Argentina fue el país más rico del mundo en 1895, ¿Por qué terminó en el puesto 62?

ECONOMÍA. Una actualización del Maddison Historical Statistics reveló que en 1895 y 1896 Argentina no era uno de los países más ricos, sino el número uno, con el PBI per cápita más alto del mundo delante de Estados Unidos, Bélgica, Australia, Reino Unido y Nueva Zelanda. Aunque muchos críticos aseguran que los datos estadísticos de aquellos años en Argentina no eran confiables.

El historiador económico Angus Maddison (1926-2010) se dedicó a recolectar los datos para la realización de estadísticas, con importantes investigaciones, sobre todo previas a 1960. Luego de su muerte, la Universidad de Groningen continuó con su legado con el “Proyecto Maddison”.

“En 1914 Argentina era el país del futuro. Su PIB per capita era más alto que el de Alemania, Francia o Italia. Para un hombre joven y ambicioso la elección entre Argentina y California era muy difícil”, apuntaba The Economist en su reciente nota de tapa titulada “La tragedia de Argentina. 100 años de decadencia”.

Luego de la Revolución de Mayo en 1810 y la Independencia en 1816, Argentina no pudo encontrar fácilmente un modelo de prosperidad. Luego de los gobiernos de Juan Manuel de Rosas, y su derrocamiento en la Batalla de Caseros (1852), el país tomó el proyecto de Constitución de Juan Bautista Alberdi (1853/60), de clara orientación liberal. El nuevo marco político y legal fue proinmigración, defendió la libre empresa, mantuvo al Estado apartado del desarrollo productivo y se limitó a ofrecer el marco jurídico apropiado dentro de un Estado de derecho.

Argentina es uno de los países que ha registrado un mayor deterioro económico durante el último siglo. Su tránsito de la riqueza a la pobreza se podría resumir en la sucesión de tres grandes etapas: auge y desarrollo gracias a la globalización , la estabilidad monetaria y la liberalización económica (desde mediados del siglo XIX hasta el primer tercio del siglo XX); el período de entreguerras, desde 1930 hasta 1945, en donde se fue imponiendo paulatinamente la autarquía y el proteccionismo; y el ascenso del peronismo (1946-1955), cuyo legado pervive desde entonces, de una u otra forma, pese a la sucesión de distintos regímenes dictatoriales y democráticos.

Uno de los países más ricos del mundo

Al igual que otros países, Argentina se integró en la economía global durante el siglo XIX gracias a la apertura comercial, la libre circulación de capitales y la estabilidad monetaria que imponía el entonces vigente patrón oro. Argentina prosperó de forma sustancial hasta 1930, atrayendo un gran volumen de inversión extranjera y capital humano (inmigrantes).

Tras su proceso de independencia y un turbulento período de conflictos civiles, la emancipación definitiva de Argentina llegó con la Constitución de 1853, que instauraba como principios básicos la división de poderes, la igualdad ante la ley y un respaldo absoluto a la propiedad privada y el libre comercio. Los distintos gobiernos surgidos de la Carta Magna potenciaron las infraestructuras, alentaron la inmigración y la inversión extranjera y garantizaron el cumplimiento estricto de sus compromisos financieros.

 

Este período, caracterizado por la apertura comercial y la libertad económica, se resume en los siguientes indicadores:

1. La población aumentó desde los 3,3 millones de personas en 1890 hasta los 7,5 en 1913 (crecimiento medio anual del 3,5%). Casi la mitad de este incremento se debió a la inmigración, procedente sobre todo de Europa.

2. El porcentaje de capital extranjero subió desde el 32% en 1900 hasta el 48% en 1913, como resultado de que Argentina presentaba entonces las condiciones económicas e institucionales más favorables de toda América Latina para la inversión foránea.

