Dieron dictamen a un proyecto para tipificar el delito de compra y venta de niños

De la reunión de la Comisión de Justicia y Asuntos Penales del Senado participó Leonardo Fornerón, a quien se le apropió su hija y el caso llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

La Comisión de Justicia y Asuntos Penales del Senado, presidida por Oscar Parrilli (UC-FdT), avanzó este miércoles con el dictamen de un proyecto de ley para tipificar en el Código Penal el delito de compra y venta de niños, de modo de cumplir con una condena que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos emitió contra Argentina a raíz del caso Fornerón.

El oficialismo decidió poner a la firma el despacho, con el compromiso de trabajar en posibles modificaciones de cara al recinto. Los radicales Eduardo Vischi y Carolina Losada -autora de una iniciativa en el mismo sentido- pidieron que volviera a asesores, pero Parrilli ratificó que sacarían dictamen del texto enviado por el Poder Ejecutivo en agosto pasado.

Sobre ese proyecto, la defensora de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, Marisa Graham, sostuvo que “es el más completo”. “Nos satisface mucho que también contemple que serán penados con los mismos montos de sanción cuando no haya una remuneración o precio a cambio”, señaló.

En su exposición, la funcionaria manifestó: “Estamos absolutamente complacidos con que por primera vez en la República Argentina, después de tantos años, se hayan propuesto tipificar la conducta de la compra y ventas de niños”.

Al referirse en particular a la compra-venta de menores “con fines de adopción”, la abogada remarcó que este hecho “es absolutamente irregular e ilegal” y “ha sido un delito que se viene cometiendo hace muchísimos años”.

“Pensar que la adopción, a través de la compra o la apropiación, es una vía para salvarle la vida a los niños de la pobreza no solo es un error o un hecho antijurídico, sino que es éticamente reprochable”, enfatizó.

La defensora aclaró que “la adopción nunca puede ser un contrato entre particulares” y añadió que “las personas recién nacidas nunca pueden ser objeto de una transacción, sea onerosa o gratuita”. “Por eso nosotros necesitamos esta norma”, continuó.

Graham apuntó que la CIDH consideró “inadmisible el caso del señor Fornerón” y por eso “el Estado argentino es condenado, y es bien condenado”. “No es un solo caso, es el caso que llegó a la Corte e hizo que nos condenaran. Hay cientos y cientos de casos”, advirtió.

Además, la funcionaria reclamó que luego de aprobar esta norma, se avance “con otro proyecto de ley que amplíe el delito de trata con fines de adopción”.

En el uso de la palabra, Leonardo Aníbal Javier Fornerón relató que en el año 2000 se enteró que iba a ser padre, momento en el que se puso en contacto con la madre biológica de su hija. “Ella al principio me lo negó, me dijo que no era el papá”, contó y siguió: “Al punto de nacer, ella se va del pueblo y una vecina me llama y me dice que antes de irse le dijo que yo era el padre”.

“Automáticamente empecé la búsqueda para saber dónde estaba. Le pregunté a unas amigas y me dijeron lo mismo. Después de una semana una amiga me llama y me dice que habló con Diana y me comunicó que ella venía para hablar conmigo”, sumó.


Fornerón recordó que charló con la madre de su hija quien le confirmó finalmente que él era el padre, pero al consultarle por la menor, ella sostuvo que “estaba en Buenos Aires en la casa de una tía”, y agregó: “Yo le dije que me iba a hacer cargo de mi hija, pero ella no quería”.

“Esto fue un sábado que charlé con ella. A los dos días me presenté ante Defensoría y manifesté lo que ella me había dicho que se había comprometido a traerme a la nena. La defensora me dijo que tenía que esperar hasta el miércoles y ahí yo me podía hacer cargo de mi hija”, continuó con su relato.

En esa línea, precisó que la Defensoría los citó a ambos, pero la mujer pidió conversar en privado con la defensora, quien luego le manifestó que ella le dijo que él no era el padre y contó: “Yo le dije que a mi hija la quiero. Nos dieron una copia de lo que había declarado, salgo la leo y decía que ella había venido a Buenos Aires, que había dejado a la nena en la casa de una tía. Que no recordaba el domicilio”, momento en el que se preguntó: “¿Cómo no vas a recordar el domicilio donde dejaste a tu hija?”.

