Fernández propone el “modelo” Portugal para salir de la crisis; país que debió ajustar y recibió u$s88.000 millones en préstamo

LISBOA. El candidato presidencial del Frente de Todos, Alberto Fernández, llegó este viernes a Lisboa en una visita exprés para reunirse con el primer ministro de Portugal, Antonio Costa, con quien busca entablar un vínculo político de cara a un eventual triunfo de su postulación en las elecciones del 27 de octubre.

Fernández fue recibido por Costa en el Palacio de Sao Bento, su residencia oficial en Lisboa, sobre las 11.30 (las 7.30 hora argentina), dijeron a la agencia oficial Télam fuentes del entorno del candidato.

Costa, líder del Partido Socialista de Portugal, gobierna desde finales de 2015 con el apoyo de comunistas, verdes y el Bloco de Esquerda, cercano a los españoles de Podemos, y es considerado un modelo a seguir por el resto de líderes socialdemócratas europeos. Consiguió un acuerdo que parecía imposible al lograr una convergencia a la izquierda dominada por la centroizquierda, lo que provocó un vuelco a la tendencia de declive de los socialistas.

Según revelaron fuentes ÁmbitoFernández y Costa dialogaron sobre la “experiencia” del país europeo y la actual “situación” de la Argentina“El gobierno portugués es un ejemplo a seguir por otros partidos socialdemócratas europeos con los que queremos estrechar lazos”, sostuvieron quienes acompañan a Alberto.

 

Otros especialistas, como Aldo Abram, duda del “mito” Portugal.

En 2011, luego de haberse desbordado con el gasto público y acumulando una enorme deuda estatal, Portugal entró en crisis. El mito es que se hizo sin “ajuste” y sin el FMI; lo cual no es cierto. El Fondo fue parte de la, así llamada, “Troika” (incluidos el Banco Central Europeo y la Comisión Europea) con la que llegaron a un acuerdo para obtener financiamiento por €78.000 millones (alrededor de u$s88.000 millones).

Por ejemplo, desde 2018, en Argentina tenemos una fuga de ahorro de locales y extranjeros que no quieren seguir financiando un disparatado gasto público; lo cual ha provocado una contracción de la demanda interna y del nivel de actividad. A fines de ese año, con la sanción del Presupuesto 2019, la dirigencia política decidió que el ajuste lo haga mayormente el sector privado productivo, que es el que genera la riqueza para pagar los gastos propios y los del Estado, y no el sector público que fue el que se excedió en sus erogaciones. Un absurdo de que es la razón de la enorme pérdida de bienestar y empleo.

En Portugal, el Gobierno de Cavaco Silva bajó los sueldos de los empleados públicos en hasta 23%, congelándolos después, y en hasta 15% los del sector privado. La nómina de trabajadores estatales se redujo cerca de un 20%. Aumentaron las horas de trabajo, en 5 horas a 40, y, también, la edad de jubilación. Además, subieron impuestos como el IVA, pasó de 21% a 23%, aunque luego redujeron drásticamente “Ganancias” para los que invirtieran en el país. Aumentaron las tarifas de servicios públicos y comenzaron un proceso de privatizaciones. Así, redujeron el gasto público respecto del PBI desde 51,8% en 2010 a 44,8% en 2016. El déficit fiscal bajó de 11,2% del PBI en 2010 a 2% en 2016, por debajo de la meta acordada; y, en 2018, a 0,5%. En tanto, la deuda pública pasó desde un 96% del PBI en 2010 a un máximo en 2014 de 130% para bajar a 121% en 2018.

Además, en 2013 se hizo una gran reforma laboral para facilitar la contratación de empleados por parte del sector privado, lo que logró bajar la elevada tasa de desocupación. Pasó de 17,4% en enero de 2013 a 10,1% a fines de 2016 y a 6,6% a fin de 2018. Se redujeron las indemnizaciones por despido de 30 a 20 días por cada año de trabajo, facilitando éstos en casos de “falta de adaptación” del empleado o “extinción del puesto de trabajo”, se eliminó el mínimo de 3 meses por despido, se redujo la cantidad remunerada por las horas extras y se implementaron 150 horas extras a disposición del empleador sin remunerar para que las pueda utilizar en cualquier época del año, se escindió el subsidio por desempleo y se suprimieron los tres días de vacaciones que les daban a los empleados de recompensa por no haber faltado nunca. El resultado fue que tras tres años de caída del PBI de cerca de un 7%, la economía empezó a reactivarse en 2013 y terminó incrementándose casi un 10% hasta 2018.