3. La acumulación de capital aumentó de media un 4,8% anual desde 1890 hasta 1913, permitiendo que la renta per cápita avanzara a un ritmo del 2,5% anual. El desastre de la Primera Guerra Mundial afectó, sin duda, al desarrollo argentino, como resultado del desplome del crédito internacional y el retroceso de la economía mundial, de forma que la acumulación de capital decayó hasta el 2,2% anual y la renta per cápita avanzó un 0,8% entre 1913 y 1929, pero no impidió que Argentina siguiera desarrollándose hasta 1930.

4. Hasta la Primera Guerra Mundial, su renta per cápita era similar a la de EEUU; era uno de los mayores exportadores de cereales y carne, hasta el punto de representar casi el 7% de todo el comercio internacional; Argentina acumulaba el 50% del PIB de toda América Latina en 1913; el sueldo medio en Buenos Aires era hasta un 80% superior al de París, y cuando un inmigrante desembarcaba en Argentina ganaba casi lo mismo que el que se ubicaba en Nueva York.

5. Durante los años 20 se mantuvo como uno de los 10 países más ricos del planeta, con una riqueza comprable e, incluso, superior al de la mayoría de países europeos, similar al de Francia o Alemania, y mayor que Italia o Japón; el salario promedio seguía superando al que percibían los europeos. De hecho, durante los años 30, EEUU, Canadá, Australia y Argentina se mantenían entre los países más ricos del mundo, con un PIB per cápita en torno a los 5.000 dólares.

PIB per cápita en 1913 de EEUU, Argentina, Francia, Alemania, Italia, Japón y Corea

 

El intervencionismo de los 30

Los países más desarrollados por entonces, entre ellos Argentina, presentaban -al igual que ahora- una serie de rasos comunes, entre los que destaca la seguridad jurídica, un marco institucional estable y, sobre todo, la apertura económica, un estado muy pequeño, escasas regulaciones y estabilidad monetaria. Sin embargo, aquella economía abierta, favorable al capitalismo, fue cediendo terreno paulatinamente al intervencionismo estatal, el nacionalismo económico (autarquía) y, finalmente, el peronismo (socialismo) que, de una u otra forma, preside Argentina desde los años 50.

Los años 30 son conocidos como la “década infame”, ya que se sucedieron una serie de golpes de estado que otorgaron el poder a los militares, quienes instauraron un creciente intervencionismo económico, la autarquía (sustituir importaciones por producción nacional) y el proteccionismo comercial.

Además, resurgió de nuevo el mercantilismo, en donde el Estado se apropiaba de forma arbitraria de ciertos recursos privados para redistribuirlos entre determinados grupos de interés, favoreciendo así a las elites más próximas al poder político en detrimento del libre mercado. Ya entonces la explotación de hidrocarburos estaba bajo el control del Gobierno -los recursos del subsuelo pertenecían al Estado-, y el poder político comenzó a intervenir de forma cada vez más activa en sectores clave del país, tales como la producción de carne y cereales.

Es decir, Argentina pasó de tener una economía abierta y un estado pequeño, a una economía cerrada al comercio internacional y fuertemente intervenida. A ello, se sumó el abandono del patrón oro y la adopción de políticas keynesianas, basadas en el estímulo fiscal y monetario (más gasto público y bajos tipos de interés), para tratar de impulsar el crecimiento en medio de la Gran Depresión. Aunque esto no es algo extraordinario de esa época -muchos países optaron por políticas similares-, sí lo es el hecho de que este tipo de prácticas se extendió y agudizó tras la Segunda Guerra Mundial mediante la instauración del peronismo.

 

El peronismo

 

El militar Juan Domingo Perón logró la presidencia en 1946, instaurando el denominado justicialismo (“justicia social”) hasta 1955, junto a su mujer Eva Perón, que aún hoy es un icono en Argentina. Su gobierno no sólo mantuvo las prácticas de los regímenes militares previos sino que, de hecho, incrementó de forma sustancial el intervencionismo estatal en la economía, extendió las prácticas mercantilistas e instauró su particular modelo socialista, inspirado en el fascismo italiano de Mussolini.

