Sputnik V: componente 2 para uno de cada cinco vacunados y al resto Cansino

El contrato firmado en diciembre de 2020 entre Argentina y el Centro Gamaleya fue por 20 millones de dosis contra el coronavirus. El Gobierno puede optar por ampliarlo a 30 millones. El problema, se sabe, son las segundas dosis. Por eso, en los círculos oficiales evalúan apurar una salida de emergencia ante la incertidumbre que esto provoca en millones de personas.

Podría ser una solución, aunque por ahora se desconoce a ciencia cierta la seguridad del “parche” en evaluación en pos de resolver una crisis que no parece ofrecer demasiadas alternativas.

Esa opción se llama Convidecia, la vacuna unidosis del laboratorio chino Cansino aprobada en el país el último 11 de junio. El Gobierno nacional avanza en la compra de 5,4 millones de dosis que empezarían a llegar entre fines de julio y principios de agosto.

También el gobernador Axel Kicillof anunció la compra de otros 5 millones por parte de la Provincia. Córdoba, Santa Fe, Corrientes y la Ciudad de Buenos Aires motorizan sus propios contratos por hasta un millón de dosis cada uno. En total serían algo más de 14 millones de vacunas.

¿Qué falta para que empiecen a llegar las vacunas de Cansino? Que China habilite al laboratorio a que firme con sus clientes argentinos órdenes concretas de compra. Lo que se ha hecho hasta aquí, según pudo averiguar Clarín, fue un convenio marco con cada administración nacional y provincial.

Luego habrá pedidos puntuales dentro del cupo máximo establecido, según sea la necesidad argentina. Si en el futuro cercano Rusia acelera la entrega de componentes 2, Argentina podría elegir adquirir menos dosis de Cansino. O, también, no inhibir esa demanda y usar el stock remanente como lo que efectivamente es: vacunas de una sola dosis.

¿Cuánto falta para el gobierno chino acepte que se firmen esas órdenes de compra? Que el presidente Xi Jinping concluya en que ya hay una suficiente cantidad de ciudadanos chinos vacunados como para que esas dosis puedan ser exportadas.

“El objetivo que tenían era llegar a 500 millones de personas vacunadas para el centenario del Partido Comunista Chino -1° de julio-, pero ya llevan 800 millones de inmunizados y siguen vacunando”, explicó a Clarín una fuente vinculada a Cansino.

Estas vacunas adquiridas por las provincias podrían usarse de manera federalmente solidaria y aportar al “colchón” que amortigüe el déficit de la Sputnik V. O, en su defecto, el distrito que decida aplicarlas dentro de su propio territorio vería descontada esa misma cantidad de dosis en la distribución de cualquiera de las vacunas que realiza el gobierno nacional.

Complementarias
¿Por qué la Convidecia sería compatible como complemento del primer componente de la Sputnik V, es decir, como sustituto del segundo? Porque está elaborada con el adenovirus recombinante 5, el mismo que es utilizado para elaborar el escaso componente 2 de la vacuna rusa.

Pese a los problemas que ha tenido la producción del segundo componente, algunas dosis han llegado hasta el momento a la Argentina: poco más de 1,5 millón, contra 7,8 millones del primero. Esto significa que por cada componente 2 han aterrizado en Ezeiza cinco componentes 1: cuatro de cada cinco vacunados no tendrían garantizado, si esta relación matemática perdura, su esquema completo.

Es de esperar que las segundas dosis de la Sputnik V sigan arribando al país. En los últimos días ha habido, en reiteradas oportunidades, reclamos oficiales a Moscú para que esto ocurra. Esta semana se espera que un nuevo lote esté disponible para aquellas personas que ya superaron los tres meses desde la aplicación del primer pinchazo.

Lo que no parece probable es que la proporción que se ha venido dando entre primeras y segundas dosis vaya a cambiar demasiado. Simplemente porque las condiciones de producción no varían, los inconvenientes persisten, la fragilidad del proceso de fabricación del componente 2 no se resuelve y Rusia dice que priorizará a sus ciudadanos.

