LA LEYENDA DEL BRUTO

Cuenta una leyenda que “El Ignorante” se casó con “La Soberbia”. Y tuvieron un hijo, que fue “El Bruto”.
En el editorial publicado en Infóber Digital con el título “La lista a la que hay que Botar”, aparecieron comentarios de ignorantes que lo son porque no leen. No son ni pobres ni marginales y tuvieron chances de estudiar. Tienen celulares caros pero la pereza mental no les permite usarlos para algo culturalmente más provechoso que ponerse a opinar sobre artículos que ni siquiera se toman el trabajo de ojear a ver de qué se trata. Cualquiera puede buscar en Google una palabra y al instante saber su significado y el modo en que se escribe. No. Miran la fotito, el titulito y opinan. Son parte de una involución difícil de digerir.
No conocen la diferencia entre “votar” y “botar” porque, al no leer, aprendieron las palabras por oírlas y no por haberlas visto escritas. Por eso tienen una ortografía asquerosa. Pasa en todo el país y eso, lejos de dispensar a nadie, es patético.
Hay todo un sistema montado para que esa ignorancia sea disculpada y hasta reivindicada. En resúmen: opinan sin leer el texto del que opinan, escriben pésimo y la van de pillos cuando son unos tristes palurdos.
Todos somos ignorantes. De hecho, lo que no sabemos le gana por goleada a lo que sabemos. Pero provoca nostalgia recordar lo que pasaba antes.
Cuando no saber, daba vergüenza…
 
Por Walter Anestiades