Entre otros factores, destacan los siguientes, tal y como expone José Ignacio García Hamilton, profesor de Historia de Derecho en la Universidad de Buenos Aires:

  • Nacionalizó varias industrias, como los servicios de electricidad, gas, teléfono, ferrocarriles, transporte urbano, medios de comunicación, etc.
  • Subsidió a grupos sindicales y empresariales próximos al poder.
  • Disparó el gasto público e incurrió en elevados déficits fiscales.
  • El superávit de la balanza de pagos acumulado durante la Segunda Guerra Mundial (Argentina se mantuvo neutral y vendió productos a ambas bandos) no fue suficiente para financiar las “prácticas populistas de Perón”.
  • Fue entonces cuando recurrió a la monetización masiva de deuda a través del banco central, generando elevada inflación.
  • Subió los impuestos al sector exportador, al capital y, especialmente, al sector rural, y siguió dificultando las importaciones mediante políticas arancelarias.
  • Introdujo rígidos controles sobre la producción y la libre contratación de servicios y trabajadores; fijó precios en el mercado del alquiler y suspendió los embargos inmobiliarios.
  • Creó el Instituto Argentino para la Producción y el Intercambio (IAPI), que eliminó las empresas exportadoras privadas y fijó los precios internos de las cosechas por debajo de los precios internacionales. Luego, el IAPI vendía esos productos en el exterior y retenía la diferencia para aumentar el gasto público.

 

Regresa la dictadura, pero no el libre mercado

Perón fue derrocado por un nuevo golpe militar en 1955, pero ello no impidió que se mantuviesen los rasgos básicos del intervencionismo argentino hasta la década de los 90, incluso después de la reinstauración de la democracia en 1983. La alternancia de gobiernos autoritarios y democráticos en el poder no cambió un ápice el modelo mercantilista y socialista que se fue imponiendo progresivamente desde 1930.

Como resultado, el desarrollo argentino fue mucho más lento y débil que el del resto de países avanzados durante la segunda mitad del siglo XX. En esencia, se mantuvo un gasto público elevado (financiado con deuda o emisión); un sustancial control estatal sobre la economía (nacionalización de industrias); el modelo de sustitución de importaciones y, por tanto, el aislacionismo comercial; la emisión desenfrenada de dinero (alta inflación); y un adoctrinamiento cultural (en escuelas y universidades) centrado en el nacionalismo, que fomentaba el mercantilismo y el odio hacia el extranjero (incluido el capital foráneo). Y todo ello, en medio de una gran inestabilidad política.

Reformas insuficientes, corralito y kirchnerismo

Tras la reinstauración de la democracia (1983), la crisis se agudizó hasta tal punto en la década de los 80 -con hiperinflación de por medio- que el peronista Carlos Menem (1989-1999) intentó revertir la política económica mediante la privatización de empresas estatales (como YPF), cierta apertura comercial al exterior y la fijación del peso argentino al dólar estadounidense para frenar la inflación.

 

Aunque el país logró crecer con fuerza durante los noventa, las reformas fueron tímidas a la hora de revertir el socialismo de décadas previas. Así, por ejemplo:

  • La privatización de empresas públicas se efectuó a dedo, privilegiando a grupos próximos al poder y, en todo caso, limitando hasta el extremo la libre competencia mediante una estricta regulación y fijación de tarifas en la provisión de servicios. Es decir, el monopolio se mantuvo intacto en numerosos sectores.
  • La apertura comercial se limitó a tan sólo a algunos países de América Latina (englobados en el Mercosur), de modo que el aislacionismo nacional fue sustituido por un aislacionismo regional. Es decir, Argentina permaneció cerrada a la globalización.
  • El gasto público siguió aumentando: el gasto en la provisión de servicios públicos fue sustituido por el aumento en “gasto social” (subsidios, subvenciones, prestaciones públicas y ayudas), a modo de clientelismo para comprar votos.
  • De hecho, el peso del Estado sobre la economía siguió creciendo: el déficit público pasó del 0,15% en 1994 al 2,4% en 2000, y la deuda pública del 34% en 1991 al 52% del PIB en 1999. Como resultado, la deuda externa de Argentina -tanto comercial como pública- aumentó de forma sustancial, encareciéndose la financiación para el sector público y privado.

