Otras 16 horas sin electricidad: ¿Qué pensarían los fundadores sobre la Oberá que cumple 90 años?

OBERA Pasadas las 22 de este sábado, nuevamente un corte total en la línea 132kv que suministra electricidad a Oberá y la Zona Centro dejó a la población sin energía hasta las 13.30 totalizando nuevamente 15 horas sin luz tal como ocurrió cuatro días antes, otras tantas ocasiones y continuará ocurriendo porque nada se hace al respecto.

La nueva interrupción del viejo y no mantenido sistema eléctrico ocurrió en momentos donde se llevan adelante en el centro cívico festejos por los 90 años de la segunda ciudad de la provincia, tal como en aquel 9 de Julio de 1928 cuando aún no había energía eléctrica en lo que era una colonia y este servicio comenzaría 9 años después.

Lo que puede tomarse con sorna como alegórico (un recordatorio a oscuras), es una patética muestra de cómo están los servicios básicos e indispensables en la ciudad a 9 décadas de su fundación, producto de la corrupción, el saqueo de gobernantes renovadores votados, una y otra vez, por una sociedad indiferente, con valores distorsionados que “devuelve” favores en las urnas. Incluso el gobernador es originario de la ciudad que cumple un nuevo aniversario.

Cabe entonces la interrogante: ¿Qué pensarían los fundadores que se rompieron el lomo forjando una comunidad en medio de la inhóspita selva, sobre la Oberá que casi un siglo después no tiene siquiera luz eléctrica estable?.

Pero no es esta la única deficiencia estructural que padecen los obereños. El suministro de agua potable es insuficiente y depende de bombas alimentadas por el mismo suministro eléctrico, por lo que tras cada corte prolongado, luego vienen uno, dos o tres días sin suministro particularmente a los barrios altos, cosa que se agudiza en los días calurosos. Además el 70 % de las calles (5 mil cuadras) son terradas e intransitables, el transporte público es deficiente, faltan ambulancias en el hospital, etc, etc, etc.

 

 

Un siglo 

 

A partir del arribo de los primeros colonos de origen nórdico a Yerbal Viejo, la zona comenzó a poblarse a un ritmo acelerado con la llegada de nuevos inmigrantes, en su mayoría provenientes del Brasil, escala previa para miles de los europeos que se instalaron en Misiones a comienzos del siglo XX.

El poblamiento de Oberá se produce al extenderse el frente agrícola desde Bonpland, población a la que confluían colonos europeos (suecos, finlandeses, rusos, alemanes y otros) muchos de los cuales provenían desde Brasil e ingresaban por picada San Javier, con frecuencia de manera ilegal”. Este crecimiento poblacional se incrementará en los años iniciales de la década de 1920, lo que implicaba el problema de gestar las instancias estatales para la administración local de la colonia.

La primera institución fue la escuela N° 84, creada en 1918. A ella le siguieron otras, siendo una de las más importantes la conformación de la primera Comisión Vecinal, creada en 1926. Con esto, Yerbal Viejo daba un paso fundamental rumbo a su conformación definitiva como ciudad. Todo ello, acompañado por el impulso del gobernador del Territorio Nacional, Héctor Barreyro, quién, además, había comprado tierras en cercanías del conglomerado de inmigrantes instalado en Yerbal Viejo.

El 7 de diciembre de 1927, el gobernador decretó la creación del pueblo de Oberá en un sitio ubicado a unos 4/5 kilómetros de distancia de Yerbal Viejo, que ya era una colonia con cierta densidad de población y con varias instituciones instaladas, como la escuela, un destacamento policial, correo y algunas asociaciones de vecinos. Esta especie de mudanza del pueblo es probable que se haya debido a los intereses creados en torno a la posesión de las tierras y a los lotes establecidos para la construcción definitiva del pueblo. En su libro sobre la inmigración sueca, Lloyd Wickstrom revela varios casos de colonos que fueron obligados a vender a bajo precio sus tierras a manos de funcionarios o criollos.

Lo cierto es que finalmente el 9 de julio de 1928 se produjo la fundación oficial de la ciudad de Oberá. Según el relato de Aldo Rubén Gil Navarro la “ceremonia fue realizada bajo los árboles centenarios que cubrían lo que hoy es la Plaza San Martín, descubriéndose una placa “Oberá-1928”. Un  millar de pobladores asistieron al acto que estuvo presidido por el representante del gobernador Barreyro, Atilio Fernández de la Puente (funcionario de la Dirección de Tierras), quien, juntamente con su esposa, Haydée Camaño de de la Puente fueron padrinos de la ceremonia en el orden oficial y Diamantina  Zarratea de Lindström y Adolfo Lindström, lo fueron en representación del primer grupo de colonos”. Además, en las fotos de época se puede observar la presencia de un grupo de guaraníes, que habitaban la región desde tiempos ancestrales.

 

LA LUZ ELECTRICA EN LA COLONIA

 

Allá por mediados de los años `30, la familia Ross se reunía como todas las otras, para recibir el nuevo año en una de las chacras de la Capital del Monte, más precisamente frente al actual “Oberá Park”, sobre avenida Picada Vieja. Pero había una novedad en la colonia, aquella familia de suecos lo recibía con luz incandescente.

