local y empuja el consumo hacia afuera. ¿Quién es el responsable de esa política? La Renovación, que gobierna Misiones hace más de 20 años.
Y mientras dicen que “no hay margen” para aumentos salariales, la realidad muestra lo contrario:
Docentes siguen cobrando salarios por debajo de la canasta básica, obligados a aceptar créditos para llegar a fin de mes.
Se gastan millones en pauta oficial, actos, publicidad institucional y redes sociales para maquillar la realidad.
Funcionarios cobran viáticos, sueldos de privilegio y manejan estructuras paralelas con cero control ciudadano.
El INYM está siendo vaciado, los pequeños productores yerbateros están quebrando, y nadie del gobierno mueve un dedo.
Spinelli ahora intenta posicionarse como crítico del gobierno nacional en los medios locales. Pero sus diputados votan a favor del DNU, la Ley Bases, la entrega del litio, la reforma laboral y el ajuste a las provincias. Eso no es ignorancia. Eso es complicidad política disfrazada de oposición oportunista.
Datos reales que desmienten el relato:
Misiones es la 4.ª provincia con mayor pobreza infantil del país.
Más del 50% de los niños y niñas viven en condiciones de pobreza.
El salario inicial docente no cubre ni una canasta básica individual.
En el interior, la atención en salud es precaria y muchas escuelas rurales siguen sin agua potable ni infraestructura adecuada.
Los programas “Ahora” apenas subsidian el consumo a corto plazo, pero no resuelven los problemas estructurales
¿Por qué hay millones para propaganda, pero no para salarios justos?
¿Por qué no se tocan los privilegios políticos, mientras se ajusta al pueblo?
¿Dónde está el dinero que antes venía de Nación? ¿Quién lo administra? ¿Quién lo controla?
¿Cuánto más se va a sostener este modelo de ajuste hacia abajo y beneficios hacia arriba?
El vicegobernador nos dice que “no se puede”, como si su gobierno no tuviera nada que ver con la miseria que él mismo describe. Pero cuando durante décadas se priorizan negocios, cajas políticas y marketing electoral por encima de los derechos, el resultado es este: hambre disfrazado de crédito.
No se gobierna con excusas ni con endeudamiento. Se gobierna con justicia, con ética y con el pueblo adentro. Y si no están a la altura, tengan al menos la dignidad de hacerse a un lado.