Puesto que la fijación al dólar ataba de pies y manos a su banco central para imprimir dinero y generar inflación (reduciendo así el peso de la deuda externa), Argentina decidió de forma unilateral declararse en default (impago) en 2001, lo cual generó una corrida bancaria y el temido corralito de 2002.

El también justicialista Néstor Kirchner conquistó la Presidencia en 2003, sucediéndole en el cargo su mujer, Cristina Fernández de Kirchner, en 2007. Así pues, el kirchnerismo va camino de su primera década, impulsando una política económica inspirada en la etapa peronista.

El país ocupa hoy una pésima posición en indicadores clave para el desarrollo económico. Así, Argentina se sitúa en el puesto 113 del ranking mundial en cuanto a facilidad para hacer negocios (Doing Business), que elabora cada año el Banco Mundial, de un total de 183 economías, a la altura de países como Etiopía, Egipto o Kenya. Destaca, sobre todo, por situarse a la cosa en indicadores como la apertura de empresas (146), permisos de construcción (169), registro de propiedades (139) o pago de impuestos (144).

Además, en un ranking que mide el respeto a la propiedad privada en 130 países, Argentina se sitúa entre los 10 peores, tan sólo seguida por Costa de Marfil, Nicaragua, Bangladesh, Nigeria, Burundi, Venezuela, Ucrania, Angola y Libia.

Asimismo, el Índice de Calidad Institucional (ICI) sitúa a Argentina en la posición 125 de un total de 194 países, perdiendo 32 puestos desde 2007.

Un 62% de los países obtiene una calificación superior a Argentina en términos de calidad institucional. En las primeras posiciones de América Latina se encuentran Chile, Costa Rica y Uruguay; Argentina, por el contrario, se aproxima a Nicaragua, Paraguay, Bolivia y Ecuador; las últimas posiciones son para Cuba, Haití y Venezuela. Dentro de este índice, registra las perores calificaciones en materia de libertad económica, funcionamiento de los mercados, la estabilidad monetaria y seguridad jurídica.

Hace ahora un siglo, Argentina se encuadraba en el top ten de países más ricos del mundo. Hoy se sitúa en el puesto 59 del mundo, según los últimos datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), a la altura de México, Líbano o Gabón, y muy próximo a Venezuela (puesto 64). Según el Banco Mundial, su renta per cápita, en términos de poder de compra (descontando inflación), apenas superaba los 15.500 dólares en 2010, un 70% menos que EEUU, un 60% inferior a Japón o Alemania y la mitad que Francia o Italia.

 

 

Más allá del PBI per cápita
En cuanto a otras variables de bienestar como salud, educación o distribución del ingreso, hacia 1900 la esperanza de vida era de 38 años en Argentina, cuando en Europa Occidental era de 46, en Estados Unidos de 49 y en Australia de 55. A su vez, los años de escolarización promedio de la población eran 2 en Argentina, contra 6 en Europa y Australia y 7 en Estados Unidos [6]. Si usáramos la medida habitual de desarrollo humano (que combina PBI per cápita con estas dos variables), veríamos que Argentina -si bien era un país ciertamente dinámico y de movilidad social ascendente- lejos estaba de ser el país más desarrollado del mundo.
La distribución del ingreso también es clave. Un país puede ser muy rico y tan desigual que buena parte de la población tiene un estándar de vida bajo. A modo de ejemplo, Qatar es hoy el país de mayor ingreso per cápita del mundo pero está lejos de ser el más desarrollado. En parte, porque se trata de un país cuyo alto PBI per cápita se explica por la renta petrolera, apropiada mayormente por una elite.
Respecto a la distribución del ingreso, la evidencia disponible indica que era bastante más desigual (y creciente) en Argentina que en países como Australia o Estados Unidos. De acuerdo a la World Top Incomes Database, a mediados de los ’30, el 1% de mayores ingresos se apropiaba del 20% de la torta en Argentina, contra un 17% en Estados Unidos y un 11% en Australia. En 1955, después de la redistribución peronista, el 1% de mayores ingresos se apropiaba del 16% de la torta en nuestro país.