 

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Don Eduardo (Edwino) Ross fue un hombre de increíble ingenio. Nacido en 1902, en una localidad del Brasil, muchos de sus conocimientos los trajo al Yerbal Viejo de una escuela aerotécnica en Río Grande do Sul, pero otras fueron ideas llegadas desde el otro lado del océano.

Sobre la hoy Av. Picada Vieja (camino que unía con Campo Viera, que ayudó a abrir y mantener desde los años `30); desde la zona baja frente al Oberá Park hasta la denominada Picada Escandinava (frente al chacra de Erik Barney) a 2 km de la avenida de las Américas; se asentó en el año 1924, en un espacio de 19 hectáreas, luego de abandonar el vecino país donde habían quedado padres y hermanos.

En la colonia Yerbal Viejo se casó, en 1926, con Clara Ingeborg Abrahamsson, también hija suecos de aquella inmigración de 1891, que se asentaron en Brasil, luego en Bompland, y finalmente en lo que hoy es Oberá, donde nacieron sus cinco hijos: Walter, Edit, Irma, Emilio y Erlando, los tres últimos ya fallecidos.

Eduardo Ross no tuvo la suerte de que algún cauce de agua atravesara su chacra, a diferencia de sus vecinos, pero esto no lo desmotivó. Había una pequeña vertiente casi en el límite de la chacra y la hoy avenida Picada Vieja. La canalizó con tablones a lo largo de decena de metros y con pala y carretilla cavó y movió cientos de metros de tierra para crear un lago artificial, un enorme tajamar. Cuesta imaginar el tiempo y el trabajo duro durante semanas para lograr lo que una máquina hoy hace en un día o dos, pero así fueron aquellos hombres y mujeres que fundaron esta comunidad.

La vertiente alimentaba el tajamar, y este cumplía una función ingeniosa. Don Ross construyó con madera una enorme rueda, es decir un molino donde a su vez le agregó engranajes reductores conectados a un dínamo. Cuando el agua del tajamar se canalizaba hacia la “rueda”, esta giraba y el dínamo alimentaba dos baterías.
Mientras dos baterías eran cargadas con electricidad por el sistema hidroeléctrico, Don Ross utilizaba las otras dos baterías en la casa de la familia. Una alimentaba tres focos, uno en la sala, otro en el dormitorio donde podía leer por las noches, y el tercero en la cocina – comedor. La otra batería tenía un fin diferente. La radio.

En 1939 Don Ross viajó a Buenos Aires en busca de lo que sería la primera receptora de radio de Oberá. Una enorme y pesada caja de madera repleta de válvulas marca Philips. Fue la única receptora de onda corta durante varios años. Los inmigrantes alemanes se reunían todos los mediodías para escuchar que acontecía en su Alemania que estaba en plena Segunda Guerra Mundial. Las reuniones entorno a la radio terminaron cuando un alemán exaltado por caída Hitler en Rusia, quiso romper el aparato. Suerte fue que uno de sus compatriotas lo detuvo a tiempo.

La rueda generó electricidad durante décadas, aunque lamentablemente no existen fotos de la misma, sabemos que cuando la Picada Vieja fue ensanchada, parte de las canaletas construidas en la década del 30 desaparecieron ante las palas de la motoniveladora municipal, y esto secó el tajamar. Las pocas fotos del lago que vemos pertenecen a principios de los70. Edit Ross, una de sus hijas (ya fallecida) relató años atrás que cuando el tajamar se secó, su padre le vendió el molino a su vecino Erik Barney (padre del ingeniero), que poseía un arroyo en su chacra.
El molino de agua no solo produjo electricidad para los focos de la casa familiar y la radio, también Don Ross había fabricado un “monyolo”, nombre de origen portugués que se le daba a una suerte de martillo con punta (en cuña) que molía granos o lo que se le pusiese allí.

 

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El año exacto en que Don Eduardo Ross hizo funcionar el molino para generar energía eléctrica no lo sabemos, pues Edit ya no lo recuerda bien pero fue a mediados de los `30. Tampoco es una historia que aparece en los libros de Gualdoni Vigo o de Gil Navarro, pero si en unas memorias denominadas “Eduardo Ross, historia de un pionero” que fuera escrito por el fallecido historiador obereño Lloyd Wicktröm y facilitadas a Alvaro Jacquemín en 1980.

Los años pasaron, Don Ross falleció y la chacra fue vendida. El nuevo comprador con palas mecánicas emparejó el terreno y el tajamar desapareció.

 

La empresa de Joerg y Joerg

 

El técnico Juan Joerg y Andrés Joerg, que en 1937 había experimentado con un generador de 35 hp y un motor de avión, instalaron la primera usina eléctrica de Oberá, con conexiones domiciliarias y algunos focos en las calles. Fue el 27 de febrero de ese año que solicitan a la Comisión de Fomento Municipal, la autorizaron para instalar una Usina de corriente alterna, trifásica para suministrar luz y fuerza motriz a Oberá.
Debido a la gran demanda de la población, un grupo de vecinos decide constituir uno sociedad cooperativa.

Luego, en 1941 se fundó paralelamente la Cooperativa de Luz generando una competencia entre ambas empresas hasta que finalmente en 1962 se convierte en la Cooperativa Electrica Limitada de Oberá y absorbe el local y los motores de Joerg por lo que se monopoliza el servicio creciendo a gran ritmo hasta la actualidad.