En la Argentina suele subestimarse el tamaño político que tiene Luiz Inácio Lula da Silva. Este martes cumplirá 81 años. Nació en Pernambuco y fue el séptimo hijo de una pareja de gente de campo que era analfabeta. El padre lo abandonó. Lustró zapatos para comer, no pudo estudiar y se convirtió en un tornero mecánico. Fue un líder sindical que enfrentó a la dictadura militar. Antes de ser electo presidente en 2002 por primera vez, perdió tres elecciones. En sus dos primeros gobiernos millones de brasileños salieron de la pobreza. Así fue. Se enfrentó a dos tipos de cáncer: uno en la laringe y otro de piel. En el gobierno de Bolsonaro padre estuvo más de un año y medio preso. ¿Adónde vamos con esta descripción? A que se precisa más que un par de Bolsonaros para asustarlo y más que una ola de derecha para ganarle.
El Partido de los Trabajadores-PT-, el partido que fundó, es la mayor fuerza progre de América Latina. Lula movilizó esa estructura y, en la semana previa al balotaje, aumentó de 600 a 691 reales lo que el estado paga por el “Bolsa Familia”, el mayor programa social de Brasil que llega a 50 millones de personas. El liberalismo regional deberá comprender que, por acá, a la gente le gustan los regalos.
Así, con un par de medidas, consiguió que ese pueblo al que tan bien conoce fuera a votar. Y hay que agregar que en el debate del último viernes a Bolsonaro (h) le tiró medio siglo de experiencia política encima y lo paseó.
En el balotaje fueron a votar 3 millones de personas más que en la primera vuelta (128 millones a 125) y a él lo votaron 10 millones de electores más. Entre la inasistencia, los votos nulos y los de las otras diez fuerzas políticas de la primera vuelta había unos 50 millones de votos para que Lula y Bolsonaro pescaran. Lula pesca hace años.
Lula ganó por 3 puntos y medio y 4 millones y medio de votos. Bolsonaro ganó el Congreso. Y hay un Brasil que tiene su propia “grieta”. Lula deberá arreglársela para gobernar en el sentido contrario al que va la región: en Colombia, Argentina, Perú, Chile, Bolivia, Ecuador y Honduras ganó la derecha.
¿Cómo impactará la victoria de Lula en la política argentina y en los mercados argentinos? Brasil es nuestro principal socio comercial y, pelea con Milei mediante, ahora la Argentina ni siquiera tiene embajador en Brasil.
El factor personal, quién es Lula, explica mejor la remontada que el factor ideológico, como millones votando a la izquierda. Y también a quién tuvo enfrente: Bolsonaro padre no hizo un buen gobierno y no reconoció su derrota (”la gran Trump”), un mal ejemplo que, al cierre de este editorial, tomó su hijo. ¿Cómo hará la derecha para demostrar que respeta una de las reglas básicas de la democracia, como ganar y perder comicios? Lula sacó buen partido de eso al decir que “ganó la democracia”. Así es difícil refutarlo.
El médico argentino López Rosetti dice que “Lo que no se mueve, se oxida”.
Lula sabe moverse y se mueve.
Por eso no se oxida.
Walter Anestiades