 

Rank Economy GNI PPP per capita
(Int$)[1]
Year
1  Qatar 124,410 2018
 Macau (China) 113,800 2018
2  Singapore 94,670 2018
3  Kuwait 84,250 2018
4  Brunei 82,180 2018
5  United Arab Emirates 75,440 2018
6  Luxembourg 72,200 2018
7   Switzerland 68,820 2018
8  Norway 68,310 2018
 Hong Kong (China) 67,810 2018
9  Ireland 67,050 2018
 Bermuda (UK) 66,810 2013
10  United States 63,690 2018
11  Netherlands 56,890 2018
12  Denmark 56,410 2018
13  Saudi Arabia 55,840 2018
14  Austria 55,300 2018
15  Iceland 55,190 2018
16  Germany 54,560 2018
17  Sweden 54,030 2018
18  Belgium 51,740 2018
19  Australia 50,050 2018
20  Finland 48,580 2018
21  Canada 47,590 2018
22  France 46,360 2018
23  United Kingdom 45,350 2018
24  Bahrain 44,700 2018
25  Japan 44,380 2018
 Cayman Islands (UK) 43,550 2017
26  Italy 42,290 2018
27  Oman 41,680 2018
28  South Korea 40,090 2018
29  Israel 39,940 2018
30  Spain 39,800 2018
31  New Zealand 39,410 2018
32  Malta 39,230 2018
33  Czech Republic 37,530 2018
34  Slovenia 37,450 2018
 Aruba (Netherlands) 36,960 2017
 Cyprus 35,170 2017
35  Estonia 34,970 2018
36  Lithuania 34,320 2018
37  Slovakia 33,060 2018
38  Portugal 32,680 2018
39  Trinidad and Tobago 30,980 2018
 Sint Maarten (Netherlands) 30,870 2017
40  Malaysia 30,650 2018
41  Bahamas 30,330 2018
42  Poland 30,010 2018
43  Hungary 29,860 2018
44  Latvia 29,780 2018
45  Greece 29,670 2018
46  Seychelles 29,120 2018
47  Saint Kitts and Nevis 28,530 2018
 Curaçao (Netherlands) 27,820 2017
48  Turkey 27,640 2018
49  Romania 27,520 2018
50  Croatia 27,180 2018
 Puerto Rico (US) 26,610 2018
51  Russia 26,470 2018
52  Mauritius 26,080 2018
53  Antigua and Barbuda 25,490 2018
 Turks and Caicos Islands (UK) 24,580 2018
54  Kazakhstan 24,450 2018
55  Chile 24,190 2018
56  Panama 23,550 2018
57  Bulgaria 22,300 2018
58  Uruguay 21,940 2018
59  Libya 21,340 2018
 Iran 21,050 2017
60  Nauru 20,940 2018
61  Montenegro 20,930 2018
62  Argentina 19,870 2018
63  Palau 19,510 2018
64  Mexico 19,340 2018
65  Belarus 19,240 2018
66  Turkmenistan 18,490 2018
67  Thailand 18,200 2018
68  China 18,170 2018
69  Botswana 18,000 2018
 Venezuela 17,900 2014
 World 17,896 2018
70  Equatorial Guinea 17,460 2018
71  Iraq 17,210 2018
72  Azerbaijan 17,100 2018
73  Dominican Republic 16,950 2018
74  Costa Rica 16,700 2018
74  Gabon 16,700 2018
76  Serbia 16,540 2018
77  Barbados 16,280 2018
78  Brazil 15,850 2018
79  North Macedonia 15,670 2018
 Algeria 14,970 2017
80  Bosnia and Herzegovina 14,580 2018
81  Colombia 14,480 2018
82  Maldives 14,110 2018
83  Grenada 14,100 2018
84  Suriname 13,820 2018
