Insisten con una moneda común entre Argentina y Brasil: “no tenemos que depender del dólar”

Adquiere cada vez más fuerza la propuesta de una moneda común entre la Argentina y Brasil. En mayo pasado, el por entonces candidato a presidente Luiz Inacio Lula da Silva, perteneciente al Partido de los Trabajadores, declaraba que “no tenemos que depender del dólar”. Incluso, el ex banquero Gabriel Galípolo, actual vice ministro de Economía, y Fernando Haddad, titular de la cartera económica, presentaban en ese momento un artículo firmado fomentando y animando la implementación de este modelo similar al euro denominado «Sur». Tal es el interés de ambos países por crear esta nueva moneda, que el propio Sergio Massa se reunió con su par brasileño y con el vicepresidente electo, Geraldo Alckmin, la semana pasada.  Gustavo Martínez Pandiani, Coordinador Nacional Subsecretario de América Latina y el Caribe, detalló tras la reunión en declaraciones a Télam Radio que «la Argentina y Brasil avanzaron en una agenda común que tiene que ver con el financiamiento a las exportaciones, el comercio bilateral, un gasoducto y el diseño de una moneda común». «Se trataron los temas más importantes de la relación comercial, económica bilateral, especialmente el tema del financiamiento de las exportaciones, del comercio bilateral y, en particular, se habló del tema de la moneda común», agregó.

 «No se está hablando de una moneda única, sino de una común cuyo objetivo central es poder compensar el comercio en una moneda que hasta podría llamarse Sur», explicó el diplomático sobre esta idea de establecer una moneda común para operaciones comerciales. «No sería una moneda que elimine monedas nacionales, sino una creada específicamente para las operaciones de comercio bilateral», destacó.

En su artículo para el diario Folha de Sao Paulo, Galípolo y Haddad destacaron que la capitalización de esta moneda se conseguiría en base a “las reservas internacionales de los países y/o un impuesto sobre las exportaciones de los países fuera de la región”. “La nueva moneda podría utilizarse para los flujos comerciales y financieros entre los países de la región”, señalaron y recalcaron que “los países miembros recibirían una dotación inicial de Sur, según reglas claras acordadas, y serían libres de adoptarlo a nivel nacional o mantener sus monedas, mientras que los tipos de cambio entre las monedas nacionales y Sur serían flotantes”.