El Senado aprobó la reforma jubilatoria de Bolsonaro que aspira ahorrar USD 200.000 millones en 10 años

SAO PAULO. Ajenos a las convulsiones de América Latina, los mercados financieros de Brasil festejaron con la Bolsa de San Pablo en nivel récord y una baja del dólar ante el real lo que pocas horas después refrendó el Senado: la aprobación, por abrumadora mayoría, de la ambiciosa reforma jubilatoria propuesta por el gobierno del presidente Jair Bolsonaro​.

Los cambios en el sistema previsional, realizados a través de una enmienda constitucional que exigió dos rondas de votaciones con mayoría calificada en cada cámara del Congreso, establecen una edad mínima para jubilarse, de 65 años para los hombres y 62 años para las mujeres. También cambia la fórmula de cálculo del haber, que exigirá más años de aportes para recibir una jubilación más alta y recortará beneficios futuros.

Eufórico, el ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, agradeció la aprobación de la reforma en pleno recinto del Senado, junto al presidente del cuerpo, David Alcolumbre, y otros senadores influyentes, como Flavio Bolsonaro, el 01, hijo mayor del presidente, y el socialdemócrata Tasso Jereissatti.

“Felicitaciones pueblo brasileño. Esta victoria abre el camino para que nuestro país despegue definitivamente”, dijo el presidente brasileño desde Japón, primer punto de una gira que lo llevará hasta fin de mes por cinco países asiáticos.

“El Parlamento muestra madurez política. Hay compromiso del Congreso Nacional con la agenda del país y por eso entrega la mayor reforma del sistema de jubilaciones en la historia de este país”, dijo Alcolumbre al anunciar la aprobación en general de los cambios en el régimen jubilatorio por 60 votos a favor ante 19 en contra.

Los cambios en el sistema, que afectan a más de 70 millones de trabajadores de los sectores públicos y privados, permitirán un ahorro fiscal de unos 200.000 millones de dólares en 10 años, algo que, según el Ministerio de Economía de Brasil, despejará el horizonte fiscal del país por al menos una década.

Esos datos, junto a la perspectiva de la pronta presentación de proyectos de reformas para garantizar la autonomía del Banco Central, cambiar el intrincado sistema tributario y reformar el régimen de contrataciones y salarial de funcionarios públicos, animaron al mercado financiero.

La aprobación representa una gran victoria para Bolsonaro, quien a inicios de su mandato declaró a la reforma previsional como prioridad.

Los cuatro últimos mandatarios que lo antecedieron, el socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso, los izquierdistas Luiz Inácio Lula da Silva Dilma Rousseff y el conservador Michel Temer, fracasaron al intentar aprobar cambios profundos para recortar el déficit de un sistema previsional sin edad mínima de jubilación y con un rojo de unos 80.000 millones de dólares anuales.

Lula fue el único que, en el 2003, al inicio de su primer mandato, logró introducir modificaciones que, aunque modestas, le dieron crédito ante los mercados, que desconfiaban de su capacidad de administrar la economía.

“La reforma no es una panacea. Es un marco para dar seguridad a quienes quieran invertir en nuestro país. Después de la promulgación vamos a decir vengan, inviertan, Brasil tiene todo para tener éxito y enfrenta con coraje sus problemas”, dijo el jefe del bloque oficialista en el Senado, Mayor Olimpio.

La nueva seguridad social de Brasil fija un tiempo mínimo de aportes para acceder a la jubilación de 20 años para hombres y 15 para las mujeres que trabajen en el sector privado, mientras que para los empleados públicos será de 25 años.

Con la nueva edad mínima y la imposición de una transición de hasta 14 años para los trabajadores en actividad, el nuevo régimen elimina la posibilidad de jubilarse apenas con un determinado tiempo de aportes, situación que permite que en Brasil exista una gran cantidad de jubilados con menos de 60 años recibiendo el equivalente a entre 5.000 y 10.000 dólares mensuales.

Uno de los cambios más relevantes es el del cálculo del beneficio jubilatorio, que pasará a tener como base todos los aportes realizados, incluso el de los salarios menores, reemplazando la actual medición hecha a partir de un promedio que descarta el 20% de los salarios más bajos. Ese cálculo recortará jubilaciones futuras.

La llamada integralidad también sufrirá cambios: con la reforma, una jubilación será equivalente al 60% del último salario recibido por un trabajador con 20 años de aportes. El beneficio aumentará 2 puntos porcentuales por año aportado. Para recibir jubilaciones iguales al último salario un trabajador necesitará 40 años de aportes.

“Ahora necesitamos la reforma administrativa (que afectará a los empleados públicos) y la tributaria, para poner el río en su cauce y recuperar la economía”, dijo al anunciar su voto el senador Telmario Mota, recogiendo la generalizada expectativa de que la trabajosa aprobación de la reforma previsional es el inicio de otros cambios de fondo en la mayor economía de América Latina.

Representantes de partidos de izquierda, que se opusieron a la reforma, dijeron al fundamentar su voto que el gobierno de Bolsonaro busca imitar el modelo económico de Chile, advirtiendo que los cambios en el régimen previsional alimentarán la insatisfacción popular. La reforma brasileña, sin embargo, excluyó la posibilidad de crear un régimen de capitalización como el que existe en Chile.

En tanto, el senador Randolfe Rodrigues, del ambientalista partido Red Sostenibilidad, dijo que el texto aprobado propiciará un mayor aumento de la desigualdad social en Brasil, una de las 15 naciones del mundo con peor distribución de los ingresos. (Clarín)