EL PENOSO APOGEO DE LA AUTOCENSURA






Se sabe que en el feudo rovirista, donde el republicanismo no tiene jurisdicción, la autocensura se tornó tan misionera como el mate. Eso evita ponerle nombres propios a los responsables del atraso en la provincia. ¿Hay chance de que esa minoritaria parte de la sociedad que se opone a los intereses de Rovira contagie al resto para lograr que las urnas cuenten lo que las bocas callan?

Casi toda protesta en Misiones choca con la fuerte resistencia a ponerle nombres propios a los responsables de los hechos. Así, el sustantivo “policía” reemplaza a Marcelo Pérez, ministro de Gobierno. Otro sustantivo, “justicia”, evita tener que recordar como la falta de la misma no es un castigo divino sino el producto del armado que Rovira y sus cómplices pergeñaron entre diciembre de 2003 y diciembre de 2007, cuando la implementación del sistema feudal quedó firme y con consenso social. La falta de agua y luz es responsabilidad de personas jurídicas (CELO, EMSA, etc.), como si esas empresas fueran administradas por robots y no por dirigentes de carne y hueso. Cuando las estructuras edilicias de las escuelas se vienen abajo (literalmente) no se escucha ni se lee el nombre del ministro de Educación, Miguel Sedoff. Y así con la injusticia que sea. Protestas en las redes sociales, muy pocas veces en las calles, dirigidas a nadie y lejos de impactar en el poder.

El año que viene Misiones elegirá gobernador e intendentes. ¿Qué posibilidades de ganar tiene un candidato opositor si compiten su silencio o su susurro contra el grito del aparato de propaganda oficialista? ¿Qué oportunidad tiene la injusticia de ser reparada si los injustos no tienen nombre?

La autocensura es un aliado muy poderoso de dictadores, autócratas, tiranos y señores feudales.

No hace falta el “apriete” contra nadie. Se aprietan solos.

“De lo que tengo miedo es de tu miedo”, dijo Shakespeare.

Y lo que vota un pueblo con miedo, da más miedo.





Walter Anestiades