La deuda del Banco Central creció y ya supera los $3 billones

A cambio de la recomposición de reservas, el organismo libera pesos al mercado. Para absorberlos, se recurre a la emisión de bonos por los que paga intereses.

En los últimos cuatro meses el Banco Central (BCRA) logró revertir la tendencia que se vio en buena parte de 2020 y compró más de US$3000 millones en el mercado. Ayudado por el cepo -que deprime la demanda de dólares por parte de empresas y particulares- el organismo cierra prácticamente todas las ruedas con resultado positivo y se lleva casi la totalidad del saldo de divisas que liquidan los exportadores. Tal es así que hace pocos días, las arcas del Central volvieron a superar los US$40.000 millones por primera vez desde octubre pasado.
La recomposición de reservas es uno de los principales objetivos para el Gobierno, que sabe que es fundamental mejorar el poder de fuego del Central si quiere lograr estabilidad cambiaria y generar credibilidad entre los agentes del mercado, de modo de dominar las expectativas de devaluación a futuro. Además, una posición más holgada en reservas daría espalda para cumplir con los pagos de deuda del Tesoro con organismos internacionales, como el FMI y el Club de París, y negociar la reestructuración sin urgencias.
Sin embargo, comprar reservas en el mercado no es gratuito para el BCRA. Por el contrario, cada vez que se lleva los dólares de los exportadores debe inyectar pesos a la economía. El mismo efecto tiene cada vez que el organismo debe financiar al Tesoro (este año ya le giró $135.000 millones). La disyuntiva que tiene el organismo es que la demanda de moneda local no va al mismo ritmo que la expansión monetaria oficial; y, aunque en el Gobierno consideran que la inflación es un fenómeno multicausal, saben que el excedente de pesos puede ser un factor disruptivo para los precios y para los dólares paralelos.
La estrategia del Central
“En otro esquema, las compras de reservas tendrían como contrapartida una mayor demanda de pesos porque el BCRA estaría adquiriendo dólares que el sector privado no quiso. En ese caso, no sería necesario esterilizar los pesos. Ese argumento, en el esquema actual no es válido porque el sector privado está imposibilitado de comprar dólares y, además, hay ciertas restricciones a las importaciones. Eso es lo que genera margen para que el Central compre divisas al ritmo que lo está haciendo. Por eso, como no hay demanda de pesos, tiene que esterilizar”, explicó Gabriel Caamaño, socio de Consultora Ledesma.
En consecuencia, el BCRA debe hacer una doble operación: inyecta los pesos para comprar divisas y luego retira el excedente para evitar presiones adicionales sobre la inflación y el tipo de cambio. Para ello, toma deuda con los bancos a través de letras de liquidez (Leliq) a 28 días o pases a 1 y 7 días. Los bancos tienen pesos excedentes y se los dan al BCRA por un tiempo determinado a cambio de una tasa. En el caso de las Leliq, el organismo abona una 38% anual a las entidades. Para los pases, en tanto, paga 32% si son a un día y 36,50% para el plazo de una semana.
Entre esos tres instrumentos de esterilización, la deuda del BCRA suma casi $3,5 billones y el saldo aumentó 20% en lo que va del año. “El stock subió a niveles relativamente altos y no deja de ser deuda de muy corto plazo con intereses que crecen. Es un riesgo porque si los bancos en algún momento no quieren renovar esos pases y Leliq, esa liquidez va a circular por el sistema financiero y puede terminar presionando en la brecha cambiaria”, consideró Matías Carugati, director ejecutivo de Seido.
Y agregó: “En la medida en que los desequilibrios monetarios no se reduzcan e, incluso, se agraven, por ejemplo si el BCRA tiene que emitir más para financiar el déficit, el escenario de una crisis cambiaria aumenta de probabilidad con el paso del tiempo. Frente a mayores presiones, el Gobierno va a tener que intervenir nuevamente en dólar financiero”, agregó Carugati, en relación a la estrategia para bajar las cotizaciones paralelas que genera una caída en las reservas.
Por otro lado, el pago de intereses por Leliq y pases retroalimenta el fenómeno, ya que implica una nueva expansión monetaria. Así lo señaló Julia Segoviano, economista de LCG: “La deuda del Central supera el 10% del PBI y se vuelve cada vez más difíciles de desarmar. De hecho, hasta mediados de abril, por ejemplo, los intereses pagados por estos pasivos remunerados eran la principal fuente de emisión monetaria”.
Al interior del BCRA saben que el stock de deuda es una fragilidad del sistema monetario argentino pero confían en que el cepo cambiario los ayudará a contener el apetito dolarizador en caso de realizar un desarme. A la vez, apuestan a que la mejora en la actividad económica genere una mayor demanda en el crédito, que pueda ayudar a digerir lentamente esos pesos que hoy sobran en la economía y que están atrapados en Leliq o pases. Las noticias de los próximos meses, con la renegociación de deuda a la cabeza, serán determinantes para revelar si el plan del organismo llega a buen puerto.