En la noche del viernes 29 de julio de 1966, hace sesenta años, la Policía Federal irrumpió en cinco facultades de la Universidad de Buenos Aires y desalojó violentamente a las autoridades, a los docentes y a los alumnos que resistían la decisión de la dictadura que encabezaba el general Juan Carlos Onganía de intervenir las universidades y anular el régimen de cogobierno. Esa noche pasó a nuestra historia, a nuestra historia “negra”, como la “Noche de los Bastones Largos”…
La Reforma Universitaria de 1918, generada en la Universidad de Córdoba y extendida al resto del sistema universitario, generó un movimiento que impulsó varios adelantos de los que disfrutamos generaciones enteras de argentinos:
-que se concursaran los cargos de profesor, que hasta ahí eran vitalicios
-la separación de Iglesia y la universidad
-la participación estudiantil en el gobierno universitario.
La idea era facilitar el acceso de los sectores medios a la educación universitaria.
En 1949 el peronismo en el poder estableció la gratuidad de los estudios universitarios, suprimiendo los aranceles. Una década después la matrícula universitaria se había triplicado. En 1955, la Revolución Libertadora derrocó al gobierno constitucional peronista.
En esos años, con el peronismo proscripto, la UBA creó la editorial EUDEBA con libros a precios populares, se creó la Ciudad Universitaria, se incorporó la computadora llamada “Clementina” (la primera que hubo en América Latina) y se generó una universidad donde la investigación fue parte esencial de la actividad de los docentes con dedicación exclusiva.
El martes 28 de junio de 1966, la llamada Revolución Argentina, encabezada por el general Onganía, derrocó al presidente radical Arturo Illía. Un mes después, el 29 de julio, Onganía intervino las universidades.
El Consejo Directivo de la Facultad de Exactas decidió no aceptar la intervención. Entonces los policías irrumpieron en la sede y el decano, Rolando García, le dijo al oficial a cargo que él era la autoridad. Como respuesta recibió un golpe con un bastón que le rompió un dedo cuando intentó proteger su cabeza. La policía hizo salir a todos dándoles palazos en la cabeza. Usaron machetes largos, los bastones. La mayoría de los docentes renunció y otros emigraron. Onganía era todo un macartista: veía comunistas atrás de los árboles. Incluso dijo que la matemática era subversiva. Los echados y exiliados, en su mayoría, fueron contratados por universidades de todas partes del globo.
Se fueron tipos como el historiador Tulio Halperín Donghi, Manuel Sadosky (pionero de la computación en la Argentina) la física atómica Mariana Weissman y Risieri Frondizi (filósofo, exrector de la UBA y hermano del expresidente Arturo Frondizi). Al epistemólogo Gregorio Klimovsky lo echaron y lo persiguieron.
Ese proceso de expulsión de tipos intelectualmente brillantes se conoce como la “fuga de cerebros”.
El periodista Sergio Morero, de la revista Primera Plana, tituló del modo en que el hecho pasó a la historia. Hoy se cumplen seis décadas. “La Noche de los Bastones Largos”.
-Walter Anestiades
-foto: Secretaría de Cultura (Presidencia de la Nación)