85  Peru 13,710 2018
86  Albania 13,350 2018
87  South Africa 13,250 2018
88  Paraguay 13,220 2018
89  Sri Lanka 13,110 2018
90  Lebanon 13,010 2018
91  Saint Lucia 12,990 2018
92  Indonesia 12,670 2018
93  Mongolia 12,500 2018
94  Saint Vincent and the Grenadines 12,160 2018
95  Egypt 12,100 2018
96  Tunisia 12,070 2018
97  Kosovo 11,540 2018
98  Georgia 11,500 2018
99  Ecuador 11,420 2018
100  Namibia 10,870 2018
101  Philippines 10,740 2018
102  Eswatini 10,640 2018
103  Armenia 10,480 2018
104  Dominica 10,270 2018
105  Fiji 10,140 2018
106  Bhutan 9,700 2018
107  Jordan 9,430 2018
108  Ukraine 9,020 2018
109  Jamaica 8,900 2018
110  Uzbekistan 8,810 2018
111  Guyana 8,420 2018
112  Morocco 8,410 2018
113  Guatemala 8,310 2018
114  El Salvador 7,860 2018
115  Belize 7,810 2018
116  India 7,680 2018
117  Bolivia 7,670 2018
118  Moldova 7,620 2018
119  Cape Verde 7,280 2018
120  Laos 7,090 2018
121  East Timor 7,010 2018
122  Vietnam 6,930 2018
123  Tonga 6,520 2018
124  Myanmar 6,500 2018
125  Samoa 6,260 2018
126  Angola 6,170 2018
127  Tuvalu 6,100 2018
128  Palestine 6,000 2018
129  Pakistan 5,860 2018
130  Nigeria 5,710 2018
131  Nicaragua 5,400 2018
132  Marshall Islands 5,090 2018
133  Republic of the Congo 5,060 2018
134  Honduras 4,790 2018
135  Ghana 4,650 2018
136  Bangladesh 4,570 2018
137  Sudan 4,420 2018
138  Kiribati 4,410 2018
139  Papua New Guinea 4,220 2018
140  Mauritania 4,120 2018
141  Zambia 4,100 2018
142  Cambodia 4,070 2018
143  Tajikistan 4,050 2018
144  Ivory Coast 4,020 2018
 Yemen 3,800 2014
145  Kyrgyzstan 3,780 2018
146  Cameroon 3,700 2018
147  Lesotho 3,680 2018
148  Senegal 3,670 2018
149  Micronesia 3,640 2018
150  São Tomé and Príncipe 3,440 2018
150  Kenya 3,440 2018
152  Vanuatu 3,250 2018
153  Tanzania 3,160 2018
154    Nepal 3,110 2018
155  Zimbabwe 3,020 2018
156  Comoros 2,930 2018
157  Gambia 2,570 2018
158  Guinea 2,460 2018
159  Benin 2,410 2018
160  Solomon Islands 2,320 2018
161  Mali 2,260 2018
162  Rwanda 2,200 2018
 Eritrea 2,080 2011
163  Ethiopia 2,010 2018
164  Afghanistan 1,970 2018
164  Uganda 1,970 2018
164  Burkina Faso 1,970 2018
167  Chad 1,930 2018
168  Haiti 1,880 2018
169  Madagascar 1,840 2018
170  Guinea-Bissau 1,800 2018
171  Togo 1,780 2018
 South Sudan 1,720 2014
172  Sierra Leone 1,490 2018
173  Mozambique 1,430 2018
174  Malawi 1,310 2018
175  Liberia 1,130 2018
176  Niger 1,040 2018
177  Central African Republic 920 2018
178  Democratic Republic of the Congo 900 2018
179  Burundi 750 2018

 

Fuente: libremercado.com / BBC / Cenital /  World Bank, International Comparison Program database