Hay tres grandes matrices ideológicas que configuraron la política, la economía y la estructura social del mundo que conocemos: el nacionalismo, el liberalismo y el socialismo. A grandes rasgos el liberalismo es opuesto al nacionalismo porque prioriza el libre mercado global y alienta la idea de ser “ciudadanos del mundo”, al contrario del colectivismo y de las fronteras que defiende el nacionalismo.
Milei nunca tuvo drama en proclamarse admirador de Margaret Thatcher, una liberal como él. Incluso no hace tanto que su ministra de seguridad, Alejandra Monteoliva, avaló que la FIFA les prohíba a los hinchas argentinos ingresar con banderas, remeras o carteles alusivos a las Malvinas en la semifinal del mundial contra Inglaterra.
Pero “yo soy yo y mis circunstancias”, dijo el filósofo español José Ortega y Gasset. Las circunstancias actuales le impiden al Milei presidente, que busca la reelección, hablar mucho de esa economía cotidiana que dejó a los ajustados (la clase media y los jubilados) en la lona.
Hablar de Malvinas les sirve a dos presidentes. Al de EE.UU, Donald Trump, le sirve en su lucha geopolítica contra China porque necesita meterse en ese sur tan rico en minerales, agua y petróleo, y también le sirve porque puede ejercer una suerte de “chantaje diplomático” sobre un Reino Unido que no quiso meterse en la guerra en Medio Oriente. Y al presidente argentino, Javier Milei, le sirve para hablar de una causa que excede la grieta que atrapa a casi todos los otros temas.
El presidente Milei necesita recuperar capital simbólico. Reputación.
El actor y director Orson Welles dijo que “A veces hay que tomarse vacaciones de uno mismo”.
Es lo que está haciendo Milei porque la marcha de la economía lo obliga.
Se está tomando vacaciones de sí mismo.
Walter Anestiades