Si se calcula sobre el total del contrato original cerrado con Rusia por 20 millones de dosis, según ha sido esa proporción en las entregas hechas hasta ahora daría un total de 14 millones de esquemas incompletos (o Sputnik Light) y 3 millones de esquemas completos (primer y segundo componente).

El problema es cómo resolver la situación de esos 14 millones de personas que en principio (si no existe un cambio en el laboratorio que altere la ecuación deficitaria) no podrían saldar su inmunización. Casualmente, o tal vez no tanto, la cifra coincide con la cantidad de dosis compradas a Cansino.

Argentina tiene dos caminos: uno sería frenar la aceptación de componentes 1 a la espera de que, en algún momento, Rusia llegue a completar el cupo de 10 millones de dosis dos (la mitad del contrato, tal como estaba estipulado). El problema es qué hacer mientras tanto.

La otra opción sería seguir aceptando las Sputnik Light y complementarlas, entonces, con el desarrollo de Cansino. Las dosis adquiridas entre Nación y las provincias mencionadas, está claro, alcanzarían para cubrir el bache ruso. Haría falta, según ya han dicho expertos a Clarín, un rápido ensayo clínico local que avale esa dirección, dado que no hay antecedentes de esta combinación de vacunas en ningún lugar del mundo.

Ese paso científico sería clave para generar confianza. En el caso de que la Comisión Nacional de Inmunizaciones -eventualmente apurada por los tiempos políticos de un año electoral- tomara una decisión por “presunción de eficacia”, como lo hizo “por analogía” al postergar tres meses las segundas dosis de todas las vacunas (incluida la rusa, sólo porque con la de AstraZeneca se habían confirmado beneficios), el consenso social seguramente no sería el mismo.

Esa eficacia en la combinación de vacunas es un factor clave a tomar en cuenta cuando lo que está en juego es la salud de la población, pero no el único. También interviene el reconocimiento que puedan tener estos combos a nivel internacional. Cabe recordar que la vacuna Sputnik V aún no ha sido aprobada por la OMS y la Unión Europea. Y una combinación de la rusa con la china de Cansino podría sumar complejidad a ese panorama.

Hay expertos que, a la vez, han marcado una postura crítica con respecto a la opción de Cansino como “atajo”, por considerar que sería una dilapidación de recursos: es una vacuna unidosis que bastaría por sí sola para inmunizar a cada persona. Sin embargo, el imprevisto -o la subestimación durante casi 6 meses del déficit ruso- podría imponer esta lógica menos ortodoxa en pos de saciar una sed de inmunidad segura contra el Covid.

Un tercer camino podría aportar algún alivio, pero probablemente no resolver el problema de fondo: el envasado del componente 2 por parte del laboratorio argentino Richmond. El gran “cuello de botella” no es hoy precisamente el envasado del principio activo, sino la replicación segura del adenovirus 5. Que llegue a granel o en viales no modificaría sustancialmente los tiempos.

Recién dentro de un año Richmond podría realizar el proceso completo de producción de la Sputnik V en el país y ahí sí la situación empezaría a tomar otro color. Para eso hace falta construir una nueva planta farmacéutica y transitar la instancia de transferencia de tecnología.

Uno de los grandes misterios es por qué al Centro Gamaleya se le dificulta tanto trabajar con el adenovirus 5 y a Cansino, aparentemente no. Clarín consultó sobre esta incógnita a varios expertos en el tema, que no supieron dar una respuesta. Básicamente porque los secretos de los laboratorios se guardan con celo. Los negocios científicos suelen ser fortalezas insondables.

Sin embargo, la fuente vinculada a Cansino consultada por Clarín dio alguna pista al respecto: “A pesar de tratarse del mismo adenovirus, la tecnología que usa cada laboratorio es diferente. Hay dos variables en juego. La primera es la capacidad de cultivar muchas células para que sean infectadas con ese adenovirus 5. La otra es la velocidad que tiene el vector para replicarse en esas células. Todo depende de la biología molecular y de cómo se ha hecho esa construcción genética”.