El debut de Alberto F. será con un plan para los jóvenes que no trabajan ni estudian

NACIONALES. Busca cambiar el plan social por pasantías y capacitación en las empresas. El Estado pagará los sueldos durante el primer año. Se calcula que hay 1,2 millones de jóvenes entre 18 y 25 años en esa situación.

Una de las grandes promesas de campaña de Andrés Manuel López Obrador, que asumió la presidencia de México el 1 de diciembre del año pasado, fue capacitar y emplear a miles de jóvenes marginados del sistema. Los llaman, como en Argentina, los Ni-Ni: son los que no estudian ni trabajan. El jefe de Estado puso en marcha el plan muy rápido, a los 40 días de asumir. Publicó en el Diario Oficial que su administración iba a otorgar una beca mensual de 3.600 pesos mexicanos (183 dólares) a los seleccionados, durante 12 meses, mientras recibían capacitación en empresas suscritas a la iniciativa. Se inscribieron hasta el momento un millón de personas de entre 18 y 29 años, pero la cifra crece mes a mes: el Gobierno aspira a llegar a 2.300.00 beneficiados. En la Argentina hay 1,2 millones de jóvenes entre 18 y 25 años que no estudian ni trabajan.

Alberto Fernández quiere copiar el modelo de López Obrador. Lo charlaron en detalle durante la reunión y el almuerzo que compartieron el lunes en el Palacio Nacional de más de tres horas y media. “Hay que privilegiar a los sectores que están peor”, dicen por estas horas en la comitiva argentina. La integran, entre otros, posibles ministros: Felipe Solá, Cecilia Todesca y Matías Kulfas, quien este martes regresó a Buenos Aires.

No son muchos pero están conectados a toda hora con quienes trabajan en Argentina hoy que también podrían ser ministros. En el equipo que saltará de la oposición al oficialismo en un mes crece la preocupación por la herencia. Se entiende: una cosa son las promesas de campaña y otra el país real, el que tendrán que administrar todos los días.

Reniegan, por ejemplo, de la carta de Marcos Peña, donde expone lo que él considera el legado macrista “sin magia, sin mentiras, sin ficción”. Un integrante del staff ironizó: ¿Qué quieren? ¿Que los aplaudan por lo que dejan?”. Si Fernández no es tan duro con Mauricio Macri -o es menos duro de lo que le gustaría- es porque dice priorizar el buen diálogo que han trabado como parte de la transición. Hay medidas del Presidente que se mantendrán. La más rutilante, el cepo cambiario.

El presidente electo busca impulsar un acuerdo con empresarios, no solo con los grandes, sino también con Pymes y pequeños emprendedores. El esquema que está en estudio prevé que los empleadores tomen a los jóvenes como si fueran pasantes y los capaciten en grandes y pequeños oficios para que luego puedan desempeñarse en una gran empresa o en un taller mecánico o una panadería. El Estado se haría cargo del sueldo durante el primer año.

¿Y el aumento del gasto público? Es una pregunta que un sector del propio equipo albertista ya ha planteado. Fernández les ha dicho que la variable de ajuste no pueden ser los sectores más vulnerables y que quiere un gobierno austero que revise, en todo caso, ciertos privilegios. Un fuerte rumor que se instaló en el hotel donde se aloja la comitiva es que podrían revisar las jubilaciones de privilegios y las pensiones que cobran los ex presidentes. “¿Por qué no?”, preguntaron cerca de Fernández.

La proclamación de una administración austera a veces parece contradictoria con los intereses que auspician otros economistas y dirigentes sociales consultados por el elegido de Cristina Kirchner. “Hay que poner plata en el bolsillo de la gente”, le dijo Roberto Lavagna en la reunión que mantuvieron en su casa de Saavedra, días atrás. El reciente candidato presidencial, que podría convertirse en un asesor en las sombras a partir del 10 de diciembre, es partidario de no mirar tanto el gasto. Sin consumo no hay salida, piensa.

Consumo, inversiones y reactivación son las palabras mágicas que Fernández llevó al encuentro con el magnate Carlos Slim y más tarde a la cena que mantuvo con otros nueve empresarios mexicanos top que tienen negocios en Buenos Aires. En ambos encuentros hizo un diagnóstico crudo sobre el estado de la economía actual y les propuso generar condiciones de competencias, sin que eso -les dijo- implique ninguna persecución.

Les habló, por ejemplo, del mercado concentrado que hay en algunas industrias. Pan, leche y cerveza, fueron algunos de los nombres que dio. Uno de los ejecutivos se defendió: “No es mi culpa”, respondió. El mandatario electo le bajó la tensión, pero reiteró que deben estar preparados para nuevos inversores.

FUENTE Y FOTOGRAFÍA: Clarín.