Con una voz quebrada al borde de las lágrimas, Fornerón continuó relatando que pasó por un estudio de abogados que, hasta el día de la fecha, siguen siendo sus abogados. “Le consulté, le volvimos a hacer una petición a la defensora donde se pidió que se la vuelva a indagar y diga el domicilio exacto de dónde había dejado a la menor y que por intermedio de la policía se constatara en qué condiciones estaba”.

“Cuando me llama la defensora, ella había cambiado completamente su testimonio. Había dicho que la dejó en la ciudad de Victoria. Que la había tenido ahí y la había entregado para futura adopción. La defensora me dijo que antes de que pase más el tiempo íbamos a hacer el reconocimiento de mi hija. Al mes y dos días de que ella nació pude hacer el reconocimiento. Cuando tuve la partida de nacimiento, que me tardó 40 días, hicimos la presentación para que se me restituyera de que yo me iba a hacer cargo de la nena y la iba a criar”, explayó.

En tanto, agregó que a raíz de esa presentación “los padres adoptivos que tienen a mi hija se presentaron porque querían hablar conmigo. Me dijeron ‘vos pedime lo que sea con tal de dejarme a la nena’, yo les dije que no les iba a pedir nada, yo quiero a mi hija”. Asimismo, contó que el abogado de la familia adoptiva le volvió a solicitar pruebas de ADN, pero “siempre por intermedio de la justicia porque ellos querían hacerlo de forma privada”.

“El juez me citó en Victoria y lo primero que me planteó es un régimen de visita y que la nena cuando sea grande decida con quién quiere estar”, contó acongojado y siguió: “Yo me negué, yo quería criar a mi hija porque las posibilidades de ver a mi hija con un régimen de visitas iban a ser de una vez al mes”.

Además, Fornerón relató que había pedido que ambos se sometan a la prueba de paternidad porque “yo no la vi nacer a mi hija. Me pueden traer a cualquier bebé y me da negativo, pero a la madre no. Entramos en una discusión con el abogado, y el juez determinó que ambos nos hacíamos la prueba, pero la bebé siguió estando con esa familia”.


“El 24 de noviembre me dieron la prueba de ADN y empecé a exigir la tenencia de mi hija, pero empezó la feria judicial y tuvimos que esperar. Después de eso, el juez pidió un perito psicológico para que dijera qué daños podría tener la menor al pasar de una familia a la otra, pero la perito no me citó, no vio a la nena, solo lo hizo por biografías y concluyó que el cambio iba ser perjudicial para la menor siendo que tenía a penas 6 meses”, explayó en su relato y agregó que “el juez se había comprometido a darme a mi hija si el ADN daba positivo y no lo hizo”.

En esa línea, expresó que la primera sentencia que salió sostenía que no se le otorgaba la tenencia de su hija porque “era padre soltero, que mi hija no contaría con una figura materna, que perdería el vinculo materno, y que era pobre de bajos recursos y que no iba a tener la misma calidad de vida”.

“Mi madre…” quiso seguir con su relato Fornerón, pero la tristeza y la angustia de recordar su lucha le enmudecieron la voz, por lo que tuvo que humedecer su garganta con un sobo de agua para continuar: “Mi mamá se presentó ante el juez con una amiga diciéndole que, si no me la entregaban a mí, ella se iba a hacer cargo de su nieta”.

Las lágrimas en los ojos comenzaron a caer y la voz del invitado cada vez se pausaba más, tal era la emoción del relato que la senadora oficialista María Eugenia Duré se levantó de su silla y se retiró por un momento porque tampoco pudo contener el llanto.

Luego de secarse las lágrimas con un pañuelo, tomó aire y siguió: “Mi mamá le dijo que ella le daría un hogar, pero el juez le contestó que ella no tenía nada que ver y hasta el día de hoy no la conoce”.

“A raíz de esto hicimos una apelación como correspondía. Los siguientes pasos era la Cámara que en su momento me dio el fallo favorable, pero ellos apelaron y el Tribunal Supremo me negó la tenencia de mi hija. Ahí fuimos al nivel internacional que me ayudó mucho una fundación. Yo hoy no tengo vínculo con mi hija porque desde que es mayor de edad me pidió tiempo. Quedó en mandarme un número de teléfono que jamás me lo pasó hasta el día de hoy. Hace 22 años y 4 meses que estoy esperando el juicio por todos los culpables y responsables de que hoy mi hija no está conmigo. Yo la sigo esperando y con los mismos pensamientos de tenerla y criarla. Formé una familia y tengo cuatro hijos”, cerró su relato entre lágrimas Fornerón.