En solo dos años, la deuda argentina que se ajusta por la inflación se disparó casi 160% en dólares

En un extenso hilo por la red Twitter el ministro de Economía, Martín Guzmán, buscó este viernes endilgarle a la oposición -por su rechazo del proyecto de presupuesto 2022 que la exmayoría oficialista había dejado dormir tres meses en el Congreso- un eventual fracaso en la negociación con el FMI.

“Significa rechazar la programación macroeconómica que viene siendo la base de las negociaciones con el FMI para refinanciar la deuda absurda y dañina de USD 44.000 millones que tomó el mismo espacio político que hoy ‘volteó’ el presupuesto. Y claro, afecta las negociaciones”, escribió un muy picante y político Guzmán.

El rechazo del presupuesto, dijo luego el propio presidente Alberto Fernández, en un intercambio virtual con la directora del FMI, Kristalina Georgieva, es “un problema inesperado”.

En verdad, a la negociación la complica más el choque entre la evolución de las variables y lo que estaría dispuesto a firmar el Fondo, habituado a la ortodoxia fiscal y monetaria. Ortodoxia que lo llevó hace una semana a emitir un comunicado en el que reconoció por primera vez “avances” en la negociación pero también a explicitar condiciones como una política cambiaria “sostenible”, un aumento de reservas del BCRA y tasas de interés reales positivas (esto es, superiores a la inflación).

Inercia complicada

La colisión entre la actual inercia y la posición del Fondo que, se suponía, Guzmán habría superado en las decenas de viajes y reuniones que mantuvo con el Staff y la cúpula del organismo es un obstáculo mucho más importante que la aprobación de un presupuesto con proyecciones tan fantasiosas. Difícilmente el FMI considere creíble una disminución de casi 20 puntos en la tasa de inflación si se empieza a dejar de lado el retraso del tipo de cambio oficial respecto del ritmo de aumento de los precios, a recortar la masa de subsidios (en especial a la energía, lo que implica un aumento, aunque fuere “segmentado”, de tarifas) y se vuelve a actualizar el precio de los combustibles. Aún más improbable es que crea que dentro de un año el dólar costará $ 131 y que aun así el BCRA ganará reservas.

Guzmán se choca consigo mismo cuando –recurso político al fin- menciona la deuda “absurda y dañina de USD 44.000 millones” con el Fondo. Como informó Infobae, al 30 de noviembre pasado la deuda pública en cabeza del Tesoro aumentó en USD 40.215 millones, a 353.514 millones, de los que 72% (más de USD 254.500 millones) son en moneda extranjera. Si se suma la deuda del BCRA por los llamados “pasivos remunerados” (Leliqs y Pases que la entidad coloca a los bancos para “absorber” parte de los pesos que emitió y evitar que la inflación sea aún más alta), aun neteando la que el Tesoro le debe a la autoridad monetaria, la deuda pública total llega al equivalente a USD 379.392 millones.

Voceros del Gobierno podrán argumentar que también se pueden netear otras deudas (a la Anses, el BNA, el PAMI) y que buena parte del aumento de la deuda en moneda local, vía el “financiamiento neto positivo” del que se jacta Guzmán cada vez que emite deuda nueva en exceso de la que vence, es en pesos, pero difícilmente convenza al Fondo que así las cuentas vayan a encarrilarse.

Fuente: Infobae